Por: Francisco Figueroa Turcios
Shakira hará, por cuarta vez en su carrera, la canción oficial de la Copa Mundial de la FIFA, esta vez de la disputa que tendrá lugar en Estados Unidos, México y Canadá en 2026.
La historia de Shakira con los mundiales de fútbol parece escrita con el mismo pulso con el que se narran las grandes epopeyas populares: una mezcla de ritmo, identidad y memoria colectiva. Desde las playas del Caribe colombiano hasta los estadios donde el planeta entero se detiene noventa minutos, la artista barranquillera volvió a abrir las puertas de la fiesta universal del fútbol.
Shakira vuelve al máximo escenario del fútbol mundial después de haber dejado su huella en Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006, Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010 y Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014. Aunque estuvo ausente en los mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022, la cantante barranquillera continúa siendo un símbolo sonoro de las grandes citas orbitales del balompié.
La nueva canción se llamará Dai Dai y verá la luz el próximo 14 de mayo en las plataformas musicales. El anuncio confirma algo que ya parecía inevitable: cada generación mundialista termina encontrándose, de alguna manera, con la voz de Shakira. Su música dejó de ser únicamente entretenimiento para convertirse en una especie de himno emocional que acompaña celebraciones, lágrimas y abrazos colectivos frente a las pantallas.
La barranquillera ya había marcado la historia de los mundiales con canciones que trascendieron fronteras. Primero apareció Hips Don’t Lie en la clausura de Alemania 2006; después llegó el fenómeno global de Waka Waka (This Time for Africa), una canción que convirtió a África en el corazón rítmico del planeta y que todavía resuena en estadios, carnavales y fiestas populares. Más tarde, en Brasil 2014, volvió a encender la pasión futbolera con La La La (Brazil 2014).
Ahora, con el Mundial de 2026 repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, Shakira vuelve a ocupar el centro del escenario. No es un detalle menor. En una industria musical cambiante y vertiginosa, mantenerse durante dos décadas ligada al evento deportivo más importante del planeta habla de permanencia, vigencia y conexión cultural.
Para Barranquilla, ciudad que respira tambor y carnaval, cada aparición mundialista de Shakira también se vive como un acto de pertenencia. Su figura arrastra consigo el eco del Caribe colombiano: las caderas que aprendieron a bailar entre comparsas, las melodías nacidas entre acordeones y tambores, y esa manera de convertir la alegría popular en lenguaje universal.
Mientras el reloj avanza en el conteo regresivo rumbo al Mundial de 2026, el fútbol vuelve a buscar una banda sonora capaz de unir idiomas y continentes. Y allí aparece otra vez Shakira, como si ya fuera parte del ritual inevitable de cada Copa del Mundo. Porque hay voces que no solo cantan canciones: terminan narrando épocas. Y en la memoria sentimental del fútbol moderno, la voz de Shakira ya suena como un himno que atraviesa generaciones, estadios y fronteras.
