Tanquear un carro en el vecino país significa aguardar varios días en una fila por gasolina frente a una estación de servicio. La escasez de combustible es otra de las caras de una prolongada crisis que se ha acentuado con la pandemia del Covid-19.
Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza
Fotos: Juan Carlos Hernández
La escasez de gasolina en todo el territorio venezolano es una arista de la crisis energética que azota al país caribeño, que a su vez es una expresión de la prolongada y profunda crisis económica que azota a la nación vecina de 30 millones de habitantes desde hace ya varios años, pero que se ha agudizado a niveles sin precedentes en los meses de la pandemia del Covid-19.
Es una arista de la crisis energética, porque en Venezuela, que cuenta con las mayores reservas mundiales de crudo y gas natural, paradójicamente escasean la energía eléctrica –salvo Caracas, las principales ciudades padecen diariamente de tandas de racionamiento eléctrico que se extienden entre cuatro y seis horas-, y el gas doméstico –la gente pasa meses sin recibir el combustible que llega por tuberías o se vende por cilindros y el propio gobierno ha conminado a los ciudadanos a cocinar con leña-.
La caída de Pdvsa
La falta de gasolina es un fantasma que ya habían conocido los venezolanos en el año 2002 se escenificó la huelga petrolera que tenía como objetivo desestabilizar al gobierno de Hugo Chávez. Fracasado ese intento, el mandatario izquierdista tomó el control de la petrolera Pdvsa, para ese entonces una de las cinco principales del mundo, y despidió a más de 23 mil de sus empleados, fundamentalmente ubicados en los mandos altos y medios de la industria.
Para volver a poner en marcha a la principal fuente de ingresos del país, Chávez contrató masivamente a técnicos y coordinadores que fungieron como jefes de área y administradores para quienes el principal requisito, más que saber de petróleo, era pertenecer y ser leales al partido de gobierno, el Psuv.
Paralelamente a este fenómeno, el deterioro institucional que sufrió el país en manos de Chávez, en el que convirtió al Tribunal Supremo de Justicia, a la Contraloría y a la Asamblea Nacional en apéndices políticos de su partido; permitió la comisión en Pdvsa de diversos delitos de corrupción que fueron debilitando la situación económica de la compañía y comprometiendo su posibilidad de acometer nuevas inversiones para mejorar la extracción y el procesamiento del crudo.
Esto se manifestó, sobre todo a partir del año 2012, en la disminución paulatina de las exportaciones del país petrolero, por un lado, y por el otro en la necesidad de importar combustible para abastecer primero como insumo a las refinerías y luego para atender el mercado interno de gasolina. Otro elemento que contribuyó a la destrucción de Pdvsa, era la imposibilidad de la empresa de ajustar los precios de sus combustibles a la constante devaluación del bolívar. Eso fue abriendo una brecha en la que la empresa tenía que subsidiar el valor del combustible que importaba en dólares, a precios casi inexistentes en el mercado venezolano.
“No hay gasolina”
Yasmira es una trabajadora jubilada de la Universidad del Zulia. Ella y su esposo tienen un vehículo compacto que no encienden desde julio de este año por falta de gasolina. La escasez de combustible en la segunda ciudad del país, Maracaibo, ha sido una constante desde incluso mucho antes que en otros puntos del país. La otrora ‘ciudad petrolera’ había sido escenarios de larga filas por combustible desde el 2019.
“La última vez que echamos gasolina fue en julio, cuando mi esposo logró comprar 10 litros a razón de un dólar por litro”. Desde entonces dice, no han podido volver a echar por la imposibilidad de contar con divisas para comprar en el mercado negro y la no disposición de hacer las interminables colas en las que se puede pernoctar por varios días.
En el 2020 la situación se extendió además de las ciudades fronterizas con Colombia y Brasil, a las ciudades del centro del país, que tradicionalmente habían contado con un suministro más regular en una deliberada acción de Maduro para mantener a Caracas y las zonas circunvecinas bajo una relativa calma.
En la localidad del Guacara, en el estado de Carabobo (centro), Lachachara.co fotografió a personas que habían pasado una semana esperando la llegada de combustible en una estación de servicio. “Para algunos no hay alternativa”, dice Juan, uno de los que estaba en esa cola. En las grandes ciudades el transporte público no es una opción por tres razones: La misma falta de gasolina ha sacado de circulación a la mayor parte de las unidades, las pocas que quedan cobran tarifas dolarizadas imposibles de pagar para cualquier trabajador que gana en bolívares y en tercer lugar que el deterioro de la flota ante la imposibilidad de renovación por los altos costos de las unidades de transporte, ha colapsado el servicio en las ciudades más pobladas.
La escasez de gasolina ha profundizado estragos en una economía que se ha reducido en casi un 70% desde que llegó Maduro al poder en el año 2013. Ha afectado la productividad de las empresas, el transporte de alimentos y medicinas y ha creado todo un mercado negro al que solo quien tiene dólares en efectivo puede acceder.
En medio de todo esto, Maduro ha tratado de desviar la atención de este y otros problemas acuciantes para la población venezolana, tratando de posicionar en la opinión pública un proceso ‘electoral’ para supuestamente elegir a un nuevo parlamento. A la convocatoria, la oposición venezolana ha decidido no asistir, argumentando que no existen las condiciones mínimas de participación. La decisión está respaldada por la mayor parte de la comunidad internacional que no reconoce este proceso político y, según todas las encuestas, por la mayor parte del electorado venezolano que tampoco tiene la intención de acudir a las urnas.
