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Una Teología para el Junior de Barranquilla

El fútbol como espectáculo sí es una herramienta política. Teófilo Gutiérrez y Jimmi Chará fueron contratados por esa realidad. Eso es evidente.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa

¿Alguien puede poner en duda que a Mauricio Macri su cargo de presidente del Boca Juniors le sirvió para catapultar su carrera política, primero a nivel local en Buenos Aires y luego hacia la presidencia de Argentina, que ocupa en la actualidad?

No es necesario remontarse a ejemplos más históricos, como la relación del dictador Francisco Franco con el Real Madrid de mitades del siglo XX, para evidenciar que el fútbol como un deporte convertido en espectáculo es una de las herramientas políticas más efectivas para influenciar la sensibilidad de las masas sociales.

El destacado bloguero deportivo Roberto Palomar afirmó hace apenas unos días, el 26 de junio pasado, en el portal Marca.com: «Se paga de más para ilusionar a una afición, para engañar a los chinos -han picado, vaya si lo han hecho-, para camuflar una mala gestión, para demostrar quién orina más lejos, para abrir una vía de negocio, para cobrar los amistosos y las giras a precio de oro, para facilitar la construcción de un oleoducto, para vender camisetas, para devolver favores…».

Desconocer esa realidad es caerse del zarzo o, peor aún, querer engañar a la gente haciendo creer que esa manipulación política no se puede lograr con el fútbol. Sí se logra, en Rusia, Qatar, Buenos Aires o aquí, en Barranquilla.

El alcalde Alejandro Char lo sabe bien. Y lo aprovecha. Por eso es él quien primero anuncia la incorporación de las nuevas estrellas del Junior, desde cuando trajo a Giovanni Hernández para que este fuera campeón y él ganara la alcaldía. Lo hace él y no su hermano Antonio, pese a que este es el presidente de la institución. Lo hace él y no su padre, Fuad, aunque sea este el propietario del equipo. Lo hace él porque es el responsable desde hace más de diez años de cultivar y consolidar el capital político de masas que dicha familia tiene en Barranquilla y en la Costa.

Pero aunque esto es cierto, como lo demuestran los trinos de su cuenta y sus declaraciones en eventos públicos, Alejandro Char no se relaciona con el Junior solo por su evidente interés de manipular las emociones colectivas de los barranquilleros aficionados al equipo. No. Se sabe que el Junior es un torrente de enamoramiento sincero que corre por sus venas desde cuando vino al mundo.

Su padre, Fuad Char, contó a LaChachara.co cómo fue la tarde de 1966 cuando empezó su afición por el equipo tiburón: “Recuerdo que en Junior jugaba la llave Everaldo Alves de Santa Rosa (Dida) y Toño Rada. En Millonarios Eduardo Texeira Lima. Fue un partido tan emocionante que desde entonces me volví juniorista para siempre. Junior ganó 2-0 con goles de Dida”. Ese año nació su hijo Alejandro, quien diez años después vio cómo su padre se convertía en presidente del equipo, y por esa senda en el primer dirigente que hizo campeón al cuadro ‘tiburón’. Con semejante ejemplo paterno, ¿cómo no se iba a enamorar Alejandro Char del Junior?

Que Fuad Char diga ahora, medio siglo después, que él y su familia son personas tan ocupadas «que no le pueden brindar al Junior sino unos minutos de atención», se contradice con los miles de millones de pesos colombianos que acaban de desembolsar para traer a Teófilo Gutiérrez y a Jimmi Chará, como figuras estelares precisamente con el propósito de remozar el cariño que la gente en Barranquilla le había perdido al equipo y a sus dirigentes.

Aunque su padre dijera esa misa, Alejandro Char no se puede dar el lujo de enfrentar un año electoral como el que se aproxima teniendo a la baja el cariño de la afición de su Junior. Puede encementar la ciudad, pero una estrategia de ciudad sin alma no perdura, mucho menos en una urbe con las peculiaridades de Barranquilla.

Las miles de almas que asistieron al Metropolitano a ver las presentaciones de Chará y Gutiérrez, trajeron para bien de los intereses de la familia Char el alivio deseado en la relación muchas veces tensa entre los aficionados y el equipo. Sin embargo, quedó la sensación de que si Alejandro Char como alcalde y potencial figura nacional se quiere quedar en ese factor primitivo de solo exacerbar en la gente las pasiones que él mismo siente por el Junior, puede seguir haciéndolo por los siglos de los siglos y verá siempre cómo los partidos y actos públicos del equipo terminan con desmanes y heridos, tal como sucedió el lunes pasado. Y tendrá que desembolsar una y otra vez miles de millones de pesos para comprar cariños cada vez que necesite votos para una elección.

En cambio, si ve el potencial de redirigir la magia que tiene el fútbol con la gente, podría convertir a Teófilo Gutiérrez y a Jimmi Chará en embajadores de los valores sociales que Barranquilla tanto necesita para ser la verdadera capital de vida. En vez de dejarnos con las quejas solitarias de la pobre Ruby Rubio, subgerente de comunicaciones del Transmetro, cada vez que le rompen los vidrios a los articulados en fecha de Junior o de Carnaval, el alcalde puede aprovechar la influencia pública de ‘Teo’ para hacer campaña social de amor propio de los barranquilleros. Montar a ‘Teo’ en el Transmetro y que él llame a su cuidado. Sentarlo en las gradas en pacífica actitud para que la gente lo emule. En fin, con craneadas maniobras que las diligentes agencias y asesores que tiene el alcalde pueden crear para ayudar a cambiar la mentalidad alrededor del Junior, este puede obtener unos réditos tan grandes como los que llevaron a Antanas Mockus en Bogotá o a Sergio Fajardo en Medellín a ser serios aspirantes presidenciales a partir de sencillas acciones de comunicación social para el cambio cultural. Y sin desembolsar tanta plata. Solo con ingenio e inteligencia.

Esta no es una decisión fácil, sobre todo porque justamente de parrandas escandalosas y desmanes es como han vivido la mayoría de jugadores estrellas que el Junior ha traído desde siempre. Y esos anti-valores son los que el equipo ha cultivado en los aficionados, en especial en los más jóvenes que son los que terminan convertidos en vándalos. Pero estamos en otros tiempos. Alejandro Char tiene ahora la batuta que el propio Fuad ha decidido entregarles a sus hijos. Es el alcalde quien tiene que decidir si el inmenso poder le sirve para construir valores a partir de su influencia en la gente, o si se queda en la poco constructiva estrategia del fútbol por votos.

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