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Sindicalistas piden perdón por matoneo a directora del Sena Atlántico

En acto público, sindicalistas ofrecieron disculpas a Jacqueline Rojas, quien  tuvo que acudir a una tutela para defenderse. 

 

Fin al matoneo en Sena Atlántico, video cortesía de El Heraldo

Por Chachareros

Lo que piensa la mayoría de educadores y personal administrativo del Sena seccional Atlántico es que “está bueno el culantro, pero no tanto”, porque en ciertas entidades el sindicalismo sobrepasa los niveles de la confrontación obrero-patronal y cae en la ofensa, el insulto y en la mayoría de las ocasiones se aprovecha del estado de indefensión de la víctima.

Como en el caso ocurrido en el Sena seccional Atlántico, en donde cinco cancamanes sindicalistas rejugados arrinconaron a la directora seccional, Jacqueline Rojas Solano, quien además de ser mujer, es sencilla, decente, frágil y cariñosa. Toda una dama. ¿Cómo puede un dirigente sindical que se respete dirigirse en términos desobligantes e irrespetuosos a una persona con ese perfil?

Jacquelín Rojas Solano, directora del Sena seccional Atlántico, entrevistada luego del perdón y las disculpas públicas que presentaron los sindicalistas por ‘matoneo’.

El sindicalista Carlos Rodríguez manifestó que con esta decisión judicial se “le están poniendo mordazas a los sindicalistas”. Falso. Se le están poniendo mordazas es al abuso de la condición de dirigente sindical y a la superioridad de número, de género y de lenguaje para una confrontación ideológica sana y constructiva.

La situación que vivió Rojas Solano fue bastante difícil, según narró antes de que se produjera el acto público de perdón gracias a la acción de tutela que se falló en su favor.

“Desde antes de mi posesión como directora, estos dos trabajadores han desarrollado diferentes prácticas de ataques personales. Sacaron comunicados donde cuestionaban mi identidad sexual y mis antecedentes familiares. Me acusaban de actos inmorales y difamaron sobre mi hijo y mi padre”, señaló.

“El primer año fue durísimo. Sufrí de bullying y matoneo permanente en la institución. Apenas yo y mi equipo de trabajo llegábamos al Sena, nos lanzaban palabras soeces e insultos. Me culpaban de delitos y abrieron portales web donde difundían sus ataques personales”, declaró con voz quebrada la directora regional del Sena.

Agregó que, incluso, la agresión llegó a ser física. “Tuve una situación muy triste con uno de ellos porque un día, ingresando a la institución, me empujó con todas sus fuerzas contra las rejas y me lastimó. Yo había intentado entrar porque ellos habían tomado la decisión arbitraria de impedir el paso”.

Con respecto al acto de resarcimiento de este martes, Rojas expresó su deseo de reflexionar al interior de la institución, teniendo en cuenta que “este es un caso particular”.

“Por lo general se defiende al empleador. No conocíamos mecanismos para proteger a un jefe de las agresiones y más si es mujer, porque si bien somos muy capaces, no podemos ocultar que aún estamos en estado vulnerable”, dijo Jacquelín.

La hora del perdón y olvido

En medio de un acto público, y a través de una carta abierta, los sindicalistas del Sena, Carlos Rodríguez y Manuel Bustos ofrecieron disculpas a la directora del Sena, Jacqueline Rojas Solano.

El acto de reparación y perdón se llevó a cabo cumpliendo con el fallo del juzgado 24 civil municipal de Barranquilla, que ordenó a los sindicalistas a ofrecer excusas por las agresiones verbales y físicas que Rojas venía sufriendo desde aproximadamente tres años.

La directora general del Sena Atlántico, Jacqueline Rojas Solano, señaló que en todas las instituciones existen diferencias.

“Reconozco y acepto las disculpas públicas, que espero hayan sido con el corazón”, manifestó Rojas, quien señaló, además, que recibió las excusas a nombre de toda la institución educativa del Sena. Agradeció la solidaridad «de todo el personal de la institución, e incluso, de funcionarios y empleados de otras entidades que conocieron de la situación absurda que estaba viviendo».

Lo importante es que reine el perdón y el olvido. Porque si los dirigentes sindicales no quitan de su cerebro el chip del machismo y la fuerza física como dialéctica, la tutela quedaría convertida en un saludo a la bandera. Que esperamos que no corra esa triste suerte y que, Dios mediante, los dirigentes sindicales, por esa sola condición de líderes de un sector solidario, respeten y acaten el fallo de uno de los más reconocidos y hermosos amparos con que cuenta el ciudadano colombiano, gracias a los Constituyentes de 1991.

 

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