Sexto cuento de la Selección de Cuentos del escritor Giulio Puccini titulada Los pares no pedidos son los menos ordenados. La publicaciones son inéditas para La Cháchara.
Por Giulio Puccini
La habitación podía parecer ostentosa, pero el antiguo sillón que ocupaba el hombre y las rasgadas cortinas que colgaban a su espalda indicaban lo contrario. El anciano, tranquilo y severo, leía una breve bitácora de navegación – recuerdos de una juventud a veces olvidada -, mientras sostenía una pipa bien cargada entre sus labios. Tras las cortinas se abrían bosques y valles, invisibles a causa del mar de oscuridad en el que estaban sumergidos.
Luego de muchas humeadas, decidió cargar la pipa con más tabaco. Sin quitar los ojos del libro y con gran pericia, la rellenó; mientras los rayos de luz se filtraban delicadamente a través de los huecos del cortinaje. Rápidamente, el sol arreció y sus haces terminaron de desgarrar la tela. Sin oposición alguna, la luz golpeó la espalda del viejo y borró de la vieja bitácora todo rastro de tinta.
El hombre, empleando todas sus fuerzas, volteó el sillón y colocó aquel libro en blanco sobre una pequeña mesa. Dejó que la luz del sol lo absorbiera, quitando las penumbras de su alma, con los ojos suavemente cerrados. Murmuró unos versos que había compuesto durante su juventud, mientras viajaba en los barcos:
“Viejo sol que contigo
A rastras me arrastras
Llévame a la orilla
Donde descansa tu barca”
Disfrutó del calor del sol y sus caricias durante lo que parecieron días. Intentó abrir los ojos, pero no pudo. Y continuó soñando, soñando nada más, con el viejo sol que hace más de un siglo le acompañaba.
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