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Secretaría de Movilidad y Policía renovaron contrato

Por $3.800.000.000 mensuales para combustible y refrigerios 300 patrrulleros están de nuevo en las calles y salidas de Barranquilla. No son suficientes. Se necesitan 200 guías más. 

Por Rafael Sarmiento Coley

En un país en donde ya no se corrompe la manzana sino el árbol completo, en donde el presidente de la Corte Constitucional es acusado de cohecho, y un juez es señalado de ser el jefe de un nuevo ‘cartel’ denominado ‘libertades rapiditas’, es muy difícil que un pobre patrullero que gana un sueldo miserable, no se deje tentar por el fugaz poder que le da ostentar el control sobre los centenares de conductores que pasan por su lado.

El patrullero hace el parte sin levantar la cabeza nunca. Y el casco es como un pasamontoña.

Sobre todo en estos puentes festivos tan largos como el mes de mayo. Frente a una realidad tan aplastante, tampoco se puede el ciudadano echar a llorar. Hay que tener fe y esperanza. Esto tiene que cambiar. Hay que meterle más cultura ciudana. Los superiores que fungen como jefes de esos patrulleros, se presume, son oficiales de la Policía honestos, bien formados con valores y uniformados con sentimientos patrióticos. Como debe ser.

Sin embargo, deben estar muy encima de brotes de corrupción. No por ellos, sino por algunos malandros que manejan unas viejas grúas. Sorprende que a pocos metros de la salida del puente de Olaya Herrera por la Vía al Mar un par de patrulleros, de manera agresiva e intimidante, le orden a un vehículo familiar que frene. Tiene que hacerlo en seco, a riesgo de un accidente, porque el poco inteligente patrullero con cara de orangután le ordene que pare cuando ya el carro está pasado casi frente a él. Su compañero empieza a grabar la escena, también de manera amenazante. A los 5 minutos ya estaba en la escena una grúa destartalada que no se sabe de dónde salió (estaba escondida debajo del puente, como cualquier asaltante nocturno).

Como asaltantes de camino

El ayudante de la grúa sale de debajo del puente de la 46 en forma sigilosa y se insinúa para un ‘arreglo amistoso’.

Salta el ayudante con una cara de atracador y, enseguida, antes de que un patrullero con el rostro oculto tras un casco como pasamontaña llene el comparendo, ya tiene el carro listo, aun con los pasajeros adentro y los enseres que llevan para un paseo familiar, montado en la grúa para arrancar. El comportamiento de todos ellos es el de drogadictos atracadores de esquina. Pretendían soborno. Como los ocupantes del vehículo no ofrecieron dinero en ningún instante, entonces el malandro ayudante de la grúa les sacó la cuenta: en total, si se llevaban el carro salía todo por $600,000 pero se “puede arreglar el chico con $200 lucas”. No hubo respuesta a la extorsión. Se llevaron el carro. Bastaba con que le cretino orangután que tenía tapada con el casco llenara el comparendo y solicitara que el conductor lo firmara, si estaba de acuerdo con los términos del patrullero. Pero es que aquí el ciudadano que paga sus impuestos para que esos pobres patrulleros, esposas, hijos  y sus madres coman, no tiene cómo defenderse ante semejante atropello.

Le encuentran una pequeña falla al conductor: la Revisión Técnico Mecánica se venció dos días antes. Es un carro 2008, que tenía dos años sin necesidad de acudir a esa revisión. Después de esos dos años adquiría su revisión, que en esa época tenía vigencia por dos años. Pero los hampones dueños de una cadena de estas revisiones hicieron lobby en las comisiones sesta del Senado y Cámara en donde sobornaron a un grupito de otros hampones congresistas que redujeron la validez de la revisión a un año. Hay numerosos Congresistas honestos, buenos legisladores. No se entiende cómo dejan pasar por sus narices estos ‘micos’ de Congresistas inmorales a quienes los hampones lobistas les han pagado millonarias sumas. Eso es lo que deteriora la imagen del Congreso. Y eso es lo que desprestigia a un buen sector de las patrulleros que actúan en contubernio con los choferes y ayudantes de las grúas viejas.

Todo esto mejorará

Luis Pulido, Secretario de Movilidad, logró un plan retorno exitoso y sin cáos en ninguna de las entras.

