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‘Todos al parque’ en La Floresta y Las Tres Avemarías

El programa ‘Todos al parque’, de la Alcaldía de Barranquilla, llegó a los barrios La Floresta y Las Tres Avemarías. En 90 días entregarán las obras que incluyen canchas, zonas verdes y juegos biosaludables.

Por Jorge Sarmiento FigueroaEditor general

Los vecinos de mayor antigüedad en el sector se mostraron sorprendidos. En casi medio siglo que tienen de fundados los barrios La Floresta y Las Tres Avemarías, en el noroccidente de Barranquilla, no habían visto una reunión tan nutrida como la que se realizó el martes 19 de agosto, a las 6 y 30 de la tarde, en el parque que une sus límites. Fueron convocados por la Alcaldía y el Foro Hídrico, entidad que se encarga del mantenimiento de los parques públicos de Barranquilla, para informar sobre las inversiones y obras en el parque La Floresta y Las Tres Avemarías.

Al principio estaban escépticos a la convocatoria. «Es que nunca un gobierno nos había convocado para anunciar el inicio de obras públicas en el sector. Siempre venían era políticos en campaña que nos invitaban a oír promesas con sancocho», expresa William Bruges, de 67 años. Pero esta vez vieron personal trabajando, bultos de cemento y maquinaria pesada. Y creyeron.

Sectores beneficiados en ‘Todos al parque’

El sector fue incluido en el programa ‘Todos al parque’, presentado en diciembre de 2013 por la alcaldesa Elsa Noguera y que comprende la recuperación de parques, canchas y zonas verdes de la ciudad, con una inversión de 40.000 millones de pesos. «En esta primera etapa abarcamos 17 parques, es decir 120.000 metros cuadrados, con una inversión de 14.000 millones de pesos. En 90 días debemos entregar resultados de las obras», explicó ante la comunidad el ingeniero Alberto Salah, de Foro Hídrico.

William Bruges ha vivido la mayor parte de su vida en La Floresta. Llegó, como todos los pioneros del barrio, beneficiado por el Instituto de Crédito Territorial. Su casa está ubicada en la esquina del parque, fue de la más costosas de la época. 350 mil pesos, a 15 años de plazo. Se la entregaron en obra negra. En ese entonces el parque no existía. «Esto era una loma de arenilla, un médano del río Magdalena que hacía parte del cementerio de Siape. Cuando llegamos todavía había cruces de viejas tumbas que podían tener más de 150 años de antigüedad. Lo demás era monte y canteras de caliza». La caliza es un material valioso que fue ampliamente explotado por la entonces Cementos Caribe, hoy Argos. Siape era un asentamiento indígena en la delta del río, más antiguo que Barranquilla, que luego se convirtió en Corregimiento y hoy es un barrio de la ciudad, sin rastro de los aborígenes. Su cementerio ahora es parte de la Floresta y Las Tres Avemarías.

Los primeros vecinos contrataron una retroexcavadora para aplanar la falda de la loma y allanar la parte alta. En la falda construyeron una cancha múltiple, un columpio, una rueda-rueda y un «subibaja». De eso solo queda la cancha. En la parte alta no hicieron obras, porque pertenecía al barrio Las Tres Avemarías, pero la dejaron desmontada. Poco después de que pasaran la máquina el viento arrastró la arenilla que había quedado y dejó al descubierto restos de huesos humanos y las huellas de esqueletos sepultados en el cementerio. «En ese momento los vecinos de Las Tres Avemarías corrieron a construir su propia cancha, así fuera de arena, para alejar la mala hora», narra Bruges.

Alcira Donado (derecha) y Carmen Castilla (izquierda). Los ciruelos fueron sembrados por vecinos que quieren embellecer el parque.

Las primeras en llegar a la reunión fueron Alcira Donado y Carmen Castilla, que han vivido más de 35 años en La Floresta. Antes de sentarse subieron a la loma, que en un tiempo fue el epicentro de juegos de los niños y que a causa del abandono terminó convertida en nido del vicio y la delincuencia. «Parece mentira que desde cuando nos mudamos, hasta hoy, no hubiéramos podido subir aquí. Esta loma es un peligro, aquí atracan. Esperemos que todo cambie». La peor época de la cancha se vivió cuando un «matarife» de la mafia local le construyó unas gradas, puso luminarias y organizó un campeonato de fútbol aficionado. Cada domingo los partidos parecían un festín de drogas, mujeres y armas. El día que el falso mecenas partió de este mundo dejó un legado de delincuencia en esa loma. El hierro y la madera con que se habían hecho las adecuaciones se las robaron los viciosos que quedaron en el sector para cambiarlos por droga.

Jaime Barrantes y ediles de la localidad Riomar.

Jaime Barrantes, de 34 años, edil de la localidad Riomar, jugó de niño en ese parque. Era el líder innato para construir chozas y organizar «guerras» infantiles con «huevo e’ toros». Ya graduado como abogado se dedicó a trabajar por el sector. «Él es un ejemplo de superación. Ha ayudado a conseguir recursos para la reconstrucción de vías y fundó una escuela de fútbol infantil para alejar a nuestros niños del vicio», comenta uno de los vecinos. Barrantes presentó hace siete meses a la Alcaldía un proyecto de recuperación del parque y vino a la reunión a defender con sus compañeros ediles la calidad de las obras. «Nos preocupa que el contrato no específica el dinero, ni el tiempo de ejecución ni la ficha técnica de cada parque. Así no podemos ejercer nuestra misión de velar por la buena ejecución de los proyectos en nuestra localidad», manifestó.

