Hay estudios que nos dicen que un jugador, sumando cada instante en el que entra en contacto con el balón durante un partido, juega en promedio aproximadamente tres minutos.
Por: Javier Castell
Yo creo que el pasado jueves frente al América, Teófilo Gutiérrez multiplicó por dos o por tres esa cifra.
Les dio pases a todos, los puso a jugar, los invitó decididamente a prodigarse, a ser protagonistas. Salvo Viera, los demás fueron beneficiarios de la sabiduría de Teo para asociarse. Hasta la red del arco americano recibió un pase de Teo en el tercer gol del Junior anotado por él.
Y si tomáramos el software que marca, con más calor, las zonas de mayor influencia de un jugador, la de Teo el jueves será un incendio que cubrió todo el terreno que va de la mitad de la cancha hacia el arco del América.
Lo paradójico de la estupenda demostración de Teo es que su compañero más cercano, Ovelar, decrece. Después de dos partidos jugando juntos, el paraguayo parece haberse quedado sin funciones, sin tareas. Su lesión probablemente aplace un tiempo la apuesta del entrenador. Yo creería que, de insistir en la titularidad de la dupla, ante tan avasallante personalidad de Teo y su influencia en el juego del equipo, Ovelar tendría que reeducar movimientos y recuperar destrezas del ‘típico’ nueve.
No sé si Junior va a jugar así tan bien, como frente a América, lo que resta de la Liga y los otros torneos, pero su versión casera es ilusionante. La de visita aún no (no me refiero a resultados sino a oferta de juego). Esta ha sido más reprimida, menos dominante y sin la prepotencia de la de local.
Con Teófilo así de comprometido como se le nota hasta ahora, las posibilidades aumentan. Con un director de ese nivel, sus compañeros no tienen escapatoria: tienen que jugar bien y con ambición. Tengo la impresión de que Teo se quiere graduar de crack. Y eso solo se alcanza cuando se hace mejores a los compañeros, cuando se hace jugar mejor al equipo. Contra América, Teo dio un puntapié inicial.