Hasta los primeros días de abril estará abierto al público el homenaje a los 250 años del nacimiento del prócer Antonio Nariño, en la Biblioteca Nacional. Incluye versión virtual.
Por Rainiero Patiño M. *
Toño con tenis rojos. Tirado en el piso de su cuarto, escuchando música. O vistiendo chaqueta de cuero, camiseta amarilla de Montesquieu y gafas oscuras. O más clásico, imprimiendo diarios, pero adelantado a su tiempo. Amarillo, azul y rojo. Una sola historia, tres miradas, tres murales para los 250 años del nacimiento Antonio Nariño: el alcalde más joven de Bogotá, escritor, filósofo, periodista, científico, comerciante, economista, héroe y Libertador.
“Un líder sin convicción suena como un piano desafinado. Los motivos que impulsan a Nariño para hacer lo que hace, son los de una absoluta convicción en la justicia de su causa”, escribió el periodista Enrique Santos Molano, en una semblanza hecha especialmente para la celebración de los dos siglos y medio del natalicio del ilustre santafereño. El texto hace parte la exposición instalada en la Biblioteca Nacional hace ya varios meses y que estará abierta al público hasta los primeros días de abril.
La solución llegó de la calle, del grafiti específicamente. A través de una apropiación con Lesivo, Toxicómano y Erre, tres jóvenes artistas urbanos, se buscó darle el giro y lo que era un problema convertirlo en una oportunidad. “Utilizamos el hall principal como lo hicimos antes con intervenciones anuales para la Revista Mito y Álvaro Mutis, para que estos artistas hicieran murales de 9 metros de altura”, explica Páez.
A partir de allí, junto al curador Alexander Chaparro, un joven historiador de 28 años, dialogaron, leyeron documentos y el guion, e hicieron propuestas. El resultado tres gigantes imágenes.
El primer mural, de color azul, hecho por Lesivo, muestra un Nariño impresor, que es una de las figuras en las que se sustenta el ejercicio. La idea era plasmar al prócer como un joven de su época, retomarlo en su mundo de la imprenta, lector, traductor, librero. Ese joven de finales del Siglo XVIII.
En el segundo, obra de Toxicómano, está Toño en amarillo. Un joven rebelde, con ‘pinta’ moderna, con muestras de sus influencias como Voltaire y Montesquieu, cargado con pines que expresan su pensamiento. Era identificarlo con un pela’o actual.
Con base en ese documento fue construido otro componente de la exposición. La traducción oficial de los 17 derechos fue interpretada por los tres artistas urbanos y crearon una exposición fotográfica. “Me la mecatié en cositas”, se lee debajo de una foto de una persona esposada, para hablar por ejemplo de corrupción política.
“Es como ellos leen esos derechos en la realidad actual. Algunos resultan bastantes fuertes y han causado polémica pero nos ha permitido que un público no muy afín pueda entender y multiplicarlo a través de redes sociales. Es a quienes queríamos llegar, no al historiador especialista”, cuenta Páez.
El tercer componente del montaje es el bibliográfico, más centrado en los libros, y un homenaje a la imprenta. Una recreación de la biblioteca personal de Nariño, con textos similares a algunos de esos 700 títulos que le fueron embargados en 1794 con motivo del proceso instaurado en su contra por las autoridades virreinales por traducir e imprimir de manera clandestina la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Junto a la recreación de la biblioteca, una simulación con toque onírico de ‘El Arcano Sublime de la Filantropía’, ese círculo de personajes ilustres que se reunían en casa de Nariño para tertuliar, donde “tenía lugar la alquimia ilustre de lo más elevado y de gran valor, del altruismo y de la inquietud por el bien común y los asuntos públicos”.
«La Audiencia que conoce el carácter y conducta de este reo infiere otras consecuencias, creyendo firmemente que por la impresión del papel procuró cuanto pudo de su parte propagar estas ideas para que a imitación de los franceses se sembrase en este Reino la discordia, la insubordinación, la independencia, la libertad. Si en el concepto de Nariño el papel no es malo, por eso quería que estos naturales se imbuyesen en su doctrina por medio de la imprenta», dictamen de los fiscales sobre la conducta criminal de Nariño.
Y el último, pero más accesible espacio de la exposición sobre Nariño es el especial virtual. En la página web de la Biblioteca Nacional se puede realizar el recorrido completo por los ya mencionados y otros aspectos importantes de su vida, como la Santa Fe de la época, El Santuario, la Imprenta Patriótica y una secuencia cronológica de su vida.
“Han sido pocos a los que no les ha gustado la exposición”, señala Páez. Algo normal en medio de tantas formas de ver el mundo, libertad de opinión. Pero como señaló Chaparro, el joven curador de la exposición en el momento de la inauguración, “eso que nos parece hoy una obviedad, tiene una historia y al mismo tiempo es historia… Para el caso colombiano, la traducción e impresión clandestina de los Derechos del hombre y del ciudadano por parte de Antonio Nariño, en diciembre de 1793, implicó el comienzo de un incierto y difícil proceso que aún no termina, el del reconocimiento, sin distinción alguna, de la dignidad, de la igualdad y de la libertad humanas”. Es decir que de Antonio a Toño hay mucho trecho recorrido.
Camilo Paez, director de Colecciones de la Biblioteca Nacional
*Con información de la Oficina de Comunicaciones de la Biblioteca Nacional de Colombia
