Es el alma de la fiesta en el legendario y guapachoso estadero de Robinson y María Albor.
Por Gerson De Jesús Brugés González– chacharero
«Cuchibarbie», le dicen todos los amigos. Raquel Elena Rodríguez Saltarín es una señora de 70 años de edad, digna representante veterana de las cumbiamberas, es una mujer enamorada y apasionada por el Carnaval de Barranquilla. Entre sus aretes, su sombrero y su pollera colorá se encuentra una señora espontánea, noble y llena de alegría con la cual contagia a todos los que llegan al famoso Rancho Currambero.
Raquel trabajó en los antiguos Almacenes Ley (entonces no se denominaban supermercados, palabra que le sonaba ostentosa al fundador de esta histórica cadena de mercado de grandes superficies, Luis Eduardo Yepes. Su primer almacen fue el de aquí de Barranquilla en la carrera Progreso (41), con Calle Jesús (36). Hoy se llaman Éxito, pero el sello de Luis Eduardo Yepes (Ley), todo el viejo y barranquillero de mediana edad, lo recuerdan). Pues bien. Allí en la famosa esquina del Ley se reunía con un grupo de amigos y realizaban los famosos bailes de Carnaval; para eso realizaban los asaltos todos los sábados, recogían dinero mediante rifas, para reunir y comprar bancas (no existían sillas plásticas). Hacían sopa y picadas para los asistentes.
En esa época, gracias a su entusiasmo, se realizaban los bailes los domingos y martes de Carnaval. El lugar predilecto era en la calle, no existían permisos, las mismas personas se reunían y se encargaban de cerrar las calles. Mi Kiosquito, La Checa, La Piragua, La Lancha y El Salón Burrero fueron espacios que se realizaron durante 40 años para los barranquilleros cuyos recuerdos quedaron grabados en la memoria de Raquel.
El Carnaval de mi pueblo
“Recuerdo que la Batalla de Flores era en el paseo Bolívar”. Entre sus palabras se expresa un sentimiento de alegría y nostalgia al recordar tantos años que solo puede revivir en su memoria. Siente tristeza del Carnaval por la privatización, un vuelco que transformó a las carnestolendas dirigiéndolas a un solo sitio, la Vía 40. Para ella fue un cambio radical porque las calles en las que ella hacía sus eventos ahora lucen desoladas durante el Carnaval. “Parece que no hubiera Carnaval -cuenta Raquel-. Comparsas como los Coyongos, el Gallinazo, el Torito eran los partícipes de la alegría en los barrios donde llegaban, se encargaban de animar a las personas a salir de sus casas. En el momento de girar el desfile hacia la vía 40, en los barrios no se veía ni un disfraz».
Entre tanta soledad del Carnaval de antaño nació un líder, Edgar Blanco, quien propuso a los organizadores del Carnaval que se abriera un espacio para que los grupos folclóricos desfilaran por la carrera 44. Así nació la Batalla de flores de la 44. Gracias a Edgar se abrió un camino para que el pueblo volviera a sentir el Carnaval.
El Rancho y la Cumbiamba son mi hogar
Su edad no le es impedimento para salir en todos los desfiles. “Me toca desfilar en la 44, termino a las cinco y media, de inmediato llego al Rancho hasta las dos o tres de la madrugada, me acuesto duermo unas horas y me levanto, me alisto y vuelvo al ruedo al día siguiente”, dice Raquel.
Hace treinta años nació una gran amistad con Robinson Albor, el creador del Rancho Currambero, junto a su esposa María, quienes han compartido gratos momentos con Raquel. En el año 2000 fue «Reina de la tercera edad del Rancho». Para ella este lugar se ha convertido en el hogar de su alegría, donde año tras año recibe en la puerta a todos los invitados, con una gran sonrisa para contagiar de Carnaval.