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Soledad sagrada

EL COMENTARIO DE ELIAS por Jorge Guebely

Nada incomoda tanto a una persona corriente como su consciencia de ser otra partícula más desprendida del universo navegando en sus risibles delirios de importancia personal. Hueco lleno de paja como diría el poeta Eliot. Algunos satisfechos en su condición ondeando sus mentiras para ocultar la dramática verdad bíblica: nuestra antigua expulsión del paraíso terrenal.

Pero el arte salva según Schopenhauer y la palabra del poeta ilumina, se empeña tercamente en dilucidar esa condición de evacuado. Lo hace Amadeo González en su bello poemario, “Un día sin fin”, reforzado con un subtítulo: “una voz de eternidad”.

Su palabra poética trasciende lo inmediato y apunta a lo invisible de lo visible. Odisea humana para romper la ingenua ignorancia original: “Tomados de la mano/ nuestros cuerpos/ yacen sin saber/ que todo es eterno,”. También, efímero

Aventura que se inicia distanciándose de la moral de rebaño urdida por el poder para crear feligresía. “Soy libre y libertino/ frente al rebaño…”. Lúcido distanciamiento que le permite reconocerse como otro ser más en la maravillosa diversidad universal, impulsado por el azar, voz sagrada del Universo. “Soy un anónimo/ Sin otra meta que aquella/ Me señale el acaso…”.

Allí descubre el sonido del silencio, melodía del vacío donde todo es nada según el Budismo, ausencia de etiquetas que empañan el ser. “Yacen los silencios/ entre la frondosidad de las palabras/ Todo es la nada…”.

Entonces le basta la lluvia para transitar las sensaciones de los tiempos originales. En la lluvia, “Todo es tan distinto/ hoy vivo una sensación/ permeada por el agua/ que lo inunda todo.”

La consciencia lo ilumina, le descubre que solo somos un invernadero de ilusiones de sueños diurnos que marchitan la existencia. “En el fondo/ somos ilusión/ de un invierno/ que nunca se espera.”

Maravilloso viaje hacia los territorios de la soledad para descubrir y percibir la plenitud de la nada. “Como un todo/ donde la nada/ nos invade, nos llena, nos seduce/ hasta el encantamiento.”

Viaje para contemplar el infinito exterior e interior donde la sed de venganza solo es otro malestar del ser humano. “Así contemplo el infinito/ como una realidad/ que se escapa de mis manos/ me quita la sensación/ y la sed de venganza/ que anida en todos los mortales.”

Distanciado del ruido, el poeta Amadeo ha encontrado en la soledad el respetable silencio que antecede a la consciencia original. Soledad que explicaría el epígrafe de Fernando Pessoa en el poemario: “Ser poeta no es una de mis ambiciones. Es mi manera de estar solo.” Solo en la soledad sagrada, diría yo.

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