El ingeniero Alberto Salah escucha a la comunidad de La Floresta y Las Tresavemarías.

No todos en el barrio reconocen a Barrantes como líder político. Tiene sus detractores y contendientes, que afirman que el edil empezó mostrando resultados pero su capacidad ejecutoria se diluyó con el tiempo. «Las pugnas políticas siempre han existido aquí, como en todos los barrios. Siempre está el que quiere figurar más que otro», analiza un vecino quien cuenta que hace algunos años, muchos antes de que existieran los ediles, hubo un pique candente entre dos líderes del sector que se disputaban las riendas de la Junta de acción comunal. «El de mayor preparación académica y oratoria era un señor de nombre Morgan Sandoval. Pero el más popular era el famoso ‘tiburón’ Oscar Borrás. Resulta que Sandoval llevaba las de ganar en los debates y propuestas, hasta que un día amaneció con la fachada de su casa ‘embarrutada’ de porquería. ¿Quién se la ‘embarrutó’?, todos sabían pero nadie dijo nada. Al mes Sandoval vendió la casa y se marchó para no volver. El barrio tardó en recuperar el civismo después de eso».

Antes de responder al edil, el ingeniero Salah dio la palabra a todos los vecinos que durante una hora y media expresaron sus dudas e hicieron sugerencias sobre el proyecto que presentó el funcionario y el representante de la empresa contratista, Aconstruir. Algunos vecinos quieren que la cancha múltiple sea sintética, «para organizar campeonatos, atraer a la juventud y así alejar el vicio y a los delincuentes». Otros, como William Bruges, quieren que la zona verde que está por fuera de la muralla exterior se mantenga como zona de parqueo. «Yo no tengo carro, pero soy testigo y a veces hasta mediador de las disputas entre vecinos por la falta de estos espacios. Nosotros fuimos quienes construimos el parque y conocemos mejor sus bondades». Finalmente Gloria de Jiménez, una vecina muy conocida del barrio por su desparpajo al hablar, se quejó: «Pónganle mucho ojo a la seguridad porque si uno de ustedes caminaran como mi marido y yo lo hacemos todas las mañanas por aquí, quedarían borrachos del olor a marihuana. Oye, es que no respetan ni la madrugada ni el almuerzo ni la cena. Puro pollo».


Los vecinos estuvieron muy atentos y axctivos en sus intervenciones.

Salah le respondió al edil: «los trabajos en este parque cuestan 580 millones de pesos, más un 30% del AIU (administración, imprevistos y utilidad de los contratos). Pero no solemos dar cifras puntuales porque la inversión puede variar por beneficios de compras globales del proyecto». También le respondió a los que presentaron la iniciativa de la cancha sintética: «Es muy interesante, pero tengo que presentarla al Instituto Distrital de Recreación y Deportes. Ellos son los que determinan si es viable. Le prometo que la presentaré, pero le advierto que debo empezar a trabajar; si ellos se demoran en responder, el contratista tiene que ejecutar los diseños definidos». Al vecino de la zona de parqueo le contestó en términos similares, porque es la secretaría de Movilidad la que define si puede ser utilizada para ese fin. Pero lo felicitó públicamente porque Bruges es quien llama a Foro Hídrico cada tres meses para que poden y limpien la maleza del parque. Para contestar a la vecina que pide seguridad, el funcionario le dio la palabra a Arturo García, del Fondo de Seguridad, quien explicó cómo están haciendo «inteligencia ciudadana» con la policía para enfrentar el microtráfico de drogas y a la delincuencia común. «Ya varios vecinos de estos barrios hacen parte del frente de seguridad y los vamos a dotar de más equipamiento y respaldo. Solicité un CAI móvil para la zona», informó García.

Cuando estaba por concluir la reunión, el vecino de mayor edad de los que asistió, Tulio Meza, un polonuevero de 70 años que se radicó en la década de 1960 en Las Tres Avemarías, pidió la palabra: «Si la cancha es así o asá, si tiene baños, parqueaderos o salas de cine, eso no es lo que me importa. Yo quiero que miren a esos niños que están esperando a que les desocupemos rápido su espacio para jugar, ellos son los más felices con lo que se haga por el parque. Para mí lo más importante es que por fin, después de medio siglo, nos volvemos a reunir, que nos conozcamos, y mucho mejor si alguien del gobierno nos viene a contar de obras y no de promesas».

A las 8 y 30 de la noche se fueron los vecinos. En el parque quedó la alcaldesa local de Riomar, María Josefina Pérez, que le decía al ingeniero del Foro Hídrico: «Es la primera vez que veo que das todo el detalle de la información. Por favor haznos más partícipes del proyecto porque la comunidad no es tonta y se da cuenta que los alcaldes locales no tocamos ni pito ni flauta en la ciudad. Y eso no es bueno para la Alcaldía distrital». Detrás de ellos los niños empezaban a jugar al fútbol.

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