Ha sido una semana de reflexión sobre la paz en nuestro país, sobre la firma del fin del conflicto armado, sobre el plebiscito y sobre la guerra y la paz. Pero también sobre el posconflicto y la reconstrucción de nuestro país.

En febrero del 2001, en un billar del casco urbano de San Basilio de Palenque, cinco personas fueron asesinadas, aparentemente por orden del paramilitar alias “El Gordo”. El 6 de abril de ese mismo año una pareja motorizada llegó hasta el caserío La Bonga y le entregó a los habitantes unos panfletos firmados por las AUC en donde se estipulaba un plazo de 48 horas para abandonar el poblado, señalándolos de guerrilleros, “sapos” y colaboradores de la guerrilla.

En esa ocasión aunque se vieron motivados por el miedo, motivados a abandonar inmediatamente el caserío, como en el anterior desplazamiento, fueron disuadidos por el señor Néstor, logrando recoger los cultivos existentes y gestionar camiones para transportar algunos de los bienes.

La comunidad entonces se dividió definitivamente, una parte se fue para San Pablo, en donde algunos previniendo el desplazamiento habían logrado adquirir algún terreno. Y otra parte se fue para el colegio de bachillerato del casco urbano de San Basilio de Palenque, donde permanecieron hacinados durante varios meses hasta que fue construido el barrio La Bonga de Rafael. Otros pocos se asentaron en barrios marginados de Cartagena. Solo una persona quedó en el viejo caserío de La Bonga: “Yo no he hecho nada, si me van a matar, será aquí, porque no tengo para donde irme”.

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Claudia Riveros, directora del Centro de Altos Estudios para la Paz, tuvo como invitados especiales a Yaneth Santana y Primitivo Pérez.

El anterior relato hace parte de un trabajo periodístico hecho para investigar qué pasó en el departamento de Bolívar cuando incursionó el paramilitarismo en esa región y cometió masacres.

En el cierre de Pensando el Siglo XXI, de la Universidad Autónoma, se vivió el último conversatorio Academia para la Paz. El encuentro moderado por Claudia Riveros, directora del Centro de Altos Estudios para la Paz, tuvo como invitados especiales a Yaneth Santana y Primitivo Pérez, desplazados por la violencia de la vereda La Bonga, quienes ahora viven en San Basilio de Palenque. Ellos compartieron su experiencia sobre los procesos de memoria histórica que se han venido desarrollando en compañía de los docentes investigadores de la Universidad Autónoma del Caribe.

El auditorio conoció de las víctimas ¿qué pasó en la Bonga en el 2001?

Primitivo contó la barbarie que los grupos armados ilegales cometieron un año antes del gran desplazamiento del 90% de la población. “Tuvimos que irnos porque por ahí venían cortando pescuezo, había mucha presencia de actores armados ilegales, ya que La Bonga está al pie de los Montes de María”.

Más de 50 familias fueron afectadas y después del desplazamiento, comentó Yaneth Santana, «fue muy difícil salir de su hogar a meterse en un salón de clases con cuatro familias, con el burro, con los perros y demás reubicados en San Basilio de Palenque. «Me hice líder a través de la necesidad que tuvo la comunidad bonguera”.

Primitivo y Yaneth agradecieron a la Autónoma por todo el proceso de resignificación de la memoria, porque para ellos contar sus historias ha sido recordar el pasado y eso es vivir. Ella agregó que “la Yaneth del 2001 no era capaz de sentarse ni siquiera a decir quién era ni que se llamaba Yaneth. Yo siento que como mujer me he superado. La universidad después de 15 años me llevó a La Bonga, fue una fiesta regresar a la tierra donde nací. Dormí, hicimos un sancocho, dormimos en la hamaca, en el colegio, hicimos un recorrido”.

Una fiesta poder regresar porque Los Montes de María son un buen ejemplo del recrudecimiento del conflicto armado iniciado a mediados de los ochentas y su clímax hasta principios del 2000.