Había el temor de afrontar un tremendo caos en este puente festivo en la salida como en el plan retorno, debido a que no se había renovado un contrato entre la Secretaría de Movilidad del Distrito de Barranquilla y el Comando de la Policía. El asunto era que la Policía insistía en que se mantuviera el convenio por el valor de $3.800.000.000 mensuales, y Movilidad ofrecía $2.900.000.000.

“Movilidad ofrecía esa suma, no porque la Policía no mereciera más por su muy estimable servicio, sino porque los ingresos han variado en los últimos meses y la cartera morosa está alta y el recaudo muy lento”, dijo Luis Pulido, Secretario de Movilidad de Barranquilla.

Al final el muy eficiente Lucho Pulido admitió que, de alguna manera, él tenía la obligación de responder por la calidad de los servicios de movilidad en las vías. La comunidad tiene derecho a una mejor calidad de vida. Por lo tanto no es justo que tenga que sufrir trancones e irrecuperable pérdida de tiempo para llegar al trabajo, escuela, universidad o a casa.

Luis Pulido, funcionario sensato, aceleró los trámites y el paleo se redujo al máximo, para que se garantizara un plan retorno maravilloso. A ninguna hora hubo trancones. Los concesionarios de las principales vías de acceso a Barranquilla le hicieron caso a Luis Pulido, y en vez de poner 4 cajeras somnolientas,  colocaron 15 operarios que agilizaron el tráfico en todos los peajes. Eso se llama eficiencia.

“Llegamos a un acuerdo, y se aceptó la cifra que pedía la Policía, $3.800.000.000, con el mismo número de patrullero, 300 unidades, que son muy poquitas para todo lo que hay que controlar en Barranquilla. Se requieren 200 guías para acelerar el tráfico en especial en las horas pico. Nosotros contamos con un software que nos indica on line dónde está el trancon, y de inmediato enviamos allí una moto de patrulleros o guías, pero hay momentos en que no contamos con ninguno de los dos servicios”, asegura Pulido rascándose la cabeza, preocupado, y, más, porque la jefe de prensa Claudia Cuello le está pidiendo a gritos que le envíe un patrullero para la Vía 40 con 79 donde hay un accidente y tiene los dos carriles bloqueados.

La sugerencia es que, en esos casos, los funcionarios como Claudia Cuello deben andar con su chaleco distintivo y pintura reflectiva, pararse en mitad de la vía y poner las cosas en orden.

El viaje a Corea

Un equipo muy selectivo de funcionarios viaja a varios países asiáticos. Por invitación de dos de esos países, obvio, porque de las arcas de la Secretaría de Movilidad no hay ni para aumentar el valor del contrato de los patrulleros. Van primero a Corea del Sur para hacer un curso acelerado de cómo funciona allá el asunto de Movilidad. Estarán dos semanas en Seúl comiendo róbalo a la plancha. Allá se llama basa es como comer caucho bien adobado. Y aquí en Barranquilla mucha gente se lo come como filete de róbalo.

De Seúl es posible que pasen a Hong Kong y hasta a Mongolia para conocer todos los sistemas de transporte, inclusive, algunos más primitivos que los carros de mula de Barranquilla y los bicitaxis de Soledad.

Dicen, sin embargo, que en Seúl aprenderán mucho. En especial de sistemas de transporte urbano humano colectivo. Con buenos sistemas de automatización con tarjetas electrónicas que le abre la puerta al pasajero desde cuando la muestra a una distancia de dos metros.

Claro, a las puertas del sistema de transporte de allá les hacen un mantenimiento permanente, no como en el Transmetro en donde no le hacen mantenimiento a las puertas desde cuando el sistema está operando. Por eso las puertas están dañadas y los pelaos aprendieron a abrirlas con un palito y por ahí se cuelan. ¿Qué culpa tiene la estaca? La culpa es de la ineptitud. Si Bill Clinton fuera el al Alcalde de Barranquilla pondría letreros en todos los buses de transmetros: “¡Is the ineffective stupid!”. Aquí no lo han querido entender por no disgustar al senador Armando Benedetti Villaneda. Hay que tener en cuenta que aún le quedan aquí unos cuantos voticos.

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