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Un milagro en Karachi: crónica del robo a un domiciliario

Los trabajadores que más nos han ayudado en estos momentos pandémicos, luego de las autoridades de salud y seguridad pública, han sido los domiciliarios.

 

Por, Juan Bolívar. 

En las calles y avenidas los vemos diariamente, portando un uniforme o sin él, con sus maletines térmicos en la parrilla de su moto o bicicleta, dispuestos a recoger y entregar pedidos por la ciudad. Además del virus latente, al cual se exponen en cada momento, los domiciliarios tienen en su contra la inseguridad de las calles, las condiciones climáticas y el riesgo de tener un accidente.

Tres domiciliarios de Rappi en Bogotá – Fotografía de El Tiempo.

Precisamente el 4 de junio falleció el joven barranquillero Jeison Utria, de 22 años, mientras laboraba con Rappi. A Jeison lo arrolló un vehículo fantasma mientras se movilizaba, en su bicicleta a motor, por la carrera 18 con Murillo.

Los domiciliarios tienen en las calles ambas caras de la moneda: en ella está su trabajo y en la misma están los peligros a los que se enfrentan diariamente. Muhammad Noman, joven repartidor paquistaní, tuvo que afrontar otro de los riegos de su trabajo: el robo.

La capital de Sind

Más de 14 mil kilómetros separan a Barranquilla de Karachi, capital de la provincia de Sind, en Pakistán. Es la ciudad más poblada del país, con aproximadamente 22 millones de habitantes. Tiene salida al Mar Arábigo y dos ríos discurren por su territorio: el Lyari y el Indo. Es, también, la principal fuente económica del país, y la mayoría de sus habitantes hablan el Urdú, lengua nacional de Pakistán.

Karachi – Fotografía de Ali Raza Katrina.

Nada extraordinario, excluyendo al terrorismo y la corrupción imperantes, había sido noticia en esta metrópolis árida hasta que un avión de la Pakistan International Airlines colisionó, el 22 de mayo del año en curso, en una zona residencial, acabando con la vida de 99 personas y dejando más de una docena de heridos.

El lunes 15 de junio Karachi volvió a ser tendencia: una cámara de seguridad grabó un robo particular a un joven repartidor que se disponía a entregar un pedido.

El atraco

El lunes 15 de junio, cuando salía de la puerta de su casa para entregar un pedido, Muhammad Noman dudó de su nombre. Llevaba un buzo gris con rosado y se disponía a encender su motocicleta negra para salir a trabajar. Antes de que eso sucediera dos hombres en moto se le acercaron y lo saludaron. “Hola, Salam. ¿Cómo estás?”, fue lo que le dijeron. Él dudó, no entendía lo que pasaba. Eran las 6:40 pm (8:40 am en Colombia) y se encontraba en Nazimabad, un sector de su ciudad natal, Karachi.

Cuando el joven paquistaní notó que empezaban a palparle los bolsillos laterales y traseros supo con certeza lo que era. El parrillero, quien lo había saludado y ahora sacudía sus vaqueros, halló el teléfono y su cartera. Luego, le arrebató la bolsa del pedido. Entretanto, Noman no tuvo otra opción que llorar. Sí, se lamentaba de su pésima suerte. Lo robaban a él, un estudiante que había decido probar suerte dos semanas atrás en Foodpanda (un mercado móvil disponible en 13 países) para generar algunos ingresos. Mientras las lágrimas brotaban de sus cuencas, como él declararía en una entrevista con Dialogue Pakistan (portal de periodismo ciudadano), le suplicaba al hombre de camisa manga larga blanca que por favor le entregase el teléfono, que no era suyo, que se llevara todo, si eso quería, pero menos lo que le habían prestado.

Los ladrones honrados

Una moto y su conductor, que viste de salwar kameez beige (prenda típica unisex de la región), aparecen en la grabación, pero éste no repara en lo que sucede y sigue, en sentido contrario, como si fuera el único en la calle. El hombre de camisa blanca decide devolver el teléfono; su compañero, el conductor, que se mantenía esquivo al procedimiento, ojea la cartera por última vez y la asegura en un bolsillo del joven. Ahora Noman tiene lo que le habían quitado y, para calmar su llanto, obtiene unas palmadas en la espalda y en el hombro. Con el antebrazo intenta secar sus lágrimas. Antes de subirse a horcajadas en el asiento trasero, el parrillero le da un abrazo. El joven, aturdido por las emociones, se acerca a su moto y les da la mano a los antiguos ladrones que, en ese momento, parecen ser sus familiares, o al menos unos amigos muy cercanos. Los hombres lo reparan de arriba a abajo y piensan, quizá, que él es como ellos, alguien necesitado.

Hablando con Dialogue Pakistan, Muhammad Noman aseguró que los hombres le dijeron, mientras lo consolaban y le subían el ánimo, que ellos también tenían corazón.

Un asunto complejo

A pesar de haber salido ileso, y con una buena anécdota que contar cuando se encuentre en el ocaso de su vida, Noman se siente insatisfecho con el trato de la empresa para la cual laboraba. Cuando su familia vio las grabaciones, dijo después, lo retuvieron para proteger su vida y garantizar su seguridad. Él, desde su casa, había contactado a Foodpanda para narrarle lo sucedido. La respuesta fue intransigente: “tiene que entregar el pedido.”

Muhammad Noman en entrevista – Fotografía Dialogue Pakistan

Luego de 25 minutos asimilando lo sucedido Noman no tuvo otra opción que cumplir la orden de la empresa. Declaró, luego, que en la aplicación les habían platicado sobre su seguro y que no tendrían problemas con las prestaciones. Pero al final del día, cuando hubo considerado el riesgo al que se enfrentó, y cómo su empleadora había pasado por alto las condiciones de los repartidores, decidió desvincularse de Foodpanda.

Contrario a las declaraciones del afectado, Nauman Sikandar Mirza (CEO de Foodpanda) aseguró que la empresa es una de las pocas en Pakistán que proveen recursos y raciones a sus conductores, los cuales se vieron afectados por el cierre de emergencia de las zonas donde laboraban. Foodpanda cuenta con más de 15 mil trabajadores y es uno de los mercados móviles más importantes del Asía Pacífico. Sikandar, además, instó a las autoridades paquistanís a ejecutar acciones que favorezcan la protección de “los héroes trabajadores.”

Actualmente Pakistán cuenta con casi 210 mil contagiados por COVID-19 y más de 4 mil fallecidos. Sind, región donde se haya Karachi, tiene más de 80 mil contagios.

Las necesidades de los domiciliaros están más vigentes que nunca. Si bien muchos ingresan, como Noman, para generar ganancias adicionales, hay una gran cantidad de trabajadores que, no teniendo opción en otros sitios, deciden dedicarse completamente a esta arriesgada y compleja labor. La contingencia de la COVID-19 exhibe, en el caso de algunas empresas, la fragilidad con la que sostienen a sus trabajadores de primera línea, los motociclistas y ciclistas, que arriesgan su vida en las calles sin seguros o garantías establecidas.

El video:

 

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