El sistema financiero del país recibe el anuncio de la Superintendencia Financiera como una puñalada a la yugular. Por Chachareros/Economía&Negocios/AFP
Después del largo puente festivo, todavía muchos colombianos no han dimensionado la gravedad del cambio brusco en el aumento al 32,01% en la tasa de interés para las tarjetas de crédito, que entró en vigencia desde este viernes. Es decir, la Superintendencia Financiera aprovechó que los colombianos estaban alegres empacando maletas para salir a disfrutar del puente, para asestar el garrotazo.
En Colombia los usuarios de las tarjetas anuncian que harán algo parecido a lo que realizaron en México deudores de tarjetas de crédito incineraron algunas en el zócalo de Veracruz en protesta por las altas comisiones que cobran. Foto cortesía/Horacio Zamora.
El efecto es de doble aspecto negativo. Para el sistema financiero, porque, sin duda, habrá miles de tarjetahabientes que lo pensará dos veces antes de usar su plástico para hacer compras a crédito o para avances en efectivo.
Con toda seguridad, el poderoso sistema financiero del país no se quedará quieto. Ya empezó a hacer cabildeo en los más importantes medios de comunicación alertando sobre “lo grave que es para el desarrollo del país aplicar esas tasas de usura”. Luego hará ese mismo cabildeo en el alto gobierno y en el Congreso, para que, por lo menos, rebajen el golpe. Los banqueros ya empezaron a ‘llorar’. Como siempre. Y ojalá que esta vez, como ha ocurrido siempre, el Gobierno no atienda los reclamos de un sistema financiero que gana mucha plata, en contra del pobre usuario que siempre lleva la peor parte.
El sistema bancario desarrolla una agresiva estrategia de venta de tarjetas, a veces con ofertas engañosas, o por lo menos poco transparentes.
Lo bueno es que agremiaciones como las veedurías ciudadanas ya han empezado a expresarse al respeto. Proponen que se aproveche la coyuntura del debate nacional que ha suscitado el escandaloso aumento usurero del 32,01% para que se revise el sistema financiero en general.
Para nadie es un secreto que en los últimos 20 años el sector que ha logrado las mayores ganancias es el bancario y financiero. Porque hacen lo que les da la gana con el usuario del sistema.
Pésima atención
Los compradores compulsivos tendrán que acudir al psiquiatra para modificar su conducta, si no quieren verse en problemas de embargos.
En las dependencias de atención al cliente, en donde antes había hasta 15 cajeros al servicio -dependiendo de la demanda en una central o principal- hoy a duras penas funcionan cinco cajas. Los pobres cajeros no dan abasto y las filas son enormes de clientes a la espera del servicio.
Es decir, con el mezquino propósito de reducir los costos al mínimo, maltratan de la peor manera al usuario bancario.
Al mismo tiempo, con rarísimas excepciones, el sistema bancario paga salarios de hambre a sus empleados, lo que conduce a que haya brotes de corrupción en varias de las entidades bancarias. Casos concretos se han dado en Barranquilla con clientes de tarjetas débito cuyas cuentas de ahorro han sido saqueadas por ladrones que, necesariamente, cuentan con la complicidad de funcionarios internos de la entidad bancaria.
De tal manera que el debate debería servir para revisar a fondo el sistema financiero. No es justo que cada año las utilidades de todas las entidades bancarias y crediticias sean multimillonarias, a costa de los pobres ahorradores y usuarios de las tarjetas de crédito.
Y de paso, también debe servir para que los portadores del llamado dinero plástico controlen su conducta de compradores compulsivos, dejándose arrastrar por los métodos que utiliza la sociedad de consumo para que los colombianos se endeuden hasta el cuello con el facilismo de “las tarjeticas de crédito”. Hay usuarios que tienen hasta 8 tarjetas de crédito. Cuando no tienen con qué pagar la factura que le llega de una de las tarjetas, con las otras hace avances y paga. La rueda sigue con las demás tarjetas, hasta cuando, de tanto dar vueltas, el perro se muerde la cola. Quedan colgados con todas las tarjetas.
Tal como lo señala el portal economía&finanzas.com, más de un colombiano pensará dos veces antes de usar de nuevo su tarjeta de crédito, “luego de que la Superintendencia Financiera anunciara la nueva tasa de usura para los créditos (de 32,01 por ciento), la cual entró en vigencia desde el viernes, 1 de julio”.
El debate alrededor del tema está encendido en el país, toda vez que este incremento, que pone la usura en el nivel más alto desde hace ocho años, afecta directa y principalmente a los titulares de las 14 millones de tarjetas de crédito que están vigentes hoy y que portan en la billetera siete millones de colombianos (el promedio de tarjetas es de dos por persona).
