A un concejal electo se le escapó esta frase mientras celebraba el triunfo electoral y de burlaba de la derrota de los que buscaron el voto de opinión.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Ilustraciones por Turcios
Para que no se nos olvide, los votos de opinión son los que no se amarran con puestos ni contratos, ni son comprados con dinero o bolsas de cemento, sino que responden al sentir sincero de los ciudadanos que ven en un candidato una persona seria y ética en su trayectoria e ideas y que sirve como garante de los derechos colectivos en los cargos de elección popular.
En Barranquilla se calcula que las maquinarias políticas fueron capaces de producir cerca de 300 mil votos, de lo cual es fácil deducir que la mayoría fue comprada y amarrada.
Las cifras son así
El potencial electoral de Barranquilla es de un millón nueve mil votos. De ese total, los que realmente votaron fueron un poco más de la mitad, es decir 549 mil. Al descontarle a esta última cifra los 109 mil votos nulos, no marcados y votos en blanco, queda una cifra definitiva de 440 mil ciudadanos que eligieron alcalde, gobernador, concejales, diputados y ediles.
La tradicional aplanadora conservadora se llevó por sí sola cerca del 30% del total de votos al Concejo y aportó todo ese caudal al total de votos obtenidos por el alcalde electo Alex Char.
Y si se suman los votos alcanzados por las listas de los tres primeros partidos políticos, la cifra se remonta a más del 50% del total de votos de Barranquilla. ¡En solo tres listas está más del 70% de los concejales!
Estas cifras muestran una preocupante concentración que permite deducir hacia dónde irán las contrataciones distritales en el próximo cuatrienio y de qué manera se está moviendo la caja registradora de la maquinaria política.
No se trata de señalar que las campañas de Alex Char, Eduardo Verano De la Rosa, incluso la de Alfredo Varela, Juan García, Rafael Sánchez Anillo y demás candidatos con gran cantidad de votos, hayan comprado votos o los hayan amarrado de manera directa. Como tampoco se puede decir que no recibieron votos de opinión. Por supuesto que sí, porque para fortuna de Barranquilla y el Atlántico aquí hay ciudadanos que practican una cultura política sana.
Pero lo que sí es posible afirmar, revisando los resultados electorales, es que las mencionadas campañas recibieron muchos votos de aliados cuya cultura política sí aplica la práctica del voto comprado o amarrado, y lo hicieron ante la vista gorda de dichos beneficiados.
Y esa es la causa principal por la cual a Barranquilla se le ve crecer de manera exponencial en cemento y nivel económico empresarial (riqueza privada), pero se le ve cojeando en los más sensibles indicadores colectivos de calidad de vida, como son la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente y el empleo (el repunte de la ciudad a nivel nacional no es por empleos formales, sino por los informales que son precisamente producto del auge de las construcciones, es decir, del cemento).
Afirmamos que este deterioro de la calidad de vida de los barranquilleros es producto de las prácticas políticas porque del presupuesto de la ciudad que ronda los 1.5 billones de pesos mucho se va en contrataciones dirigidas a proyectos que de manera directa o indirecta pagan la alta inversión que hicieron los candidatos en campaña, precisamente los que compran y amarran votos, cuando debería asegurarse que también fuera dirigida a solventar esas apremiantes necesidades de la comunidad.
Se calcula que la más barata de las campañas de las maquinarias ganadoras al Concejo no bajó de los mil quinientos millones de pesos. Y es obvio que todos los candidatos aspiran que esa inversión les sea retornada con intereses. ¿Cómo creen que se les pagará esa platica? Saquemos las conclusiones cada uno, queridos chachareros, porque al fin y al cabo cada quién es consciente de lo que hace con su voto y las consecuencias de esa acción, y de lo que vale cada peso que invierte en la sociedad en forma de impuestos.
Porqué este análisis
Todavía no termina el gobierno de Elsa Noguera ni de José Antonio Segebre, y por tanto solo será en enero de 2016 cuando empiecen sus sucesores a gobernar. Así que no se trata de generarles un mal ambiente infundado ni de ponerle palos a la rueda del progreso económico de Barranquilla y el Atlántico. Al contrario, es evidente el deseo de Alex Char y Eduardo Verano De la Rosa de dejar huella y catapultarse al escenario nacional, y eso es bueno no solo para la ciudad y el departamento sino también para la región Caribe, tan necesitada de líderes políticos que figuren entre los timoneles del país con voz y aliento para atraer inversión hacia esta zona.
Pero ante tanto triunfalismo y pantalla de una ciudad imaginaria, vale la pena hacer este tipo de análisis. Ya es casi una década de gobierno de una sola línea y por tanto se puede ir revisando la tendencia de cómo va la ciudad y qué le espera hacia el futuro. No vaya a ser que en la conciencia ciudadana después de la borrachera quede el guayabo y salte la pregunta: ¿aja y dónde estaban los medios de comunicación cuando todo esto pasó?