El Vice-Rector de la Unisimón fue secuestrado el miércoles y permaneció atado a un árbol corpulento en inmediaciones del municipio de Tubará, Atlántico, hasta cuando se pudo soltar.
Por Rafael Sarmiento Coley, Director
Jugadas de la vida. En efecto, el arquitecto restaurador, escritor, columnista y caricaturista, exactamente a esas mismas horas del sueño tardío de la catedrática, en medio de la absoluta oscuridad, hacía enormes y pacientes esfuerzos por soltarse las ataduras. Poco a poco entendió que no podía desesperarse, porque se le bloqueaba el pensamiento. Y también, para su fortuna, sintió que una de las cuerdas, con el sudor de su muñeca derecha, aflojaba, entonces agitó más ambas muñecas, las dos cuerdas cedieron tras una acción paciente, con leves descansos y suspiros profundos, con una insoportable sed, animado solo por el zumbido y fugaz el paso de las luciérnagas (y se acordaba de la película de Roberto Florez), el canto de las chicharras y los grillos, el vuelo extraño de aves enormes y el canto osco y grueso de los búhos (y se acordó del Rincón del Búho de este portal).
Recordó los rostros como en una película
Cuando, por fin, logró soltarse, se desplomó, por fortuna, encima de una alfombra mullida de hojas secas del ‘árbol corpulento y veranero’ que le servía de carcelero inocente. Reposó. Rezó. Lloró. Repasó los rostros de sus seres queridos, empezando por el de su padre difunto, José Consuegra Higgings, a quien él, el día del sepelio en Jardines de la Eternidad, le dedicó una magnífica elegía salida de lo más profundo de su ser sensible. Recordó a su madre Anita Bolívar de Consuegra y sintió en lo profundo de su alma lo que debía estar sufriendo. Se le revolvieron las tripas, llenas de gases, cuando pensó en Carolina, su adorada esposa, en sus amados hijos Ignacio José, Hermes Camilo y Luis Alejandro.
Tomó aliento. Le pidió a Dios que lo guiara en medio de aquella oscuridad. Estaba perdido del todo. En absoluto. No tenía la menor idea de dónde estaba. Cuando los tipos lo abordaron pocas cuadras antes de la carrera 58 con calle 56, lo obligaron, amenazado por dos pistolas, a colocarse un casco de parrillero de moto. Pero el casco se lo pusieron al revés. Lo de atrás para adelante, para que él no pudiera ver, y nadie lo reconociera. Además, como él toda la vida ha sido un hombre sencillo, viste ropas modestas. A veces sus amigos se burlaban de sus camisas. “Esa cuesta $5 mil en las pilas de los almacenes de la 30”.
No sabe por qué rumbo lo sacaron de la ciudad. Debió ser por la vía a Juan Mina. Pasaron 4 Bocas y Tubará, y, al llegar al Bajo de La Habana, lo más seguro es que hayan desviado por una trocha hacia los bosques tupidos de la zona. Y los que le hicieron la maldad, tras amarrarlo, salieron a la Vía al Mar por la carretera nueva, y regresaron a Barranquilla.
Perdido en la manigua
Ignacio les cuenta a su esposa, hijos y a doña Anita, su angustiada progenitora, que, luego de tomar aliento y bendecir a Dios por haberle hecho el milagro de soltarlo, empezó a orientarse. Caminó a tientas. Hasta cuando el bosque le dejó ver un rayo de luz y un sendero claro, por donde caminó, caminó y caminó, ya al punto de caer derrengado, deshidratado, sin fuerzas, en un claroscuro ya con la esperanza cierta de que estaba solo, sin nadie que lo asediara.
José Consuegra Bolívar, Rector de la Universidad Simón Bolívar, lideró jornada de oración por su hermano.
Los insospechados secuestradores ya habían realizado su intención malvada. Hacerlo pasar un tremendo susto y poner a su familia, y a toda una sociedad, en vilo. Entonces dice que se imaginó escuchar una voz que le decía: “no decaigas, sigue el camino, y si caes, levántate y sigue caminando hasta tu último aliento de vida”. Así lo hizo. Hasta cuando llegó a las cercanías de Tubará y unos labriegos lo llevaron al pueblo, en donde fue recibido y atendido por el Alcalde, Ton Coll. Lo llevaron al puesto de salud, lo rehidrataron y se pusieron en contacto con su familia, que a los pocos minutos estaba allá.
Entre tanto en el Parque de los Fundadores, frente a varias de las sedes –entre ellas la administrativa y la de la Rectoría- se llevaba a cabo una jornada de oración presidida por varios sacerdotes y con la presencia del Rector el consagrado catedrático José Consuegra Bolívar, hermano del afortunado hombre liberado por sus propias fuerzas y ganas de vivir.
