Sara Martínez, filósofa, nos comparte su reflexión poética sobre las palabras del alcalde de Cartagena de que en los colegios no se debe enseñar filosofía.
Por Sara Martínez
Miro desde el balcón con mi taza de café en la mano
Los primeros rayos de luz rompen el negro celeste
Un hombre de tez oscura trapea los bordes de una piscina
La abuela de tinte rubio pasea al perrito, lo lleva al parque
Su pelaje es tan brillante, tal vez sea feliz
O esté harto de mimos
Escultural, una pareja corre hacia el mismo parque
Dos obreros de tensa musculatura la cruzan
El fitness se toma sus cuerpos a golpe de mona
La dieta no es voluntaria
Esta tarde, fumarán marihuana en los bancos del boulevard
Reirán con ganas, hablarán fuerte
Puede que al llegar a casa
Aún tengan aliento para ese sexo que es más recompensa que deber
Enfrente, un hombre de amplia cintura entrado en años
Abre el garaje para que el carro del patrón salga
Los que sirven no se pensionan
Cuidan otras casas, crían hijos de otros.
Estas cabañas tienen aire de resort
Algunos viven de vacaciones
Cuando ponen sus pies fuera de la cama
La limpieza está hecha y el desayuno servido
Una mujer robusta con delantal barre la terraza
Se persigna, agradece barrer
Para que sus niños coman, vayan a la escuela
Tal vez a la universidad
Si lo hacen, puede que no tengan que limpiar
El alcalde dijo que no hay que estudiar filosofía
Los hijos de los siervos no deben mirar desde el balcón.