ActualidadArte y Cultura

Rosendo Romero, el personaje del Festival

Autor de 230 canciones, entre ellas las que nunca pasan de moda: ‘Mensaje de Navidad’, ‘Noche sin lucero’, ‘Cadenas’ y ‘Me sobran las palabras.

Por Rafael Sarmiento Coley

El inmenso talento poético y musical de Rosendo Romero Ospino está envasado en 1.62 de estatura y 58 kilos de peso y cuando sale a la calle con su sombrerito villanuevero y su mochila arwuaca se le ve, sin serlo, como un líder indígena lleno de paz espiritual.

Nadie creería que aquel hombre de baja estatura, vestido con ropas sencillas y alpargatas tiene entre pecho y espaldas 230 canciones que son verdaderos poemas musicalizados, entre ellos dos que reposan  como tesoro mundial de la humanidad en el Instituto Smithsoniano de Washington (‘Mi poema’, grabado por Silvio Brito), y ‘Cadenas’ (grabado por Jorge Oñate).

Dentro de esa humildad que acompaña al llamado ‘Poeta de Villanueva’ (nació en dicha población del sur de La Guajira el 14 de junio de 1953, en el hogar formado por el legendario juglar Escolástico Romero y Ana Antonia Ospino, en el famoso barrio ‘El Cafetal’ en donde en cada casa hay una dinastía musical: los Romero, los Zuleta, los Celedón, los Cuadrados (Egidio, Rey Vallenato y acordeonista eterno de Carlos Vives), e Ildefonso Ramírez (compositor de ‘Rosa Jardinera).

De ahí que era inevitable que, naciendo en tierra fértil para el vallenato, difícil escapar a la tentación de ser compositor, cantante, acordeonero, cajero, guacharaquero o, simplemente, ‘ayhombero’. Es decir, el que está en el grupo simplemente para participar fugazmente como la luciérnaga con el grito: “¡Ay hombe, guepajé!”.

La historia de Escolástico

Escolástico Romero fue uno de los primeros acordeoneros de la región, al lado del famoso ‘Chico’ Bolaños. Era hijo de Rosendo Romero Villarreal, primo hermano de Juana Díaz, la madre de otro inmortal juglar, Alejandro Durán Díaz.

Después de recorrer lo que en aquellos tiempos era ‘la provincia’ del Magdalena Grande (de donde se desprendieron La Guajira, y el Cesar), Escolástico echó raíces en Villanueva atraído por el encanto y la alegría de Ana Antonia Ospino. Tuvieron 9 hijos: Rafael (acordeonero y conguero); Norberto (acordeonero); Misal (conguero); Israel (uno de los mejores acordeonistas de América, cofundador del Binomio de oro); Lubis (madre del acordeonista del Binomio Samir Vence Romero); Omaira; Limedes (acordeonero), y Dolbis, la médica de la familia.

Hoy el nombre de Escolástico, el legendario fundador de esta dinastía, se perpetúa en la tarima que lleva su nombre en la plaza principal en donde todos los años se realiza el Festival Cuna de Acordeones.

“Mi infancia transcurrió en una finca que tenía papá en lo más alto de ‘Cerro Pintao’ (que es como una muralla altísima que custodia a Villanueva, y, además, la surte de la mejor cosecha de frutas, una diversidad de bananos, plátanos, malanga, batata, ñame, yuca, granadilla y cotoprix, un mamoncillo muy dulce). Me gustaba estar allá porque, en esa soledad, con ese clima sabroso, me inspiraba tanto componiendo canciones como pintando los muñequitos de los paquitos de moda”.

Fue en esos gratos años infantiles que una noche, a esa corta edad, tuvo que ayudar a bajar de esa empinada montaña a una mujer parturienta. Una parihuela de cañabrava arrastrada por una mula bajaba con la señora a punto de dar a luz. Venía mal de salud. Se quejaba mucho. Hasta cuando su cuerpo no resistió más el tortuoso viaje dando saltos en esa troja rodante. Y murió. De ahí le nació la primera canción de Rosendo, que le abriría paso a la fama. Porque de inmediato su hermano Norberto y Armando Moscote le grabaron ‘La custodia del Edén’; el mismo Norberto con Daniel Celedón le grabaron ‘Compañera mía’ y ‘Giramundo’.

El himno de cada año

En 1980 la casa disquera de Diomedes Díaz y Colacho Mendoza los comprometieron en la búsqueda de una canción de Navidad, que tendría que ser un “tremendo tema que perdure”.

Después de tanto dar vueltas y revueltas, y tras escuchar un centenar de casetes con temas de igual número de compositores, se les presentó Rosendo con ‘Mensaje de Navidad’, que desde 1980 suena apenas despunta noviembre. La canción la grabaron Colacho Mendoza en el acordeón, la voz de Diomedes Díaz y los magníficos coristas Jairo Serrano y Julio Morillo.

“Esa canción es mi ‘vaquita’ que ‘ordeño’ cada fin de año y me da abundante leche (regalías), no solo de Colombia, sino de muchos países, al igual que ‘Mi poema’, ‘El amor es un cultivo’ y ‘Me sobran las palabras’. Me sorprendo de la cantidad de países en donde esos temas son éxitos, no de temporada, si de siempre. Y lo que más me gusta es que son otras ‘vaquitas’ que ordeño cada año”, narra el popular ‘Chendo’ Romero con una sonrisita tímida.

Por esa misma época el Binomio de Oro dirigido por su hermano Israel y por el inolvidable cantante Rafael Orozco, le grabaron otro de los temas que jamás pasan de moda en navidad.

A pesar de todos esos éxitos, para Rosendo hay un tema que lleva atornillado en su corazón: ‘Noche sin lucero’, grabado por Jorge Oñate y el acordeón de Colacho Mendoza.

“Con toda modestia puedo decir que ese tema rompió en dos el estilo de la composición vallenata. Antes era la letra parrandera, mujeriega y creo que un tanto machista. ‘Noche sin lucero’ es una poesía limpia, profunda, con un mensaje muy espiritual”, sostiene Rosendo.

Y cuando muchos pensaban que la musa de Chendo se secaba, soltó un batatazo con el tema ‘La Senaida’ grabada por Armando Hernández, que es éxito en varios países del mundo. Esa es otra ‘vaquita’ que ordeña, feliz de la vida, este hombre sencillo y  buen amigo.

Y lo bueno viene después del Homenaje durante el 52 Festival de la Leyenda Vallenata, en donde será el personaje central: Sacará al mercado musical nacional e internacional un trabajo con 14 temas inéditos, con el acordeón de Ildemaro Bolaño (nieto del legendario Chico Bolaño), alternando con Sara Arango en el acordeón, bajo el liderazgo del propio Rosendo y el exbinomio de Oro, Marcos Bedoya.

En Valledupar vive feliz, tranquilo, en una buena casa propia, al lado de su esposa la tolimense María Ligia Cuéllar Gutiérrez. Tienen tres hijos, Juan David que estudia piano en la Universidad del Norte de Barranquilla, Natalia y Víctor Daniel. Fuera del matrimonio tiene 5 hijos, siendo el mayor de ellos Rosendo Jr

About author

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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