El mediocampista cartagenero siempre relevando a los defensas y apoyando a otros volantes.
Por: Francisco Figueroa Turcios
El verdadero valor de Miguel de Cervantes ha consistido sin duda en que se atrevió genialmente a dividir en dos el linaje humano. De un lado el creador, el hombre tocado por la genialidad y la locura-que son una misma y sola cosa- el caudillo. O,dicho en el viejo lenguaje de las armas:el adalid. En una palabra: el hombre nacido para mandar.
Frente a esa figura romántica. neuróticamente seductora del Quijote, Cervantes coloca al hombre nacido para obedecer. El sólido, el ético, el sensato. El que esconde con elegante dignidad sus atributos pero los saca a relucir cuando así lo impone la situación. El que antepone el sano raciocinio del pequeño hombre de la calle a cualquier otra virtud.
Lo que para mi más quijotesco de ese libro alucinante es el hecho de que ambas personalidades, tan distante y diferentes, no sólo no se oponen, sino que, por lo contrario, conforman una estirpe aparte, en la cual conviven el nacido para servir y el otro, el nacido para que le obedezcan. Quijote y Sancho Panza. El mayordomo y el señor» apunta Andrés Salcedo cuando compara a Wílmar Barrios con Sancho Panza.
A mi siempre me ha caído mejor Sancho Panza, este hombre sencillo, tan lleno de sabiduría. Por eso admiro los hombres que se parecen en la vida real a Sancho Panza. Y la Selección Colombia tiene su Sancho Panza: Wílmar Barrios. Hecho de esa estirpe del hombre cartagenero: luchador.
Le oí decir una vez a Udo Latek,el más laureado y prestigioso de la historia del fútbol alemán, que prefería mil veces el jugador laborioso y sacrificado al futbolista genial. Lo ideal es que un equipo o selección debe tener de ambos grupos de hombres, en las dosis precisas. ¿Que hubiera sido de Franz Beckenbauer sin su fiel escudero Hans-Georg Schwarzenbeck?
Detrás o al lado de Romario debe existir un Dunga con su enorme corazón de guapo de barrio. De lo contrario, cualquier equipo se viene a pique.
Wílmar Barrios es Dunga y Schwarzenbeck en una sola persona. Incansable como el uno, implacable como el otro. Brioso y metelón como un jabalí que defiende su pellejo en un claro del monte. Un hombre que va a morder los talonnes enemigos con la noble decisión de un guerrero massai. Que lo acerca, que lo aprieta, que se lo enguye como hace el canibal con el enemigo, que en su víctima y su alimento en medio de la selva.
Wílmar Barrios, volante corrector de la Selección Colombia, quien jugó en el Deportes Tolima, Boca Juniors y actualmente en el Zenit de San Petersburgo, fue clave para cortar los circuitos entre Lionel Messi, Giovani Lo Celso, Leandro Paredes y Sergio ‘Kun’ Agüero para dejar sin argumentos a los argentinos en el triunfo del combinado patrio.
Wílmar Barrios, de veras le hace honor al hombre cartagenero que a diario desafían las bravas aguas del mar caribe para ganar el pan de cada día.