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Se  apagó la voz de una de las mejores reporteras costeñas

Beatriz Manjarrés fue una de las primeras periodistas barranquilleras que se daba combate en todos los frentes del periodismo radial, escrito y televisivo. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Beatriz Manjarrés fue una de las primeras mujeres reporteras que, con lujo de competencia, se le medía a todos los frentes de combate del periodismo barranquillero, además de haber sido una locutora insigne por su voz exquisita que agradaba al oído del radioescucha o del televidente.

Beatriz Manjarrés, en su época de oro en la radio y la prensa de Barranquilla.

Tenía vocación de maestra de escuela y cuando llegaban los ‘primíparos’ a la sala de redacción en donde ella estuviera laborando, los cogía por su cuenta y les daba las primeras clases de cómo hacer bien su oficio.

Su recorrido por los medios de comunicación barranquilleros fue controvertido e intenso. Era una mujer de un carácter suave, pero firme a la hora de combatir una injusticia o reclamar por los derechos de la sociedad civil. Era una contestaría natural, aunque no tenía vocación clara de sindicalista, porque era una periodista ante todo, y, en segundo lugar, una rumbera incansable. Amenizaba gratamente cualquier reunión porque era alegre y extrovertida. Para bailar, era como una pluma al aire, a pesar de sus kilos de más. Y para cantar un bolero, una ranchera o una rumba cubana, gozaba de las virtudes de la buena entonación y excelente oído para adaptarse a las notas de una guitarra, un piano o una orquesta.

Trabajó en varios periódicos y radioperiódicos locales, pero sus mejores años los vivió en El Heraldo, en donde sobresalió por sus magníficas crónicas de diversos temas. Era polifacética y audaz para conseguir buenos temas. Rebelde irredenta, fue una piedra en el zapato para los superiores amantes de una disciplina severa. En El Heraldo aún se recuerdan las peloteras entre ella y el entonces jefe de redacción Juan Gossaín. Como éste último era igual que ella de rebelde, terminaban muertos de la risa. Además, tenían siempre, como último recurso cuando las cosas pasaban de castaño a oscuro, la mediación del conciliador director Juan B. Fernández Renowitzky, quien como su padre, Juan B. Fernández Ortega, han pasado a la historia de ese diario como los mejores orientadores que ha tenido en todos sus momentos. No ha podido el diario barranquillero encontrar un director de la talla de uno de esos dos gigantes del periodismo.

Beatriz deja un hijo: Javier. Y, del mismo modo, deja la historia de sus amores contrariados. Primero con el difunto Édgar Perea, quien recién llegado a Barranquilla no tenía un norte preciso para ubicarse en una ciudad con tanta competencia en la mejor radio que en ese entonces se hacía en el país. Beatriz lo acunó y lo condujo por la senda correcta en la ciudad, hasta cuando ya el negro cogió alitas, conoció al maestro Álvaro Cepeda, quien de inmediato lo puso a vivir con el generoso patrocinio de Cerveza Águila.

Luego Beatriz tuvo un largo romance turbulento con el periodista barranquillero Aquiles Berdugo, el famoso ‘Negro Aquiles’, quien de igual manera fue todo un maestro para varias generaciones de periodistas barranquilleros, hasta cuando dejó la jefatura de redacción del desaparecido Diario del Caribe para irse a Caracas a aceptar una atractiva oferta de la familia Capriles para ejercer un alto cargo en uno de sus periódicos vespertinos. Y muy eventualmente regresaba a Barranquilla y se encontraba con su viejo amor. Un amor a saltos.

En el ocaso de su carrera, Beatriz tuvo una difícil situación económica. Ya no era aquella estrella que se disputaban los diarios y las emisoras. Su vida un tanto desordenada –porque le gustaba la rumba con baile y licor a bordo- le habían causado daño tanto físico como a su imagen.

Fue en esos momentos de angustia que apareció la mano generosa del entonces gerente de Telecaribe, Jaime Abello Banfi, quien la llamó a vincularse al canal en el departamento de Comunicaciones, en donde de nuevo se vio a la Beatriz talentosa, de brillante escritora y excelente voz para la televisión. Marcó toda una brillante aunque breve época en el canal regional.

Fue toda una maestra del periodismo de la Costa Caribe colombiana.

Finalmente, tras varios años de padecimientos, como consecuencia de una prolongada enfermedad (cáncer en el colon), falleció en la madrugada de este domingo. Sí. Beatriz Manjarrés fue una de las primeras mujeres periodistas de Barranquilla y al lado de Josefina Llanos Lara, Margarita Galindo Stefens, Vicky Vives y Yadira Ferrer, entre otras, formó parte del equipo de redacción en el Diario del Caribe, constituido en su mayoría por colegas del sexo femenino.

Su devoción por el periodismo lo demuestra el hecho de haber dado a conocer mundialmente la primicia sobre la trágica muerte de Rafael Orozco, a través de Caracol Radio, a pesar de que ya se había retirado de la radio.

Dueña de una hermosa voz y muy cuidadosa en el uso del lenguaje, Beatriz Manjarrés se desempeñó de manera destacada en la radio, los medios impresos y la televisión, donde en sus últimos años de actividad, antes de pensionarse, se destacó en Telecaribe donde realizó varios documentales sobre energía alternativa y se desempeñó en el control de calidad de los contenidos de la programación.

Su estilo polifacético, lo mismo que su espíritu investigativo le permitieron escribir y comentar temas de Carnaval (una de sus grandes pasiones), política (de reconocida tendencia social), arte, cultura, medio ambiente, farándula y en general de todos los temas que tuviera que abordar.

La velación de Beatriz Manjarrés se realiza en la sala tres del cementerio Jardines de la Eternidad y su sepelio se cumplirá este lunes a las 3 de la tarde. Paz en la tumba de esta pionera del periodismo femenino en Barranquilla. Un sentido adiós a la apreciada colega de todo el equipo humano chacharero.

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