Del 24 al 27 de junio se celebra el Festival Nacional e Internacional de las Artes de Suan, una fecha que coincide con el natalicio de su fundación hace 195 años, y con la creación de su tradicional y distinguida comparsa, Son de Pajarito.
Por: William Castro A.
Del santísimo jojoto
De tramo en tramo se vislumbra el acabóse de una odisea por la entrega de obras de la Calle 30, Avenidas Circunvalar y Cordialidad, por las que diariamente vemos que ocurren toda clase de accidentes -algunos más fatales que otros-, robos y bloqueos, que cada vez llenan de más inseguridad social a una Barranquilla pujante del cambio y la transformación. Eventualidades recientes como la inauguración del Centro Comercial Parque Alegra, inundaron en su momento los medios con noticias que agradecen a nuestra administración por el trabajo que, a fin de cuentas, está en todo su deber cumplir.
A medida que observo cómo se suceden los municipios del Atlántico en dirección Sur, me doy cuenta que presentan distintas tonalidades y matices reflejados en los rostros de la gente que, poco a poco, pasa de desplazarse en los populares “motocarros”, a andar en sus rústicas bicicletas por las empinadas de Sabanagrande, hasta volver a dar tarde o temprano con la ribera del Magdalena.
Como niño que revisita la tierra en que nació, me paseo por la calles del municipio de Suan, el día en que se celebra su XXV Festival Nacional e Internacional de Artes, el cual año tras años se encarga de organizar la Gobernación del Atlántico y el Ministerio de Cultura, para en asociación con otras entidades locales vestir de fiesta a sus diferentes asistentes y habitantes los días 24 al 27 de junio, una fecha que coincide con el natalicio de su fundación (¡hace 195 años!) y con la creación de su tradicional y distinguida comparsa, Son de Pajarito.
Tan solo llegar al Parque Central en horas de la mañana, me despierta una oleada de sentimientos nuevos por la cultura que emerge de las entrañas del pueblo hace veinticinco años, tomando como referente principal las fiestas del Carnaval de Barranquilla a la hora de seleccionar las 28 delegaciones departamentales, nacionales e internacionales que conforman la agenda de este año: Países como Venezuela, Ecuador, Chile y México, deleitan a la gente con las expresiones del folklore hispanoamericano a través del teatro, la danza y la música en una lluviosa jornada de apertura que finaliza con rueda de fandango.
Los días siguientes, frente a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, representaron un puente festivo al que se sumaron las exposiciones gastronómicas, artesanales y pintorescas de las delegaciones de Armenia, Garzón, Huila, entre otras, al igual que las regiones hermanas de La Guajira, Magdalena, Córdoba y Bolívar. Sin dudas una explosión de sabores y talentos, donde se rescata al mismo tiempo el diálogo con la comunidad encantada por los talleres de baile y música dictados por docentes de la Universidad del Atlántico, sede Suan, así como por las tortas de guineo gourmet y jojoto que preparan las matronas del municipio amante del bollo e’ yuca y los enyucados.
A Son de Pajarito
Y aún dentro de la fiesta del arte se vive la tradición del baile cantado, aquella que nace a la orilla de los pueblos aledaños al canal del Dique: Manatí, Campo de la Cruz y Suan, portavoces de esos pájaritos que se acercan a las ventanas de las tristes mujeres para alegrarles el día con sus canciones. “No hay que confundir una danza con otra”, sienta el director de la Casa de la Cultura de Suan, Antonio Narvaez, para quien distan los movimientos y estilos de las cantaoras en escena, “tal como el canto mismo de las aves”.
En esta oportunidad se cuenta con la participación del colectivo Cantaoras del Atlántico, dirigido por el maestro Roberto Camargo Caballero, docente de Música de la Universidad del Atlántico, Facultad de Bellas Artes, cuya extensión de Cultura apoya siempre estas iniciativas, aportando las expresiones populares propias del departamento como la cumbia, el mapalé y el bullerengue, enfatizando en esta última muestra y sus diferentes variantes rítmicas: la chalupa, el fandango de lengua y, quizá el más melancólico, bullerengue sentao:
“¡Le le le, le le le, ay se fue mi pajarito pa’ no volver!”
