Icono del sitio La Cháchara

Ruth Agudelo era esposa, madre y padre

Después de grabar su primer éxito ‘Odio gitano’, su esposo Alci Acosta no paró de viajar todos los fines de semana y duraba hasta meses en el interior del país, Ecuador, Perú, Chile y otros países.

Por Rafael Sarmiento Coley

Doña Ruth Agudelo de Acosta (Q:E:D:), y su esposo el legendario bolerista internacional Alci Acosta, quienes conformaron una feliz pareja durante 60 años de matrimonio.

Ruth Agudelo y Alcibiades Acosta Cervantes se casaron en 1960 cuando ella tenía 19 años y él 22. Ya para entonces nadie lo conocía como Alcibiades, sino como ‘Alci’, el alumno del mejor pianista soledeño del momento, su tío Teudolo Cervantes, y desde entonces, hasta este martes cuando falleció víctima de la pandemia de la Covid-19 a las cuatro de la tarde en una Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Cervantes, Ruth se convirtió en esposa, inspiración y consejera de Alci.

Muy joven comenzó la vida artística de Alci, como pianista de las principales orquestas de Barranquilla, incluida la de su paisano Pacho Galán, el Rey de Merencumbé, hasta cuando el ya desaparecido compositor Cristóbal Sanjuan fue un día a visitarlo para que lo acompañara al piano para ponerle melodías a una decena de boleros que tenía en unos manuscritos amarillentos. Ocurrió que, por más que lo intentaba, Cristóbal nunca lograba el tono de la melodía, entonces, aburrido, le propuso a Alci «inténtalo tú, para ver como sale la cosa». Y empezaron con el tema ‘Odio gitano’.

Checo Acosta, uno de los cantantes estelares del Carnaval de Barranquilla, en un sentido mensaje por las redes sociales expresó su dolor y tristeza por la lamentable pérdida de su progenitora, doña Ruth Agudelo de Acosta.

Debido a que en las actuaciones al piano con diferentes orquestas, por lo general Alci Acosta hacia coros, ahí sentadito en su instrumento, por lo tanto, ayudado por un oído afinado, y una voz educada, le brotó una melodía distinta, arrancherada, aguardientosa, de despecho. Y Cristóbal Sanjuán, que era alto y seco como una vara de premio, brincó de tal manera de la alegría, que la cabeza le llegó al techo. Después de que doña Ruth lo curó con ‘Agua de Patico’, el menticol de la época, y un pocillo de café ‘cerrero’ (sin azúcar), el hasta entonces anónimo compositor recobró el color de su piel, que era pálido, cetrino. Y le preguntó a Alci: ¿»Tú te atreves a grabar un largaduración con los 10 temas que tengo listos?».

«Yo me le mido, si me das un tiempo suficiente para ensayar, y definir el acompañamiento de una percusión suave y, tal vez, hasta una guitarra, que yo llevo la melodía con el piano». Así nació la exitosa carrera musical de «Alci Acosta, su voz y su piano» y su primer trabajo musical para el sello barranquillero Discos Tropical de don Emilio Fortou. El LP lleva el título de uno de los boleros de Cristobal Sanjuan ‘Son recuerdos’. Pero el tema que despegó como una tromba fue ‘Odio gitano’, y meses después, como segundo hit musical del mismo LP, se pegó ‘Telaraña’.

Y desde entonces doña Ruth se convirtió en esposa, gerente de la carrera musical de la nueva estrella de la canción, consejera, principal analistas de los temas seleccionados para grabar, y, más adelante en madre y padre de sus tres hijos Alcibiades Jr. mejor conocido como ‘Checo’ (porque nació ‘mono’ con el pelo colorado como si hubiera nacido en Checoeslovaquia), Yaneth de Jesús (fallecida) y Ruth María.

Desde ese 1965 a doña Ruth Agudelo de Acosta no le faltaron jamás las fuerzas, la alegría y ni el perrenque para llevar el ritmo de la casa, poner orden y, como decían los abuelos de cierta comodidad económica, con una mujer de esa talla «hay siempre luz en la poterna y guardián en la heredad».

Con toda razón Alci Acosta ha dicho que siente que algo ha muerto allá muy dentro de su alma. «Ella era la alegría de mi vida, de mi hogar, de mis hijos y nietos».

Una bailadora incansable

Como buena soledeña, Ruth Agudelo de Acosta era una mujer alegre, de esas que no pueden escuchar un porro o una gaita porque son las primeras que se levantan a coger parejos. No era de las que esperaban a que Alci se le adelantara. Era natural. Nacida y criada en medio de un emporio musical. Con tan buenas agrupaciones como la del inolvidable Maestro Juan Gayaspá, la Cumbia Soledeña del maestro Efraín Mejía, la orquesta de Pacho Galán, el conjunto de José María Peñaranda con el acordeón soledeño de José Miguel Acosta.

Porque eso ha sido Soledad siempre. Cuna de músicos y compositores de la talla de Rafael Campo Miranda, Efraín Orozco Araújo, y en tiempos recientes Eduardo Jinete y su Orquesta, y los formidables cantantes ya fallecidos, Tommy Arraut (el de la ‘Ninfa Morena’, de la autoría de otro soledeño ya fallecido, Bolixander Pacheco ‘Pachequín’), y con la orquesta de otro soledeño }, Adolfo Echeverría, hermano de otro formidable cantante soledeño Gil Echeverria Comas, quien murió en la víspera de irse a Venezuela contratado por una de las mejores orquestas maracuchas del momento. Murió en una madrugada, de regreso a casa en el carro de quien iba a ser su suegro César Pompeyo (director de la Sonora del Caribe, que grabó varios temas exitosos con Daniel Santos), padre de la bella Perla Pompeyo, dueña, además, de una dulce voz y un dominio del escenario.

Todos estos recuerdos salen a flote a partir de un homenaje organizado por el desaparecido Diario del Caribe a mediados de los años 70, en el entonces Club de Tiro y Caza que quedaba en jurisdicción Soledad. Se hizo ese reconocimiento a toda esa pléyade de músicos y compositores que le han dado brillo y prestigio al rico patrimonio artístico soledeño. Y allí estuvo doña Ruth, como ama y señora, la respetable matrona cariñosa y alegre, con un vasto conocimiento sobre la herencia musical de su pueblo natal. Ahora que se ha adelantado en el viaje a la eternidad, este portal hace llegar su voz de condolencia a Alci, el Checo, Ruth María y demás familiares y amigos. Que Dios la tenga en su Santa Gloria. Paz en su tumba.

Salir de la versión móvil