Los puntos de vista son diversos. Los comerciantes están seguros de que saldrán golpeados, porque el consumo, que por demás ha sido motor del crecimiento de la economía en los últimos tiempos (ponía 72 de cada 100 pesos de la producción el año pasado), no podrá seguir tan dinámico como hasta ahora.
“Una tasa tan elevada le pegará sin duda al consumo. Es una locura en pago de tasa de interés”, indica Guillermo Botero, presidente de Fenalco, gremio de comerciantes.
Cabe recordar que, según anunció la Superfinanciera, el aumento en la usura es de 120 puntos básicos (1,20 %) con respecto al segundo trimestre del año en curso. Lo que implica que los usuarios podrían llegar a pagar una tasa mensual máxima del 2,66 por ciento.
El alza, que se aplicará en los próximos tres meses, es uno de los efectos de la política monetaria que está ejecutando el Banco de la República para controlar la inflación a través del incremento en las llamadas tasas de interés de referencia. De 0,25 en 0,25, las tasas del Emisor van en 7,50 por ciento y, aunque los analistas creen que el ajuste hecho en junio será el último del año, las consecuencias en el interés bancario corriente de los bancos ya se hizo sentir.
Esto, debido a que, dicho interés corriente es el referente que se usa para calcular usura.
La situación, para Botero, es preocupante porque “una persona que estaba endeudada en un millón de pesos con una tarjeta de crédito por una compra que realizó hace un año y la difirió a 24 cuotas, quedó en el peor de los mundos”, aseguró.
Su deuda vigente se la cobrarán a la nueva tasa, y, en adelante, “causará una gran afectación al comercio, pues desestimula el consumo, en especial, de bienes como automóviles, televisores y similares”, dice Botero.
Efecto a largo plazo
Pero el panorama no se ve igual desde todos los ángulos. Santiago Rodríguez, profesor de finanzas de la Universidad de los Andes cree que el efecto no será tan inmediato como se está temiendo y que la usura no le pega tanto a la decisión de tomar un crédito, como sí lo hace la expectativa en otras variables de la economía.
El debate cae de perlas para que las veedurías ciudadanas y el defensor del cliente bancario hagan de verdad una tarea propositiva para que el sistema bancario gane un poco menos y atienda en una forma más humana y justa al usuario.
“Sabemos que el crédito se va a encarecer, pero yo diría que más allá de la usura como tal, la actividad crediticia se mueve por la expectativa que tienen las personas sobre la situación general del país: inflación, desempleo, paz… Todo este ambiente es lo que determina que la gente pida crédito o no”.
Según el analista, esas son las verdaderas razones por las cuales los colombianos están posponiendo la obtención de un crédito de vivienda, por ejemplo, y no el de un interés más alto.
En cuanto a las tarjetas de crédito, el incremento en la tasa de usura se constituye en una alerta en materia de educación financiera.
Los datos que registra la Superintendencia Financiera sobre consumo con este mecanismo de pago para permitir a los usuarios hacer compras sin tener a la mano el dinero, señalan que de 68,8 billones de pesos que han movido los portadores de tarjetas de crédito en los cuatro primeros meses del 2016, el 84,5 por ciento ($ 58,2 billones) ha sido para obtener avances monetarios, que es lo que más tiene interés. El restante 15,5 por ciento ($ 10,4 billones) se usó para hacer compras.
“A las personas que no difieren los pagos les da lo mismo que la tasa de usura esté un dos por ciento más cara que en el trimestre anterior. Ellas no tendrán penalidad. El resto, que es la mayoría, difiere, pero se siente seguro de endeudarse mientras tenga empleo. De manera que no van a dejar de utilizar las tarjetas”, expresa el experto de Uniandes.
Otras reglas de juego
Un punto de vista propositivo es el que pone sobre el tapete el congresista David Barguil, habitualmente involucrado en temas bancarios.
Según su criterio, “llegó la hora de que se abra el debate para implementar una nueva fórmula de establecer la tasa de usura. No es posible que de un momento a otro se multiplique por 1,5 por ciento el interés bancario corriente”.
Barguil propone “aplicar topes de incremento de usura por segmentos o por tipo de créditos, para evitar abusos”.
Agrega que “entendemos que el Emisor toma sus decisiones pensando en la inflación, y eso es acertado; pero también hay que pensar en mecanismos más eficientes que impidan tanto golpe al bolsillo de la gente”.