Destaca el musculoso apoyo que tanto el Departamento como el Distrito le dan al tema cultural, como el principal elemento para mantener a la gente tranquila en casa, disfrutando de conciertos virtuales, y con os programas de estímulos.
Por Rafael Sarmiento Coley
Rafael Gavilan Caña, mejor conocido como Pachalo, aterrizó en Barranquilla hace ya varios años por invitación especial que le hizo un joven empresario, dirigente político y aspirante a la Gobernación del Atlántico, quien, además, es un cantante salsero frustrado. No propiamente desilusionado. Todo lo contrario. Cada día mejora su voz y tiene nuevos proyectos musicales que montan y tienen en remojo con toda una familia cubana musical que ha encontrado en la capital del Atlántico.
«En todo este tiempo que llevo en esta acogedora ciudad de gente amable y hospitalaria, he descubierto con grato placer que aquí el talento musical es inmenso. Y, lo más significativo es que hay una clase dirigente, con cierto poder en la cosa pública, que es sumamente consciente de eso, tanto a nivel de la Gobernación del Atlántico con su Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico y otras instituciones en distintos municipios, como en el Distrito de Barranquilla, bajo el liderazgo de la Secretaría de Cultura que encabeza la señorita María Teresa Fernández», asegura Pachalo, quien junto con su hermano de sangre, el también habanero Basilio Márquez. dicen haberse encontrado en una ciudad de maravilla.
Lo que más los llena de satisfacción es la inmensa materia prima para su trabajo como profesores de música. «Lo importante es que el joven tenga una sólida formación musical de base, para que, si quiere seguir una carrera musical completa, pueda aspirara ingresar a un Conservatorio, que sería fenomenal que las personas amantes de este arte en Barranquilla, fomenten la construcción de ese escalón más elevado para el ‘doctorado’ musical. Es que hoy en el mundo ya no hay músicos de oído. Quienes forman parte de las orquestas y agrupaciones detalla internacional han pasado por una escuela musical del barrio, luego por una facultad de música universitaria, y de ahí dan el salto al Conservatorio».
Con su amigo Juancho Piña
E insiste en aclarar que lo que hacen las autoridades tanto del Departamento como del Distrito es «perfecto, es lo adecuado y bien enrutado. ¿Usted sabe el peso específico que ha tenido ese envolvente músculo musical que ha despertado en la ciudad y el departamento para acorralar la pandemia? A eso es a lo que me quiero referir. Porque ese talento artístico y cultural innato del barranquillero y atlanticense ha sido la mejor vacuna contra la Covid-19».
«Le voy a decir un acosa -interrumpe Pachalo con su típica voz cubana, un poco gruesa y ronca- yo sabía que Barranquilla era una especie de La Habana chiquita, en materia de música, alegría, folclor, cultura. Pero se lo digo con toda la sinceridad: no sabía que en esta ciudad hubiera tanto talento para la música. Conozco unos muchachos –Shonny Rincón y Julián Andrés. que tienen un grupo que se llama ‘Shonny y El Hijo del Búho– son fabulosos. Un sobrino mío, Armandito Márquez, hijo de Basilio Márquez, hace parte de ese grupo, y por eso, como vienen mucho aquí con mi sobrino, ellos también me dicen tío. Y así como ellos, conozco a decenas de jóvenes talentosos. Hay una materia prima fabulosa».
No solo lo dice Pachalo. Muchos otros connotados maestros de la música que han venido al Barranuillajazz, al Carnaval de las Artes de La Cueva y al propio Carnaval barranquillero coinciden en que ya es tiempo de ir pensando en un Conservatorio. Para que los estudiantes profundicen mucho más en la enseñanza musical. Porque se trata de una carrera como la arquitectura, la medicina, la ingeniería.
El diálogo amplio con Pachalo surgió a raíz de su aporte al tema ‘Yo soy el punto cubano’ que acaba de grabar Juan Piña Valderrama, y sobre lo cual el célebre trompetista cubana afirma: «A mí me sorprendió Piña cuando me invitó a poner la trompeta, y encuentro que ya todo estaba arreglado y montado. Unos arreglos modernos y muy bonitos. Yo, con la mayor felicidad, aporté mi granito de arena, pues al fin y al cabo, es un homenaje a Cuba, a su música, a dos figuras inmortales como lo son Celina y Reutilio».
«Barranquilla es un semillero de talento natural para la música. Lo que se necesita es motivar al estudiante de música para que no se quede en el nivel intermedio de la escuela. Hay que brindarles un escalón superior», dice Pachalo.
