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Ricardo “El Pisinga” Pérez: ahora emprende la batalla contra el alcohol

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hubo un tiempo en que Ricardo Pérez no caminaba solo por las calles de las principales capitales de la Costa Atlántica. Caminaba acompañado por la música, por los aplausos, por las voces de quienes reconocían en su garganta el talento de un hombre nacido en Tolú, Sucre, que había encontrado en el canto una manera de ganarse la vida al lado de Juan Piña y Chico Cervantes.

Hoy, en cambio, sus pasos son otros. Ricardo Pérez, conocido en el mundo musical como “El Piscinga”, deambula por las calles de Sincelejo, lejos de aquellos escenarios donde alguna vez su voz fue protagonista. El hombre que conoció los micrófonos, las luces y el calor de los músicos vive ahora una realidad mucho más dura, marcada por el alcohol, ese enemigo silencioso que terminó apartándolo del mundo artístico cuando atravesaba sus años de gloria.

“El Piscinga” Pérez fue corista de la orquesta La Revelación, de Juan Piña y también alterno con Chico Cervantes. Allí conoció el sabor de los escenarios y la magia de una época en la que la música era también una forma de construir sueños. Pero con el paso de los años, aquellos sueños comenzaron a desvanecerse.

Mea culpa…

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Ricardo Pérez se confiesa con Videos Tolú

El propio Ricardo El Piscinga Pérez lo reconoce que el alcohol fue su pecado capital…

Sin buscar culpables ni esconderse detrás de excusas, El Piscinga Pérez. hizo su propio mea culpa. Reconoció que el alcohol fue el detonante que terminó marcando su alejamiento de la música y que, poco a poco, lo fue llevando por un camino que terminó dejándolo al margen de aquella vida que alguna vez parecía destinada a acompañarlo para siempre.

No hay maquillaje en sus palabras. Hay dolor, pero también conciencia. Porque reconocer que se ha tocado fondo puede ser, paradójicamente, el primer paso para comenzar a levantarse.

Ricardo Pérez ha levantado la mano...

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Ricardo El Piscinga Pérez, ha levantando la mano… Ha levantado la mano para pedir auxilio!!!! Ha dicho que quiere abandonar el alcohol. Que quiere iniciar un proceso para recuperar el control de su vida. Que todavía existe una posibilidad de regresar del lugar oscuro donde terminó su historia musical.

Quizás la música ya no sea aquella de los grandes escenarios. Quizás los aplausos hayan quedado guardados en la memoria de otra época. Pero todavía queda algo mucho más importante: la voluntad de volver a empezar.

La historia de El Piscinga no debería terminar en las calles de Sincelejo. Porque detrás del hombre que hoy muchos pueden ver caminando sin rumbo existe el recuerdo de un cantante que alguna vez hizo parte de una historia musical, que compartió escenarios y que tuvo la oportunidad de vivir aquello que muchos artistas apenas alcanzan a soñar.

Ahora enfrenta otro escenario. Uno sin luces, sin orquestas y sin aplausos. Un escenario en el que el adversario no es otro cantante ni una orquesta rival, sino el alcohol y sus propias heridas. Pero esta vez Ricardo Pèrez no quiere cantar para el público. Quiere cantar para sí mismo. Y tal vez esa sea la canción más difícil de interpretar.

La vida, como la música, también permite cambiar de ritmo. A veces obliga a detenerse, reconocer los errores y comenzar nuevamente. Nunca es tarde cuando todavía existe voluntad. Y Ricardo El Piscinga Pèrez, parece dispuesto a intentarlo.

El Piscinga: la historia de un apodo que nació en el bachillerato…

El apodo de El Piscinga nació mucho antes que Ricardo Pèrez estuviera en los escenarios, de las orquestas y de los aplausos. Nació en el colegio Luis Patròn Rosado, en Tolú, Sucre, cuando Ricardo Pérez todavía era apenas un muchacho que esperaba con ilusión los actos culturales de los viernes.

En aquellas jornadas escolares, Ricardo Pèrez tenía una canción que parecía hecha a su medida: “La Piscinga”. La cantaba una y otra vez ante sus compañeros, hasta que aquella melodía terminó pegándose a su nombre. Sus amigos comenzaron a llamarlo El Piscinga.

Lo que empezó como una ocurrencia de muchachos terminó convirtiéndose en el nombre artístico con el que Ricardo Pèrez sería reconocido años después en el mundo musical. Nadie podía imaginar entonces que aquel apodo nacido entre las paredes de un colegio de Tolú acompañaría al joven cantante durante su paso por los escenarios y las orquestas de la música tropical.

Así nació El Piscinga: no de un empresario, ni de un representante artístico, ni de una estrategia para conquistar al público, sino de la espontaneidad de unos amigos que, viernes tras viernes, lo escuchaban cantar aquella canción que terminó convirtiéndose en su apellido musical.

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