Pueden establecerse tres grandes hipótesis sobre el porqué de esta situación de violencia generalizada: la llegada de las guerrillas y la fuerte extorsión a los grandes propietarios de fincas y haciendas; la presencia del narcotráfico y paramilitares que ubica a la región como un corredor estratégico para la exportación de drogas ilícitas; y el potencial poder político de la zona. (Memoria Histórica, 2010:249)

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Yaneth Santana, desplazada de la vereda la Bonga.

El desplazamiento forzado de La Bonga se dio en este contexto, en gran parte auspiciado o permitido por instituciones del mismo Estado.

Una de las conclusiones a las que llegaron los bongueros es que tienen como primer sueño retornar a la tierra. La universidad se comprometió con ayudarlos con equipos técnicos y capacitación para realizar sus diagnósticos de la problemática e incluso en materia legal la universidad, desde la Decanatura de Jurisprudencia, se comprometió a dar apoyo y asesoría en la titulación colectiva del territorio para todas las familias. Otro de los docentes investigadores, Pablo González, apuntó que “cuando hacemos memoria, no solo contamos lo que pasó en el conflicto, sino los procesos de poblamiento y toda la historia de una comunidad de un territorio, ahora el retorno a ser ciudadanos con todos sus derechos”.

Porque es que Colombia es un país construido en medio y a partir de una guerra interna permanente, que por las mutaciones de sus dinámicas ha sido dividida en diferentes episodios en el relato histórico oficial. Esta apuesta narrativa difundida ampliamente por la educación secundaria de la historia y otros medios de información y adoctrinamiento, ha producido en el imaginario colectivo nacional la concepción de conflictos armados diversos. Esto ha tenido un efecto de purga de la imagen institucional de un Estado en donde algunos de sus órganos participaron en dispositivos de guerra hoy considerados ilegítimos (e ilegales), de manera directa, y no marginal o indirecta como se quiere hacer creer. Un ejemplo de purga contemporánea patente es la nueva denominación del paramilitarismo como Bacrim (bandas criminales) tras el proyecto de reconciliación social liderado por la administración Uribe, enmarcado en la ley 975 del 2005 llamada también ley de Justicia y Paz.

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Primitivo Perez desplazado de la Bonga,ahora vive en San Basilio de Palenque.

La docente investigadora Claudia Beltrán afirmó que en el acercamiento se ha tratado de entender el sufrimiento. “Desde la academia a veces parecemos aislados de esa realidad, y eso enriquece a los estudiantes, permite vincularse a las profesiones. En el proceso de recordar no solo se recuerda lo malo, se recuerda lo bueno. Es una memoria no sólo del sufrimiento, es una memoria completa. Es la dignificación de las víctimas”.

Otro de los docentes, Navarro, habló del sentido fundamental del proyecto, que tiene que ver con escuchar a la gente y descubrir otras formas de contar al mundo. Con esta idea fundamental del trabajo de campo, Martha Romero dijo: “la teoría se contextualiza en el territorio, se debe apoyar a las comunidades, hacer intercambios de saberes… La humanidad no se puede dejar por debajo de los libros. Es la oportunidad de construir memorias para la dignificación”.

Al finalizar el encuentro, contando con la presencia del rector Ramsés Vargas, la directora de la Oficina de Relaciones Internacionales, Roxana Buitrago, organizadora del encuentro académico Pensando Siglo XXI año 2016, concluyó diciendo: “Estamos cerrando un proceso que empezó hace un año. Un espacio generoso para compartir con nuestra comunidad académica, de pensar el siglo en que vivimos, con nuestras facultades, con muestras artísticas y demás. Más de 200 personas detrás de la organización. Y lo que sigue para el año entrante nos entusiasma mucho, se celebrarán los 50 años de nuestra universidad. Hoy somos más calidad, hoy somos más compromiso por la paz”.

Ha finalizado una maravillosa semana de reflexión por la paz, por el SI, por el plebiscito, por la reconstrucción y desde la academia no se pretende más que construir la nueva Colombia que todos queremos, esta es la contribución de un estamento universitario para engrandecer la historia de esta tierra que lleva por nombre Colombia.

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Educadora de pre-escolar, con vocación de periodista. Barranquillera y Chacharera, con grandes metas, educando una nueva generación. Móvil 3024019715
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