Una pregunta para reflexionar en serio.
Por: Victor Herrera Michel
Los signatarios de dicha misiva parten del hecho de “…que lo que la pandemia ha puesto en Jaque no es sólo el acceso de los niños, niñas y adolescentes al derecho fundamental a la educación, sino su salud física y mental…”
Por lo visto, tampoco han sido escuchados. Ha habido más protagonismo y atención a otros temas que van desde el absurdo préstamo para salvar a la empresa privada Avianca, las decisiones de la Corte Suprema y la Fiscalía General en torno al arresto domiciliario del expresidente Álvaro Uribe, la elección de la nueva procuradora, las numerosas e inexplicables masacres de jóvenes, los casos de brutalidad de la fuerza pública y los pronunciamientos de la Corte Constitucional y del gobierno frente a este último asunto.
Es fundamental el tema de la infraestructura y la operatividad de la “nueva normalidad” educativa que, al parecer, solo será posible cuando no solo haya sido aprobada la vacuna sino suministrada a la mayoría de los habitantes. En efecto, las consideraciones son varias: que todos los colegios tengan enfermerías en cualquier época; reducir sustancialmente el hacinamiento en las aulas y mejorar eficazmente la relación maestro/número de alumnos(lo que acarrea la construcción o mejor distribución de un mayor número de salones); contratar personal de apoyo para controlar las medidas de bio seguridad como: la realización de pruebas, la medición de temperatura, el lavado de manos cada 3 horas y el control en el uso de los tapabocas, entre otros; establecer que el Covid-19 sea considerado una enfermedad profesional para el personal educativo en un sitio de alto riesgo como son las escuelas; Elaborar y hacer cumplir los protocolos específicos para las áreas y horas de alimentación; Garantizar el suministro suficiente de insumos como Jabón, Alcohol, Gel antibacterial, papel higiénico, etc.; Proteger a todos los miembros de la comunidad educativa con comorbilidades o situaciones de riesgo.
Según el Banco Mundial el cierre de los colegios por 5 meses podría resultar en una perdida de aprendizaje de 0.6 años de escolaridad, ajustados de acuerdo a la calidad. Basados en la baja calidad de nuestra educación (según las pruebas internacionales Pisa), aunada a la carencia de conectividad en el país (el muy reciente “Índice de Calidad de Vida Digital – 2020” ubica a Colombia en el puesto 83 de 85 países analizados) y al improvisado papel de “profesores” de quienes ni siquiera saben ser padres, debemos preguntar: ¿Será que perdimos el año…?
Y si es así, en nuestra época cuando se perdía un año escolar había que repetirlo. Entonces: ¿Estamos dispuestos a repetir el año…?
@vherreram