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Un aire nuevo

El reciente atentado terrorista en Bogotá, así como su cubrimiento, deja claro que no siempre damos la debida importancia al mundo complejo de noticias, crónicas, entrevistas y editoriales que genera la violencia cotidiana de nuestro país.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo Torres

Esa “realidad virtual”, es la “atmósfera envolvente” que orienta la opinión pública y favorece o dificulta la posibilidad de ser una nación reconciliada y en paz.

Nadie vive la realidad total de la violencia “en directo”. Ni los políticos…ni los terroristas que cometieron el atentado. Cuanto sucedió en El Andino lo vivimos a través del “impacto virtual”, condicionados por una orientación de las noticias, afectados por el sensacionalismo de los medios y por el drama de las redes sociales, que nos dijeron lo sucedido a través de la distorsión y la ambigüedad de lenguajes contradictorios.

Lamentable fue el abrir micrófonos a quienes siempre se les deben tener cerrados. A estas alturas, lo que más nos puede ayudar es tomar conciencia sobre cómo se tratan y abordan estos temas.

Todo esto nos hace pensar que el ejercicio periodístico necesita un aire nuevo. Estamos cansados de ese lenguaje reiterativo, vacío de esperanza, que sólo transmite esquemas estereotipados que terminan en sectarismos y “cainismos”.

Grave cuando el ejercicio comunicacional deja de ser obediente a la verdad, pierde el sentido de la utilidad social de la información y se preocupa solo de informar antes que de formar. Aquí el papa Francisco nos enseña:

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“Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos.El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral”.

Colombia tiene dos urgencias en las que el papa viene a ayudarnos: Necesitamos una palabra diferente que desmonte prejuicios y acerque posiciones y estamos urgidos de un mensaje constructivo y edificante que nos ayude a descubrir lo que es bueno para todos.

La insensatez es alimentar la polémica contraria al espíritu del diálogo. El padre Yves Congar, dijo: “En la polémica no se acepta nada del otro; se defienden las propias posiciones sin admitir revisión o replanteamiento alguno”. Igualmente, Habermas afirma: “la condición de la argumentación es la disposición para escuchar el mejor argumento”.

El fruto de nuestros debates ha sido la esterilidad. Antes que la paz, la prioridad ha sido reducir y destruir al otro. Sólo el diálogo sincero permite avanzar hacia la paz, revisando tanto los dogmatismos excluyentes como la propia postura, y buscar, juntos, el bien de todos. Será un gran día cuando los medios, con un aire nuevo y fomentando el buen espíritu que reclama la Nación, nos pongan a conversar sobre lo esencial.

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