Por Víctor Herrera Michel
Las elecciones presidenciales de Brasil – que ganó por tercera vez Luis Ignacio Lula Da Silva, esta vez por un muy poco margen frente al actual presidente Jair Bolsonaro, completaron un panorama geopolítico latinoamericano muy distinto al de hace apenas unas décadas cuando se destacaban en la región los gobiernos de ultraderecha comandados, en la mayoría de los casos, por dictaduras militares a lo largo y ancho del centro y sur del continente y que se iniciaron en República Dominicana (1930-1961) y Nicaragua (1936-1956) y prosiguieron en Cuba (1952-1959), Colombia (1953-1957), Venezuela(1953-1958), Paraguay (1954-1989), Bolivia (1964-1982), Brasil (1964-1985), Perú (1968-1980), Ecuador (1972-1979), Chile (1973-1990), Uruguay (1973-1984),Argentina (1976-1981) y Panamá (1983-1989).
Hoy La situación es muy diferente. Son ya 11 los países que siguen la línea ideológica de la izquierda cuyos mandatarios han sido elegidos, prácticamente en su totalidad, de forma democrática: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Venezuela.
Pero independientemente de las similitudes o diferencias ideológicas que puedan tener muchos de estos gobiernos inclinados hacia la izquierda, lo cierto es que ha entrado a esa liga un jugador de marca mayor.
En efecto, Brasil es uno de los países más grandes y de mayor población en el mundo. A pesar de que su densidad poblacional es de las más bajas y tiene pocos inmigrantes. Es la economía mundial nuero 13. Es el cuarto mayor productor agrícola del mundo; el primer productor de Café, Caña de azúcar, cítricos, Carne de res y aves de corral y el segundo mayor productor de Soja. Este año recogerá la cifra récord de 308 millones de toneladas en su cosecha agrícola – principalmente de Maíz, Soja, Algodón, Arroz y Frijol – lo que significa 13,5% más que el año pasado.
En ese sentido, Brasil puede liderar la integración latinoamericana con base en unos parámetros muchos más prácticos en sus relaciones internacionales. Pues si bien el gobierno del presidente demócrata Joe Biden en los EEUU está mucho más dispuesto que su antecesor a escuchar y trabajar con los mandatarios de la región, lo cierto es que, en el caso de Brasil no podemos olvidar que el 33% de sus explotaciones van a China y solo el 11% hacia Norteamérica. Además, de que forma parte del grupo de países emergentes denominado BRICS, junto con nada menos que Rusia, India, China y Sudáfrica.
El gobierno de Lula ahora podría conformar un nuevo bloque económico latinoamericano, con los mandatarios amigos de esta parte del mundo, que pueda regular sus relaciones internas y externas en el intercambio de productos y servicios de una forma mucho más eficiente y ventajosa. Incluso interactuar con otros bloques económicos del mundo como la Unión Europea, La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que ahora se integra con la poderosa China, el T-MEC (EEUU, México y Canadá), la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC) e incluso la Comunidad Andina y la Alianza del Pacifico, de las cuales hace parte Colombia, entre otros.
Creemos que atrás quedaron los postulados del denominado “Socialismo del Siglo XXI”, que pregonaba Hugo Chávez desde Venezuela y que plantearon en su momento la creación del ALBA- Alianza Bolivariana de los pueblos de América – para dar paso a la posibilidad de una integración latinoamericana basada en el respeto y la aceptación de las diferencias y los puntos de encuentro pero, sobre todo, teniendo como objetivo primordial la lucha contra la pobreza y la desigualdad con base en el acceso universal a la educación gratuita, la generación de empleo y la reivindicación de los derechos fundamentales de los ciudadanos del continente
@vherreram
