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Ya viene el 20 de enero, la fiesta de Sincelejo

Anuncian numerosas variedades para darle un giro más artístico según anunció la Alcaldía.

Por Rafael Sarmiento Coley/María José Barraza

 A las cinco de la mañana del 2 de enero de 1980 la joven María José Campo instaló su mesa de tablas y patas viejas, su fogón de bindes con leña y carbón, su viejo caldero a medio llenar de manteca y sus empanadas y carimañolas, y de inmediato se formó la fila a la espera de las primeras viandas para ir con el estómago apretado a subir a los palcos “porque uno no sabe a qué hora bajará  de allá”.

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Como tampoco se sabía qué ocurriría 1 horas después aquel fatídico 20 de enero de 2022 a las 4:45 de la tarde, cuando, debido a un torrencial aguacero, los postes que sostenían todo el andamiaje de tablas, láminas de zinc, tuercas y tornillos se hundieron en la tierra arcillosa de la plaza ‘Hermógenes Cumplido’ en el barrio Mochila.

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Ese 20 de enero, como siempre, Sincelejo era un hormiguero humano con miles de visitantes de todas las poblaciones vecinas, de la región Caribe e incluso del interior del país. Se calcula que en los palcos estaban encaramados como micos en ramal unas10 mil personas. Por debajo de los palcos, en donde funcionaban las cantinas y los estanquillos, desde la noche anterior había borrachos y meretrices que bailaban semidormidos intoxicados por licores baratos y cerveza.

Rubén Darío Salcedo

a enorme fiesta en honor del Dulce Nombre de Jesús (santo patrono de la capital sucreña), había empezado con la alegría  de siempre, con las más famosas bandas, toreros, garrocheros y fandangueros de renombre inmortal, como María Barilla, Pola Betté y los Gaiteros de San Jacinto, las Bandas de San Pelayo y los Corraleros de Majagual que apenas empezaban su fama mundial.

En principio hubo una fuerte discusión porque tradicionalmente el primer día de toros era con el ganado de Hermógenes Cumplido, pero uno de los ‘todopoderosos’ hermanos Guerra Tulena impuso a patadas y trompadas que ese primer día él sería el mandamás de la plaza. Los agoreros, que nunca faltan en los pueblos, aseguran que ese fue el comienzo de la desgracia de aquella fiesta de toro, y, en particular, de muchos del ricachón Guerra Tulena. Muchos de ellos terminaron en la cárcel por paramilitar (como Joselito Guerra De la Espriella); una prima suya se casó con un ´matoncito´ricachón barranquillero jefe paramilitar que todos los días la levantaba a trompadas, hasta cuando un día, pasado de whisky y coca, se metió a la lujosa vivienda con todo y camioneta y por poco mata a la esposa y a sus hijas. Terminaron en divorcio.

Llena como nunca

Aquel 20 de enero de 1980, como nunca, la plaza estuvo llena desde mucho antes que de costumbre. De repente se descuajó el tremendo aguacero, que desplomó el andamiaje como castillito de arenas.

La torada que estaba en el redondel esperando a los garrocheros, manteneros, banderilleros, payasos y negocios borrachos, quedaron aterrorizados. Paralizados. Como clavados en la arena con los ojos abiertos como platillos voladores.

El saldo fue de 528 muertos y 1.237 heridos. La tragedia fue tal, que por unanimidad el país clamó por la suspensión de estas jornadas herejes. En 1988 el Consejo de Estado condenó al municipio de Sincelejo a indemnizar a 2.935 víctimas por un valor de $ 4.356 millones. De los cuales aún debe $2.935 millones. Deudas que, según las víctimas, “nos las pagarán cuando San Juan agache el dedo” de dudosa paga porque el municipio está más quebrado que bulto de canela. Y los señores dueños de los toros y los palcos, nanai cucas. Mirando para otro lado como si nada hubieran tenido que ver con  semejante irresponsabilidad[RS1] .


 [RS1]L

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