Hay que morir para vivir, con esa frase que fue premonitoria él cerró la homilía, diez minutos antes que recibiera dos disparos mortales en el pecho.
Por Francisco Figueroa Turcios
Jamás pasó por la mente del sacerdote Fernándo Meza Luna, párroco de la iglesia Fátima del Barrio Versalles, en la Capital de Sucre, que al finalizar la eucaristía en Acción de gracias de la joven quinceañera, Salwa Argumedo Rodríguez, iba a ser otra victima del flagelo de la inseguridad que vive Sincelejo.
Él presentía la muerte, por cuanto hizo mucho énfasis en ella, cuando efectuaba la reflexión sobre el evangelio de Juan en capítulo 2, versículos del 13 al 25: «Hay que morir para vivir», esta frase la repitió varias veces cuando efectuaba la reflexión sobre el evangelio. «Nos aconsejaba sobre la importancia de la vida y la muerte. Y cerró su homilía, con la misma frase. Parecía premonitorio», recuerda Alexandra Rodríguez, madre de Salwa Argumedo.
El sacerdote Fernando Meza nació hace 53 años en Sincé, Sucre. Ingresó al Seminario Juan XXIII de Barranquilla el 4 de febrero de 1982 y se ordenó como sacerdote el 25 de febrero de 1987. Fue párroco en las iglesias de Toluviejo, la Medalla Milagrosa y el Perpetuo Socorro en la Capital de Sucre; la Santisima Trinidad de San Marco (Sucre) y últimamente fue párroco de la Iglesia Fátima y simultáneamente era docente y capellán de la Escuela Normal de Sincelejo. Hoy Sincé llora a su hijo amado y hasta el cielo se solidarizó cuando hubo una suave llovizna.
Los hechos
Los vecinos del barrio Versalles, al escuchar los disparos, de inmediato salieron a percatare que la victima era el sacerdote Fernando Meza, lo trasladaron a la Clínica Santa María donde fue intervenido quirúrgicamente, pero en plena cirugía falleció a los pocos minutos. Según el parte médico uno de los dos disparos le penetró el tórax.
Repudio
«Desde el dolor y la tristeza por la muerte, pido a todos los sacerdotes oración por él y por su familia. Me duele profundamente y que esto pueda ser motivo de mayor unión entre los sacerdotes. Y que ahora en Semana Santa levantemos la voz pidiendo respeto a la vida humana», resaltó Monseñor Orlando Corrales, Arzobispo de Sincelejo.
Los feligreses católicos no salen de su asombro del asesinato del sacerdote Fernando Meza Luna, mientras que la ciudadanía sincelejana en general se encuentra sumida en la inseguridad que cada día los agobia más.
Voces ciudadanas
«No basta con pasacalles, no bastan las condolencias públicas que quieran evadir su responsabilidad, el pueblo debe luchar para encontrar la justicia y la impunidad que ha desatado caos en el país y en especial en Sincelejo», señaló Giovanny Pirirruso.
«¡Qué infamia la inseguridad en Sincelejo!, por robarle un celular de dan muerte a un servidor de Dios», recalcó Alvaro Díaz.
«La guerra ya no es el monte, ahora es en la ciudad, y Sincelejo no es ajena a este flagelo. Gente inocente muriendo injustificadamente. Los militares ya no hacen nada en el monte,que los traigan para defendernos de los delincuentes», señaló Shady Freyle.
Por su parte el ex-congresista sucreño, Jair Acuña Cardales, fue enfático en pedir a la comunidad colaboración para lograr identificar a los asesinos del padre Fernando Meza. «Convoco a toda la comunidad de Sucre, en especial a la de Sincelejo, a cumplir con el sagrado mandato que impone el artículo 95 de la Constitución, colaborando con las autoridades legítimamente constituidas, en especial con la administración de justicia, denunciando a los autores de tan repudiable acto, señalándolos y, en lo posible, poniéndolos a disposición de la Fiscalía para que el peso de la justicia los someta. Nuestro municipio no puede permitir que conductas como la señalada, más cuando se mata a cualquiera de nuestros ciudadanos y en este caso a un hijo de la Iglesia, queden impunes por lo que se impone un frente común de apoyo a las autoridades, ojalá, y debo insistir, como compromiso con las autoridades, como autoprotección de nuestra sociedad, sin que lo determinante sea obtener la recompensa que se ofrece. La mayor muestra de degradación de la sociedad es el asesinato de una persona y para el caso particular cuando se mata a un Párroco de la Iglesia», enfatizó Acuña Cardales.