A esta vereda perteneciente al corregimiento de Córdoba, municipio de Sucre, Sucre, la civilización no ha llegado.
Por: Francisco Figueroa Turcios
En pleno siglo XXI, la vereda San Isidro no cuenta con los servicios de fluido eléctrico y agua potable. No hay puesto de salud. Tampoco tienen carreteras de acceso, por lo que en época invernal queda incomunicado.
Tal vez, Gabriel García Márquez, se inspiró en San Isidro para escribir el mundo mágico de Macondo. San Isidro es una aldea de treinta casas de barro y cañabrava.
Los integrantes de las treinta familias que componen esta vereda padecen el abandono total del gobierno departamental y municipal. San Isidro, no existe para el Estado en sus políticas de inversión.
Las treinta casas están dispersas y la mayoría de ellas están construidas en bahareque. «Desde que existe el programa del Gobierno Nacional de vivienda gratis, los gobernantes de turno nos engañan anunciando que salimos beneficiados, pero al final es pura mentira. Soñamos con tener una vivienda digna», señala Rafael Benavides.
Adría Luz Benavides Rojas, Brayan David Benavides Rojas, Mileidis Zabaleta Benavides, Naideth Zabaleta Centeno, Edwin Quintana Tapia, Anay Quintana Tapias y Arlenis Pérez Martínez son los siete jóvenes que deben levantarse de lunes a viernes a las cuatro de la mañana para iniciar a las cinco el recorrido de los cinco kilómetros que hay de distancia entre la vereda San Isidro y el corregimiento de Córdoba (Municipio de Sucre, Sucre) para estar a las siete de la mañana, cuando comienza la jornada académica.
Las treinta familias que conforman la vereda San Isidro, viven del cultivo del arroz y el maíz. «En época invernal sufrimos mucho, porque la mayoría de las veces el agua arrasa con nuestros cultivos y no tenemos el apoyo del Estado», reflexiona Hermes Tapia.
Y las ironías de la vida, pese a que San Isidro está rodeado de ciénagas los habitantes de esta vereda no se pueden alimentar de pescado.
«Por aquí es difícil vivir de la pesca, hace mucho rato no hay pescado por esta zona», acota Hermes Tapia.
Pese a la adversidad, los habitantes de la vereda San Isidro espera un mejor porvenir gracias a que los jóvenes se superan a través del estudio, pese a que les toca vivir la odisea para ir a la Institución José María Córdoba, en el corregimiento de Córdoba, lejos de su pueblo que al llover se convierte en un fantasma.