Por: Cecilia Gil Barvo (Abogada e investigadora cultural de San Juan de Betulia, Sucre)
Desde el pasado 3 de abril que se reinició la Ruta del Color rompiendo la pausa traída desde el mes de enero, cuando se pintó la primera casa, Betulia parece otro pueblo: sin mar o río, sin eventos culturales o deportivos convocantes, sin peregrinaciones religiosas, sin conciertos o grandes músicos que provoquen la multitud de visitantes que llenan las calles: familias y grupos de amigos, aún con las mascotas, forman auténticos ríos de personas que se turnan en los diferentes sentidos que marcan la Ruta del Color.
Las 12 primeras casas que van en el avance de la Ruta han sido visitadas por oficinistas, comunicadores, influencers, campesinos, estudiantes, motociclistas, ciclistas, artistas, gestores, y una larga lista de interesados en ver lo que pasa en Betulia, el pueblo sencillo de la sabana sucreña que se veía en los periódicos por noticias grises o se conocía por la dinámica económica del diabolín -acá renombrado yabolín- producto que echó a andar el nombre del pueblo como un concepto que se transmite pero la gran mayoría no sabía su ubicación geográfica.
Esos ríos de gente vienen de municipios de Sucre y de otros departamentos y la memorabilia de la Ruta registra las historias que van dejando a su paso: muchos cuentan que apenas supieron de la Ruta salieron para el entonces desconocido Betulia, como relatan un grupo de amigos procedentes de Montería. Dentro de esas historias también están las de la diáspora betuliana: betulianos que vuelven al encuentro con sus viejas casas, las de sus abuelos, las de su infancia, las de su ocasional estadía: hay tiempo para la nostalgia en la Ruta.
La fuerza creativa de La Ruta del Color ha impulsado una dinámica social y cultural en San Juan de Betulia, que es creciente, además ha impactado a municipios de diferentes departamentos que ya han iniciado su propio proceso de pintar casas de palma.
TALENTO ARTÍSTICO LOCAL PARA LIENZOS DE BAHAREQUE
Al iniciar la Ruta, su creador Óscar Ortega Gil dispuso que él enviaría los diseños desde París. Él recibe la foto de la casa a intervenir y el proceso creativo conlleva el minucioso compromiso con la originalidad y una narrativa asociada a la historia de la casa, sus habitantes o el sector. De tal manera cada diseño es único e irrepetido: Inspiraciones étnicas en África y la cultura wayúu y zenú; los juegos tradicionales como el trompo y las bolas de cristal; oficios tradicionales como las labores del campo, la artesanía de las hamacas y las colchas de retazos; naturaleza vibrante o geometrías asombrosas.
Un catálogo colorido y extraordinario va llenando las calles de portento artístico como no se hubiese pensado, y en esto debe hacerse justicia diciendo que la obra se completa cuando el grupo de artistas betulianos, la mayoría empíricos y algunos con formación artística, -pero duchos en el arte del mural y del aviso de pared- sacan lo mejor de sí, de su talento, para plasmar en un lienzo de bahareque revestido de boñiga o cemento una obra artística creada en París para recrear en Betulia. Una labor voluntaria, pagada con el elogio y el aplauso de una comunidad que los considera sus héroes.
Ellos son:
ALBEIRO MENDOZA ASCENCIO
Fue el primero en vincularse a la Ruta del Color, hace parte de los Amigos del Parque creyendo en todo el proceso «como un factor de progreso y embellecimiento del pueblo». Fue motivando a sus amigos artistas para que participasen. Se considera un guardián del proceso a fin de que quede plasmado de manera fidedigna en la pared el diseño que envía Óscar. La pintura, el muralismo, el estampado de camisetas son parte de su trayectoria muy meritoria por el esfuerzo propio de aprender y perfeccionar su arte.
ANSELMO GIL GIL
Es Licenciado en educación con énfasis artística, egresado de Cecar y de la Escuela de Bellas Artes de Sucre.
Saca tiempo a su labor como docente para hacer su aporte a la comunidad a través de La Ruta del Color. Asi lo expresa: «Mi rol es plasmar en las paredes de las casas los bocetos de los diseños que envía Óscar Ortega, y por medio del color el acabado final, siempre pendiente de que todo quede bien, corrigiendo al máximo para que se alcance la meta deseada, ya que el público es el jurado calificador».
Se integró cuando pintaban la tercera casa, la de las mariposas, «por coincidencia pasé y los organizadores me vieron y, como conocen de mis cualidades de pintor, me dijeron venga lo necesitamos para que dibuje las mariposas, y fue tanta la emocion que quede conectado con el proyecto».
APOLINAR BARRETO DÍAZ
Artista empírico con una amplia trayectoria y reconocimiento por trabajar en murales, estampar camisetas y manualidades; lo cual alterna como músico percusionista en dos agrupaciones musicales de la región. «Mi vinculación a La Ruta del Color la hice porque veo algo muy hermoso en el embellecimiento de esas casas de palma y bahareque para resaltar la importancia que han tenido durante mucho tiempo, recordar esos lindos tiempos que vivimos con nuestros abuelos llenos de mucha paz y tranquilidad, tiempos que seguirán siendo incomparables».
YASMIM LORENA LÓPEZ ACOSTA
Es Licenciada en ciencias sociales, con estudios en artes plásticas en Sincelejo. Actualmente es docente y madre de Rubiel Alexander, quien la alentó a unirse a la Ruta por su talento artístico.
Expresa: «Las personas que en verdad queremos a nuestro municipio siempre hemos tenido la ilusión de verlo crecer con el sentido de colaboración y unión sin interés donde cada persona se regocije de alegría al ver la prosperidad».
JADER AVILEZ GIL
Comparte con varios de los anteriores la calidad de docente. Es Licenciado en Educación básica con énfasis en educación artística. Es tecnólogo en arres plásticas de Bellas Artes de Sucre, gracias a una beca que ganó cuando cursaba octavo grado. Es docente de arte y cultura. Sin duda la dedicación al arte ha sido una constante en Jader Andrés.
Atraído por este proyecto comunitario de gran trascendencia, se integró a La Ruta. Sus días de descanso los invierte aportando belleza a las tradicionales viviendas.
JUAN SEBASTIÁN HERNÁNDEZ BLANCO
A sus 24 años aún persiste en su inclinación que desde muy niño ha tenido por el dibujo y la pintura, siendo en sus cuadernos escolares donde plasmaba su talento, con el cual a sus 19 años ingresó a la Escuela de Bellas Artes, en Sincelejo, «para pulir mi talento y aprender técnicas de dibujo y pintura», comenta.
Ya tiene el reconocimiento de la comunidad por su arte y creatividad: «Me gusta plasmar pintura en un lienzo, en él represento sentimientos, emociones y situaciones; y los convierto en una obra de arte que deleita los ojos de las personas que la miran y enaltecen mi capacidad para pintar».
La Ruta del Color le representa un espacio para demostrar su talento artístico, un don que le ha dado Dios, mientras aporta al progreso de Betulia.