“Acababa de regresar de Norte de Santander, en donde inauguramos dos hermosas nuevas sedes de la Universidad Simón Bolívar, una en Cúcuta y otra en Villa del Rosario, en compañía de la Viceministrada de Educación Nacional, doctora Patricia Martínez”, dice el Rector José Consuegra Bolívar.
“Y me sorprende como un golpe fuerte en el hígado esa noticia del secuestro de mi hermano del alma. Yo casi me caigo de la impresión. Quedé lívido y sin fuerzas si quiera para pronunciar palabra alguna. Luego he meditado, y, la verdad es que el más infame de los delitos es el plagio, porque todos sufrimos”, sostiene.
Las hipótesis son varias
La primera era la del secuestro político. Pero fue descartada de plano. La segunda fue la del secuestro extorsivo. Descartada porque jamás hubo llamada pidiendo recompensa para liberarlo, y porque, además, no iban a dejar tirado a la intemperie el producto de un negocio que podía generarles muchos millones.
Y la tercera es la del secuestro para que no moleste tanto con sus actividades cívicas defendiendo el patrimonio arquitectónico de Barranquilla y oponiéndose a la tala de árboles frutales y sombríos. No se descarta, dentro de esa serie de sospechas o pistas que siguen las autoridades que tenga algo que ver la de la polémica tala de los palos de mango en la terraza de la casa de la calle 67 número 54-13, de propiedad del señor Aumerly Char.
En un principio Ignacio Consuegra Bolívar no tuvo nada que ver con el accionar de la organización “La Ciudad Verde”. Dice David Montero, de dicha asociación cívica, que ellos elevaron la voz de protesta porque esos árboles, de 40 años de edad y 10 metros de alto, son un pulmón para los calores tremendos de todo el sector. Se quejaron ante el Departamento Administrativo del Medio Ambiente de Barranquilla (Damab), y la propia directora de ese instituto, la dinámica abogada soledeña Jacquelín Reina, se desplazó hasta el lugar de los hechos con ingenieros agrónomos y asesores jurídicos.
Le explicaron al señor Aumerly Char que no podía seguir con la motosierra contra los mangos, porque ninguno de los dos presentaba problemas por comején, plaga, o deterioro físico irreversible. Lo único que se le permitía era podarlos.
Aumerly aprovecho las horas de la madrugada del domingo y taló a ras de piso los pobres árboles corpulentos. Y el Damab le puso la multa más alta: $100 millones (la más baja es $60 millones) por desobedecer normas del organismo del medio ambiente. No respetó a la autoridad competente.
A raíz de ese incidente, al parecer hubo un altercado entre Consuegra y Aumerly. Consuegra alegaba que había que respetar las normas ambientales y hacer entre todos una ciudad más amable. Aumerly lo mandó para el carajo.
Carolina Ariza recordó que, al momento de salir el miércoles hacia el trabajo, previo paso por el cajero automático, una camioneta Ranger se detuvo justo frente a la casa de los Consuegra Ariza y le hizo una seña con los dos brazos del movimiento de una motosierra. Ignacio le dijo a Carolina: “Bueno, ya nos hicieron la primera amenaza”. Él, que nunca se ha asustado con esas cosas, se despidió de ella como si nada, y se fue.
No se supo más de él hasta este viernes en la mañana, muy temprano, cuando al celular de Carolina entró la llamada del Alcalde diciéndole que su marido estaba en Tubará, sano y salvo, sometido a rehidratación y a chequeos médicos en general. La angustia había terminado para la familia Consuegra Bolívar, Consuegra Ariza y, en general, para la familia de la Universidad Simón Bolívar, de Barranquilla, del Atlántico y la Costa en general, en donde Ignacio es conocido y admirado por su inteligencia y su envidiable sentido del humor.
Comunicado de la Universidad
“Con esta sentida nota de agradecimiento y con el sentimiento profundo de felicidad y esperanza que embarga a toda la familia Consuegra Ariza y Consuegra Bolívar, la Universidad Simón Bolívar informa que su Vicerrector Ignacio Consuegra Bolívar se encuentra en buen estado de salud y en libertad.
“Nos sentimos afortunados por el afecto y el acompañamiento recibido por todos los colombianos, barranquilleros y los miembros de la comunidad universitaria, en particular, por la celeridad con la que actuaron las autoridades gubernamentales y policivas, por el apoyo de los medios de comunicación y por sus oraciones y palabras de aliento.
“Hoy contamos con la fortuna de tener a nuestro hermano, Vicerrector, compañero, padre, esposo, hijo en casa, y en medio de la alegría que nos embarga, expresamos nuestra solidaridad con todos los que atraviesan esta misma situación y deseamos su pronto regreso a casa.
“Confiamos en la recuperación de nuestro directivo y compañero de trabajo, un incansable defensor del patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad”.