Por otra parte, en el diálogo sostenido entre los hacedores y la comunidad suanera, se reflexiona sobre la importancia de aplicar prácticas como la avicultura en el municipio, a manera de método para acabar de una vez por todas con la venta ilegal de las aves o especies endémicas del departamento, tal como la mirla, el copetón, el golondrino y el colibrí, que son comercializados por los mismos habitantes en ciudades vecinas como Barranquilla, corriendo en más de una ocasión el riesgo de ser retenidos por la policía en pleno tránsito intermunicipal.
Con más de 400 expositores de la cultura provenientes de todo el mundo, resulta un reto para los gestores y hacedores mantener una organización y logística que, en cabeza del señor alcalde, Danilo Cabarcas Orozco, confiesan desde un principio haber estado comprometidos con garantizar una estadía, alimentación, y transporte de talla para todos los artistas invitados, logrando una inversión de 160.000.000$ de pesos como fruto del esfuerzo y conservación de las relaciones trazadas entre instituciones de la cultura que han perdurado en actividades pese a los estragos de la pandemia.
Aniversario Real
Y como no podía faltar en esta tierra impulsada por las labores ganaderas desde tiempos de la colonia, se suma a este marco de celebraciones el natalicio 195 de Suan, consolidando la trinidad festiva del descubrimiento en el año 1827, época en la que no obstante y ya existían una serie de caseríos elaborados por pobladores de Manatí y Campo de la Cruz que intercalaban comercio con Cerro de San Antonio, municipio situado en todo el frente del Atlántico, cuyo río Magdalena era atravesado por el ejército de Simón Bolívar en busca del combustible necesario para seguir con su trayecto.
“Ese era entonces el intercambio comercial que había”, cuenta el señor Efraín Guerrero Fonseca, ex-agricultor, constructor y artesano nacido en Suan, quien lleva años exponiendo su trabajo en este festival al tiempo que funge de portavoz consciente de las historias que narran cada una de sus creaciones.
Es así como perdura en la mente de este suanero la memoria oral de la llegada del conquistador español, Don Diego Martín de León, quien entonces y por la dificultad de seguir remando río arriba para dar con la riqueza anfibia de la hoy inexistente Ciénega Real que comunicaba gran parte del Atlántico, acabó instalándose en una tierra tan fértil como propicia a la construcción de chozas que poco a poco fueron dando vida al pueblo que hoy lleva por nombre Suan de la Trinidad, fe a la que era devoto.
Añade además que “El nombre Suan llega porque había una cantidad de árboles llamados suan, situados a la orilla del río Magdalena”, que al igual que las maderas de guayacán y ébano, se utilizaron hasta la década de los 80’s como materia prima para elaboración de la apiladora de maíz, herencia de nuestros ancestros africanos que ya venían de construir unos resistentes pilones”. Fue entonces con la llegada de los molinos que a su vez llegó el bollo e’ yuca, la arepa, las tortas, los enyucados, entre tantas otras gastronomias que le proporcionan una identidad única al pueblo.
Pero no todo es fiesta para Efraín, quien manifiesta año tras año su preocupación por la economía del municipio, al que se le agotan las herramientas claves del trabajo agricultor y pesquero, cuya Ciénega hubo siempre de mantenerlo estable. “De vez en cuando llueve y se moja un poco, pero no le entra el agua del río magdalena, no le sirve al pez pequeño que solo se pesca en momentos fértiles o vulgarmente hablando “enhuevados”.
Por lo que a falta de tierra y pesca, no es sino el turísmo informal el último recurso que a la actualidad sostiene a varios de los municipios del Atlántico, en los que las fábricas e industrias de manutención, son en realidad fábricas e industrias de la cultura, que con el esfuerzo de toda una comunidad logra cumplir una programación presencial y apta para todas las edades, que tras el desfile de cierre, condecora a sus participantes con la medalla del gran árbol de suan bajo el esplendoroso brillo de los fuegos artificiales.
