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Un debut digno de Mundial

En el partido inaugural, Brasil y Croacia reflejaron el altísimo nivel del fútbol actual, más allá del error garrafal del árbitro japonés y de los desperfectos de la fiesta que abrió el Mundial 2014.

Por Jorge Sarmiento FigueroaEditor general

Brasil tiene presiones por todos lados en este Mundial de fútbol. Todo lo del contexto relacionado con la organización ha sido un karma. Que faltaran pocas horas para empezar la ceremonia inaugural y el estadio Arena Corinthians aún tuviera telones de construcción, es solo la punta del iceberg si se compara con las innumerables protestas que desde la Copa de Confederaciones se vienen presentando a lo largo del país y los informes de abusos y violencia que las autoridades militares han venido perpetrando contra la población más vulnerable en nombre del éxito del principal evento deportivo del planeta.

Ya en lo futbolístico, las presiones no son menores. Ser la selección anfitriona es solo un privilegio si se llega a la final. Porque mientras se sube la cuesta partido tras partido, los jugadores y el público sufren una agonía indecible por el honor de representar en grande al país. El antecedente de esta historia de ser los anfitriones de un Mundial es trágica para la selección auriverde. 1950, el ‘Maracanazo’, gravita como un fantasma sobre la mente de los brasileros.

Pero Brasil es Brasil, el equipo más laureado de la historia, el del ‘jogo bonito’ y por tanto el llamado a ser siempre favorito, juegue donde juegue.

‘Jogo bonito’, pero primero es ganar

Neymar se pone la ‘canarinha’ y deja enseguida el disfraz de angelito que tiene en el Barcelona para convertirse en un diablo del fútbol. Por eso lleva la ’10’ de Pelé, de Socrates, de Zico, de Rivaldo, y ya es uno de los top ten del ranking de goleadores históricos de la selección brasilera.

El frágil jugador lleva las riendas del equipo y es el único con vía libre para hacer lo que quiera, lo que imagine dentro de la cancha. A los diez restantes, Luiz Felipe Scolari, el técnico que ya sabe lo que es alzar una copa mundo, les ha pedido entrega absoluta a la disciplina, a la laboriosidad, a poner la envidiable técnica individual al servicio de la idea colectiva.

Quizá por eso en el primer partido contra Croacia se vio a un Brasil buscando ganar y luego, si se encuentra, disfrutar el juego vistoso. Oscar, el que lleva el número once de la ‘canarinha’, fue uno de los pocos que recordó en el debut destellos del fútbol que conquistó al mundo en varias ocasiones.

Los croatas, que también tienen un amplio palmarés mundialista, se pararon firme en la cancha, le dieron la cara a los pentacampeones, Rakitic y Modric se adueñaron del medio campo y muy temprano tocaron la puerta hasta que abrieron el marcador.

Pero Neymar despertó, salió endiablado con el apoyo de Óscar y logró el empate antes de irse al descanso.

Al final, el partido quedó 3 a 1, ganó el anfitrión, el que tenía que ganar desde los papeles, el que asusta con solo ponerse la camiseta. Pero las dudas están presentes porque Brasil no arrasó, ni mostró la contundencia acostumbrada. Esta selección sufre y eso impacta: uno no ve todos los días a los dioses sufrir para ganar.

En el Mundial están luchando también todos los grandes que han sido campeones (Alemania, Italia, Argentina, España, Uruguay, Inglaterra, Francia) y buscan agazapados su oportunidad. Por ahora quien recibió un regalo fue Brasil, del arbitro japonés Yuichi Nichimura que vio un penalty inexistente que el resto del mundo con los ojos abiertos no lo vio.

El comentarista argentino Juan Pablo Barsky, director periodístico del cubrimiento televisivo para DirecTV, se quejó desde el inicio del partido Brasil – Croacia, por todos los males que aquí reseñamos (logística, organización, arbitro). Pero al final, en el epílogo del encuentro, dijo: «He visto partidos inaugurales desde 1978, y este ha sido el mejor por todo lo que lo ha rodeado y porque hemos visto a dos equipos entregados en la cancha».

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