Pachalo asegura que en Cuba miles de músicos viven de su profesión. Viajan por el mundo. Son invitados a orquestas de enorme perfil. En su caso personal, hizo parte de una gira por Estados Unidos y varios países de Europa con una Big Band extraordinaria. Lo cual le sirvió de incalculable experiencia.
Todo parece indicar que a Juan Piña Valderrama, retomando el tema que nos condujo a Pachalo, no podía escapar de ser músico. A las buenas o a las malas. Papá -Juan De la Cruz Piña Valderrama, director de su propia orquesta, compositor y arreglista, todos sus hermanos trompetistas, menos Carlos que es el mejor clarinete y saxofón de Colombia, y Blanca Valderrama, su progenitora, bailadora de fandangos en las noches de porros de su San Marcos Natal, después de una tarde de toros.
Lo que más lo marcó para toda la vida es que el viejo Juan De la Cruz, cuando no estaba animando un matrimonio o una fiesta, lo dormía con esa canción cubana grabada por el dueto de Celina y Reutilio en 1943, ‘Yo soy el punto cubano”. Se la sabía completica. Porque en esa época, las dos o tres emisoras principales de Cuba entraban nítida en todo el Caribe colombiano.
Entonces, ¿Qué más podía ser Juan Piña Valderrama sino cantante? ¡Y de los buenos! De esos que se le miden a todos los retos, como este de hacer una versión moderna y orquestada de un tema grabado en Cuba hace 77 años con instrumentos nativos. Un cuarteto típico campesino con la voz estelar de Celina González, ya fallecida, lo mismo que su esposo y compañero de grupo musical, Reutilio Hurtado, intérprete del tres, un instrumento de cuerdas típico cubano.
El difunto Rafael Orozco decía que no había en Colombia un cantante que tuviera la voz de un tono tan elevado. Para los coros, era siempre la primera voz para grabar con el Binomio de Oro, Los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz y con grupos de música tropical y salsa como Joe Arroyo y Fruko y sus Tesos.
“Yo sabía que me faltaba algo. Y en uno de estos días de encerramiento total mi esposa prendió una grabadora que tenemos en la sala, ya aburridos de ver tanta películas y videos, era bueno escuchar la radio. Y, justo, soltaron ese disco: ‘Yo soy el punto cubano’. Y enseguida dije: eso es lo que me hacía falta…grabar el disco con el que me dormía mi papá hace 59 años. Y así lo hice. Ya es un éxito que suena por todas partes y lo piden por las redes sociales”.
Un cantante versátil
Grabó su primera canción a los once años, con la orquesta de su padre. Y a los 14 se enroló a la orquesta de los Hermanos Martelo, con la dicha de interpretar el éxito que dura y perdura porque es el himno de Valledupar, compuesto por el afamado novelista, periodista y locutor Andrés Salcedo González, ‘Valledupar’.
Poco después, con su hermano Carlos Piña, formaron su propia orquesta Los Hermanos Piña. Y luego montó su propia agrupación que grabó éxitos que todavía suenan: ‘La rama del tamarindo’, ‘La canillona’, ‘Con media de ron’, con el formidable pianista barranquillero Álvaro ‘Pelusa’ Cabarcas.
Un día, en un descanso mientras grababan un disco del Binomio de Oro, Rafael Orozco le dijo: “Juancho, tú tienes un excelente tono y los matices para cantar vallenatos. ¡Graba un disco vallenato!”.
Juan Piña recuerda haberle respondido: “¡Rafa, tú estás loco! Será para que me levanten a piedra cada vez que vaya a Valledupar. Además, no tengo acordeonista”.
Rafael Orozco, quien siempre andaba recorriendo todos los rincones del Cesar, Magdalena y La Guajira buscando canciones y escuchando nuevas propuestas musicales, sabía de un «muchacho de apenas 15 años que toca como un prodigio. Tengo cómo invitarlo a Barranquilla, para que lo conozcan y escuches su melodía».
El ‘pelao’ resultó ser Juancho Rois, oriuendo de San Juan, La Guajira, quien después haría historia al convertirse en el estelar acompañante de Diomedes Díaz, por muchos años. Hasta cuando Juancho Rois falleció en un accidente aéreo en Venezuela.
«Para mi esa trágica muerte de Juancho fue motivo de varios días de dolor y lágrimas, porque después de grabar ese gran éxito que todavía perdura, como ‘El fuete’, quedamos siendo muy buenos amigos», recuerda Juan Piña.
