Dentro del marco de la responsabilidad social, la educación es uno de los ejes temáticos de importantes empresas colombianas, con lo cual hacen una gran retribución al país.
Por Francisco Figueroa Turcios
«Aquí en la Cangrejera no quería ir a la escuela, pero es que lo que llamaban escuela era un palo grande de almendra y debajo nos ponía la ‘seño’ en unos banquitos y un tablero clavado en el tronco del almendro», dice Rodrígo Briceño, quien a sus 16 años ha visto pasar la pobreza y la riqueza frente a sus narices.
«Yo una noche, hace años, vi pasar ante mis ojos un cargamento de coca, porque por aquí esto era solitario, y la lancha salía fácil por la Mallorquín hasta el barco que estaba anclado afuera de Bocas de Ceniza. Y los tipos que recibieron la droga entregaron maletines repletos de dólares. Los traquetos cuando se iban, como eramos muy pelaos, tiraron un montón de billetes al aire que nosotros correteamos como si estuviéramos recogiendo cometas».
Hoy las cosas han cambiado, especialmente desde cuando la Fundación Argos en alianza con el Distrito de Barranquilla, construyeron dos importantes instituciones educativas que son modelo en llevar educación a jóvenes de escasos recursos que viven en sectores vulnerables para ingresar a la delincuencia o la droga.
La ‘Institución Distrital Simón Rodríguez’, ubicada en el barrio Villa del Mar (sector conocido como la Cangrejera), perteneciente al corregimiento La Playa y el colegio Metropolitano, que está apostado al lado suroccidental del estadio Metropolitano ‘Roberto Meléndez’: cada uno tiene su historia propia. Son sin duda dos aportes de la Fundación Argos para formar un ciudadano con un mejor tejido social a través de la educación.
Institución Simón Rodríguez
La Fundación Argos visualizó la necesidad de construirle a ese sector de la Cangrejera un colegio. Este sector es el más pobre del corregimiento de la Playa. La única obra que le han construido es la ‘Institución Educativa Simón Rodríguez’, sus calles aún están sin pavimentar y la delincuencia galopea a toda hora.
Hasta hace seis años los estudiantes de La Cangrejera recibían las clases en la calle, debajo del viejo almendro y dos arboles más pequeños, algunos en el suelo, otros en sillas plásticas que los caseteros han botado al mar por inservibles y el mar las devuelve para que les sirvieran de alivio a los alumnos de la escuela. Otros se sentaban en sillas que llevaban de sus casas y diariamente debían retornarlas a la sala del hogar, porque eran pocos los asientos en casa.
Son algunas de las vivencias que recuerda Rosa Mendoza, ya que su hijo Wilfriney Hernández vivió en carne propia esa amarga experiencia.
La institución Simón Rodríguez, construida por la fundación Argos, consta de dos plantas: en el primer piso tiene tres salones de clase y en el segundo tiene dos salones y un salón múltiple. La inversión total fue de 286.000 millones de pesos. Esta institución beneficia desde el año 2009 a 380 estudiantes de 4 a 17 años, en preescolar, y primaria.
Hoy los habitantes del barrio Villa del Mar se sienten orgullosos de contar con una institución como el colegio Simón Rodríguez que, dicho sea de paso, ahora le colocaron el nombre de ‘Eduardo Santos’, y Rosalba Ciro Mazo, vice-presidente de la Junta de Acción Comunal, no comparte esa decisión.»Ya está bueno de tantos homenajes al ex-presidente Santos, mientras Simón Rodríguez fue un gran pedagogo y escritor venezolano. Maestro de Simón Bolívar, sobresalió por sus inquietudes e ideas reformadoras», señala Rosalba.
Rosalba tiene razón en cuanto a que Simón Rodríguez tiene el mérito insuperable de haber inculcado en la mente de su genial alumno las ideas revolucionarias que condujeron a la independencia de cinco naciones a cargo de tan inigualable colegial. En el caso del nombre de Eduardo Santos estaría demás que le pongan su nombre al colegio, disputándole de manera injusta ese honor al maestro de nuestro Libertador, por cuanto todo ese sector, perteneciente al corregimiento La Playa, en la Constitución Nacional de 1991 quedó con nombre propio. Ese sector, todo, se denomina ‘Eduardo Santos’, y no de ahora, sino de antes de que se construyeran los tajamares. De tal manera que todos quedan contentos. El colegio lleva el nombre de ‘Simón Rodríguez’ y todo lo que lo rodea, ‘Eduardo Santos’, tal como lo establece el Acto Legislativo de 1993.
Colegio Metropolitano
Dos mil estudiantes que tomaban clases bajo las graderías del estadio Metropolitano durante diez años, soportando el inclemente sol, la lluvia y otras vicisitudes, no aguantaron más.
Llegó el momento de salir como el armadilla a respirar oxígeno puro, porque lo que recibían metidas en esos huecos debajo de las graderías era el tufo insoportable de las alcantarillas cercanas.
Un día, con el entusiasmo de la juventud de las niñas más avanzadas, convencieron a las profesoras para que las clases se las dictaran afuera, en el césped que está a un costado del estadio. Así lo hicieron durante larguito tiempo, hasta cuando desde el 13 de julio de 2010 vieron reflejado su sueño de estudiar en una instalaciones que mejorara su calidad de vida, gracias al apoyo de la Fundación Argos, en alianza con el Distrito de Barranquilla.
Lo importante y esperanzador es que la iniciativa de grupos empresarial de suficiente músculo financiero han entusiasmado a otros sectores productivos del país para llevar a cabo esta iniciativa privada de vincularse por motivación propia y, por intermedio de sus fundaciones sin ánimo de lucro, realizar enormes obras de un valor humano incalculable, como este de llevarle educación a millares de niños y niñas que carecen de un pupitre.