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¡Santa Marta sin agua!

Considerada la ciudad con mayor biodiversidad del mundo, bañada por ríos de aguas cristalinas que descienden generosas de la Sierra Nevada, sufre hoy una calamidad pública por la falta de agua para sus habitantes.

Por Jorge Sarmiento FigueroaEditor General

Panorámica de Santa Marta. Tomado de Paisatours.com

Santa Marta es la ciudad más «vieja» de América porque a ella llegaron a quedarse hace 489 años los primeros conquistadores admirados por la belleza de su bahía y las condiciones naturales de sus tierras, privilegiadas por la desembocadura de varios ríos nacientes en los picos nevados de la Sierra que le otorga su nombre.

A la ciudad, como la conocemos hoy, la cruzan los ríos Manzanares y Gaira, mientras que la circundan otros como el río Piedras, Guachaca, Mendiguaca, Buritaca, Don Diego y Palomino, hacia La Guajira, y los ríos Toribio y Córdoba hacia Ciénaga. Mejores condiciones para contar con estos valiosos recursos las tienen muy pocos lugares en el mundo. Los españoles, a pesar de la locura que tenían en el alma por la sed del oro, tuvieron un atisbo de inteligencia al ubicar ahí la naciente ciudad de Santa Marta. Y no en otro lugar. Fue una de las pocas muestras de sabiduría en 300 años de dominio a sangre y espada.

Donde había ríos ahora solo hay piedras. Tomado de rcn.com

«Es tan irónica nuestra realidad, que en las épocas de lluvia hay tal abundancia de agua dulce que el mar la repele y nos la devuelve por donde haya huecos: calles, alcantarillas, lavamanos, inodoros», relata a brazos abiertos una habitante del barrio Pescaíto, mirando luego al cielo como si con el gesto pudiera invocar que lloviera. Ella prefiere tener la casa inundada y no atravesar esta crisis de ahora cuando tiene que pagar altas sumas de dinero para que el carro tanque le venda un poco del líquido en condiciones de consumo humano.

Racionamiento y carro tanques

Tomado de rcn.com

Lo que primero comenzó con racionamientos en cerca de 20 barrios, adonde la empresa Metroagua responsable del acueducto y el alcantarillado viene escalonando el servicio vital para «garantizarlo dos veces por semana», se agregó la medida de enviarla por carro tanques.

Esta situación que ya lleva varios días se convirtió en crisis para los habitantes, especialmente de los barrios ubicados en las laderas a donde no alcanza a llegar el agua a presión del acueducto, porque ven que mientras en el Rodadero y la zona hotelera el servicio se mantiene constante, a ellos el problema se les acrecienta en proporción con la sequía.

«El clima amenaza con llover, pero de repente las nubecitas que se iban formando se dispersan y sale de nuevo el sol. Mire que hasta la Sierra se quemó de lo seca que está», dice uno de los habitantes del barrio Manzanares, cuyo nombre del sector hoy le resulta un insulto porque se supone que es en homenaje al río de aguas puras y abundantes que hoy es símbolo de la contaminación y la erosión.

Carlos Caicedo, Alcalde de Santa Marta. Tomada de Santamartaaldia.blogspot.com

Para colmo de males, doce carro-tanques oficiales que habían sido enviados a Metroagua para afrontar la emergencia que viven los barrios de gente más necesitada, tuvieron que ser devueltos debido a que presentaban oxidación interna, lo que hacía más grave el remedio que la enfermedad, según tuvo que reconocer el alcalde Carlos Caicedo Omar, quien ha ganado las batallas contra la corrupción, la politiquería y las mafias armadas, pero ahora se enfrenta al reto más duro de todos: la crisis ambiental.

El agua con sus manos

Con la emergencia de no tener agua ni siquiera para beber, la gente de estos barrios de clases populares ha decidido protestar cerrando vías y ya brotan algunas muestras de violencia, reflejo de la desesperación, por un lado, y de la mala hora de la delincuencia, por el otro.

«La Policía nos corretea porque rompemos los tubos del acueducto para poder llevarle agua a nuestros hijos, pero si por mí fuera hasta cogiera uno de esos carro tanques de la empresa y me lo llevara para el barrio, para que a ninguno nos matara esta sed que nos está acabando», protesta uno de los desesperados moradores del sector de María Eugenia, al sur de la ciudad.

Cesar Camacho, Jefe jurídico de Metroagua, afirmó que ya hay «carteles del agua» formados por delincuentes que en carro tanques clandestinos transportan agua robada del acueducto y la revenden en los barrios donde hay mayor necesidad. Ante tal situación la Policía realizó operativos y logró inmovilizar a dos carro tanques que funcionaban sin ningún control de salubridad.

Lo que dice Camacho sobre la naciente mafia de vendedores de agua potable en carrotanques podría ser una voz de alerta para la actual administración, porque un parpadeo en tal sentido como el caso de las mafias de las basuras en Bogotá le costó el puesto a Gustavo Petro, tan de izquierda como Carlos Caicedo.

La extraña coincidencia que agrega otro ingrediente sutil a este conflicto es el siguiente: El Estado debe brindar agua potable gratis a quien carezca de recursos. Así lo recordó la Corte Constitucional al fallar una tutela a favor de una familia que carecía del servicio de agua potable por no contar con los recursos económicos suficientes para adquirirla.

En ese sentido, y fundamentada en el artículo 13 de la carta política, la Corte advirtió que el Estado tiene la obligación de proteger a las personas que sufren “situaciones de debilidad manifiesta”.

De igual manera, la ponencia presentada por el magistrado Gabriel Eduardo Mendoza recordó que el Estado debe entregar diariamente 50 litros de agua gratuita para que dichas personas se abastezcan. El magistrado Mendoza Martelo es barranquillero, de estrato humilde, pero brillante constitucionalista, luego de pasar por todo el organigrama de la rama judicial barranquillera hasta llegar al Tribunal Administrativo y de allí a la Corte Constitucional.

Este fallo podría dar pie para que numerosas personas afectadas por la falta del elemental líquido interpongan y ganan tutela tras tutela. Lo cual pondría en serios aprietos a Carlos Caicedo, sin que él sea el responsable de fondo de la difícil coyuntura que vive la ciudad que administra, debido al pésimo servicio de agua potable.

Hace 56 años, el hijo más ilustre del periodismo del Magdalena, Gabriel García Márquez, tuvo que irse a Caracas, Venezuela, para vivir y contar cómo pasaban días enteros sin agua los habitantes de aquella ciudad, producto de una larga sequía. Su relato, titulado ‘Caracas sin agua’, hace parte de la antología de las crónicas periodísticas. Gabo ni nadie en ese entonces imaginó que solo medio siglo después la gente del Magdalena, que era la más privilegiada del mundo por su riqueza natural, estaría desesperada porque los ríos se han secado, las lluvias no llegan, la flora se quema por el calor y los nevados se derriten.

Son los estragos de la humanidad en la naturaleza. Creíamos que sus recursos eran infinitos, pero poco a poco hemos ido descubriendo que cada río que secamos es también nuestra sed, que cada piedra que extraemos, cada árbol que cortamos, cada animal que matamos sin miramientos, es también nuestra propia muerte. La naturaleza no está forzando a verla como un hogar y no como una fuente de riqueza.

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