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Volvió León Bruno, el rugido del rock en Barranquilla

Más de 700 fanáticos colmaron El Rockódromo para el regreso a la selva, después de 6 años, de una banda mítica de esta ciudad.

Por Jorge Sarmiento Figueroa
Fotos: Julián Alfredo Moreno, Fernando Alzate, Jorge Sarmiento F.
Videos: Fernando Alzate

«Hoy no es un día de prensa, ni de televisión, no. Hoy no habla el presidente. Hoy hay solo Rock and Roll». León Bruno

Primero pongamos aquí las estampas de la noche en la que nos adentramos a escuchar rugir a los leones. León Bruno, señoras y señores, para quienes no creían del regreso. En Barranquilla. Martes santo de 2016.

Ya se habían separado una vez. Ninguna banda en Barranquilla los suplió. En 2009 su unieron de nuevo, sacaron un segundo CD y luego la manada se disolvió. Nadie pudo tampoco entonces asumir el trono. Desde el año 2010, cuando León Bruno rugió por última vez, en la selva roquera de Barranquilla quedó la sensación de que ese no podía ser el final. Moncho, Omar, El Negro, Barbosa, solo dijeron chao. Unos cogieron para Francia, otros para Bogotá. Cada uno en lo suyo hizo de las suyas.

Seis años pudieron ser demasiados, fatales, para una banda en una ciudad en la que el rock sigue siendo, por los siglos de los siglos, un animal raro. Pero la leyenda de León Bruno seguía viva. Este no era cualquier animal. Más allá de los premios y los reconocimientos en escenarios de otro nivel, como Rock al Parque (Bogotá), desde 1997 a 2003, su primera época, y la fugaz de 2009 a 2010, León Bruno dejó una huella indeleble en los roqueros de Barranquilla.

Por eso, a pesar de la maleza que había crecido, un joven barranquillero, diamante del mercadeo cultural, Andy Jaramillo, decidió que este martes santo de 2016 era el momento del retorno. Andy le pidió a Mr.Ed, otro mítico de la historia del rock local, el derecho a usar el nombre de El Rockódromo, un templo que Mr.Ed había creado en el patio de su casa, erigida sobre los pequeños abismos de Salgar.

El Rockódromo solo existía ya en las leyendas, he ahí el primer acierto de Andy. Pero tenía la selva, le hacían falta los leones. Y no podía meter en El Rockódromo a cualquier Rikarena.

Nadie creía que León Bruno volvería. Pero todos sabíamos que su regreso algún día tenía que suceder. Porque cada uno por su lado, haciendo de las suyas, se mantenía vital en la música. Omar Sánchez, guitarra y voz, con sus proyectos personales y con Sicotrópico, en la que su hermano El Negro (bajo y voz) fue también piedra angular de los inicios. Moncho (voz líder y guitarra), con rocksito y su música en Francia, en esto igual que El Negro, quien desde hace ya unos años se radicó allá con su pareja. Barbosa también en su batería, como los hombres que nunca dejan de lanzar la flecha para que no se olvide el arte en la hora de la cacería. Omar fue el primero en regresar a Barranquilla, unido con varios gestores en proyectos culturales, siempre con la órbita de la música. De hecho él y Andy se unieron en este proyecto de revivir el Rockódromo y que el primero en rugir fuera el León.

Y rugió

No más cháchara, señoras y señores. No cabe más cuando se oye a León Bruno. Solo la constancia dejada por Omar Sánchez: «Hemos vuelto para tocar hasta cuando ustedes nos escuchen». Ya no es la voz feromonal de un regreso, es el tatuaje de la redención. Los dejamos con Marianne y con la primera canción que se volvió himno, El Selenita.

Marianne

El Selenita

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