El docente de la Institución Educativa Francisco Javier Cisneros del municipio de Puerto Colombia, ganador del premio Compartir al mejor rector, cuenta cómo superó la pobreza y llegó a ser secretario de Educación municipal.
Por:Francisco Figueroa Turcios
Wilman Pérez Benítez, el rector de la Institución Educativa Técnica Comercial Francisco Javier Cisneros, del municipio de Puerto Colombia, acaba de ganar el premio Compartir del Atlántico con el proyecto “Mi Colombia, la más educada, solo si todos transformamos y hacemos trascender a pasos gigantes la educación superior”.
Detrás de ese reconocimiento público hay una historia personal de superación y entrega. El premio Compartir es apoyado por la Gobernación del Atlántico y la Fundación Promigas.
El eje central de su propuesta es la reflexión, el buen uso de la tecnología y del inglés como elementos transversales en los procesos educativos. Pérez compitió para el premio con el rector y sacerdote José Zapata Hincapié, de la Institución Educativa Centro Social Don Bosco del Distrito de Barranquilla, quien presentó la propuesta “Formar buenos cristianos y honestos ciudadanos a través de una educación de calidad».
En el premio Compartir del Atlántico se recibieron 50 postulaciones, de las cuales fueron escogidas cuatro y finalmente quedó seleccionado como mejor rector, Wilman Pérez Benítez.
“El premio representa un reconocimiento a la ardua labor que los rectores de los colegios oficiales realizamos para reducir las brechas sociales que se presentan en materia de la calidad educativa y de vida de los ciudadanos. En mi caso la comunidad de Puerto Colombia», expresó Wilman Pérez en el momento en que conoció el veredicto del jurado.
El mejor maestro
El premio al mejor maestro del Atlántico fue entregado a Fabián Padilla De la Cerda, docente de la Institución Educativa Distrital Jorge Nicolás. La propuesta presentada por Padilla De la Cerda es denominada «Aprendiendo contenidos a través del inglés: visualización de una escuela pública bilingüe”. Gracias a este proyecto se genera una estandarización del aprendizaje, al pasar de una metodología individual a una estrategia colectiva que impacta a toda la comunidad estudiantil de la institución.
Los recuerdos
De inmediato cuando recibió la medalla que lo acreditaba como el ganador del premio que apoyan la Gobernación del Atlántico y la Fundación Promigas, por la mente de Wilman Pérez pasaron muchos recuerdos.
«Yo me hice rector por la inspiración de Carlos Prasca quien me hizo docente y me llevó a trabajar con él en el Colegio Dolores María Ucrós. Luego tuve el placer también de acompañarlo como directivo en el Itsa en la consolidación de esta prestigiosa e importante institución de educación superior», recuerda.
Pérez relata que en el 2004, cuando el Ministerio de Educación abrió la puerta para que los profesionales que no eran licenciados pudiesen concursar para rectores, no lo pensó dos veces e inmediatamente participó, ocupando el primer lugar en la evaluación escrita que hizo el Icfes en enero de 2005.
El decreto 1278, que es el nuevo Estatuto de Profesionalización Docente, abrió la puerta para que los profesionales no licenciados pudiesen ingresar a la carrera de docente, desarrollado a la par que estaban en el período de prueba del ciclo de profesionalización docente con las normales locales o con un programa de especialización o maestría en el campo de la educación.
«Yo fui nombrado el 15 de agosto de 2005 y llegué a la Institución Educativa Técnica Comercial Francisco Javier Cisneros sólo hasta el 24 de septiembre, porque la comunidad educativa puso resistencia ante el nombramiento, ya que mi llegada hacía que el rector encargado tuviese que irse a donde había sido trasladado hacía varios años en el corregimiento de Saco, en Juan de Acosta», señala Pérez.
Wilman recuerda cómo encontró la Institución Cisneros: en precarias condiciones locativas porque el Estado le había dado la espalda. «Me refiero al Ministerio de Educación, la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Puerto Colombia. Fue una época dura en la que las instituciones educativas no tenían dolientes».
La infraestructura deprimente: las paredes en mal estado, la parte eléctrica y las sillas deterioradas. Y ni un peso para comprar marcadores para dar clase. Debió afrontar ese reto y el tiempo fue el mejor juez. «Hoy somos ejemplo a nivel nacional», dice.
Pérez es Administrador de Empresas – Bilingüe de la Universidad Autónoma del Caribe. Especialista en Gerencia de Negocios Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y actualmente cursa segundo año de doctorado en educación en la Universidad del Norte.
Venció la pobreza
Wilman Pérez Benítez nació en Barraquilla, donde vivió una infancia en ‘blanco y negro’. Con orgullo, él reconoce que debió torcerle el pescuezo a la pobreza y dice que con la historia de su vida se puede escribir una libreto para una exitosa telenovela.
«Soy hijo adoptivo. Mi padre se llama Fued K’david, un libanés que entró por el muelle y vivió en Ciénaga (Magdalena) y mi madre biológica fue Lesbia Benítez. Mi padre era multimillonario, dueño de casi de toda la zona bananera en el sector de Río Frío. Me crié con mis tíos Luis Enríquez Pérez Torres y Elsa Benítez Massa, a los que siempre reconocí como mis padres y los adoré hasta su muerte. El contraste de la vida, mi padre adoptivo era navegante del río Magdalena, pero pasaba la mayor parte del tiempo varado», señala Pérez.
Hace una pausa, se queda meditando un poco, toma aire y continúa el relato de su infancia. «Fued K´david tuvo muchos hijos por cada pueblo de la zona bananera y su esposa que se llamaba Rancilla se lo llevó de vuelta a Líbano para que no le diera nada a sus hijos. Yo alcancé a conocer a mi padre biológico. Era lo más de buena gente. Yo iba en vacaciones a Maicao, Guajira, y me obligaban a decirle tío Fued».
El hombre lo llenaba de juguetes de ‘pila’, que llevaba a su casa, y cuando se le acababa la batería ya no le servían, porque sus padres no tenían con qué comprarlas, porque a duras penas ganaban para comer. Cuando cumplió los seis años de edad le dijeron la verdad, que el tío Fued K´david era su padre. Nunca dejó de querer a sus padres adoptivos, por lo contrario se propuse salir adelante y vencer la pobreza.
Y la mamá biológica para poder seguir trabajando tuvo que darlo en adopción a su hermana Elsa que no había tenido hijo varón. «Estudié en Santo Tomás porque vivía en El Esfuerzo, donde me crié frente del Batallón Vergara. Cuando mi mamá solicitó cupo para estudiar en el Itida y en el Industrial, no me lo dieron. El Colegio Oriental era uno de los mejores colegios del Atlántico en ese entonces. Fui el mejor estudiante de la promoción de 1982 allí», reseña Wilman Pérez, hoy secretario de Educación del municipio de Puerto Colombia y el ganador del premio Compartir del Atlántico.
Wilman Pérez Benítez venció la pobreza y es un ejemplo para la sociedad, pero sus luchas siguen, ahora sueña con ser secretario de Educación del Atlántico y, más tarde, por qué no, llegar a ser Ministro de Educación.