El ex boxeador reconoce que está en lo más profundo del infierno de las drogas.
Por Francisco Figueroa Turcios – Editor de deportes
Irónicamente, su centro de operaciones para consumir droga es la parte posterior del edificio donde funciona la Gobernación del Atlántico. Hace un año y medio que lo entrevistamos. Era más recatado para consumirla. Ahora lo hace sin importarle quién lo pueda observar.
Y precisamente el 12 de mayo que salió publicado en el portal www.lachachara.co la primera parte de la crónica «Mañongo» Valdés entre la marihuana y el bazuco, Luis Tapia, director de la Oficina de capital social, se comprometió en ayudarlo a salir de este infierno.
Año y medio después todo quedó en simple promesa. Con la rapidez con que se comprometió, así olvidó el tema. ¿Por qué Tapia hace eso? ¿Por qué esa falta de un principio elemental humano, la bondad? y por último Luis Tapia, en cualquier dios que crea, debe pensar que él no castiga ni con palo ni con rejo; tampoco es cierto que el infierno está en otra parte. El Infierno, señor Tapia está aquí mismo en la tierra y aquí mismo nos toca ir a las pailas de candela de los distintos anillos que describe Dante Alghieri. Pero esa su imaginación. No la realidad.
Manuel «Mañongo» Valdés le siguió los pasos al ex-campeón mundial Antonio Cervantes, el legendario Kid Pambelé. No en las gestas deportivas, sino en el mundo de la drogas. Hizo parte del grupo de boxeadores que en el campo aficionado brillaron con luz propia en el concierto nacional al lado de Eliécer Julio, Simón Mejía y Julio Coronel, defendiendo los colores del Atlántico y que nos entregaron muchas melladas de oro.
Quiero salir de este infierno
Estaba sentado en la banca de la entrada principal del edificio de la Alcaldía vieja, que queda en la parte posterior de la Gobernación del Atlántico. Llegamos en el preciso momento en que se disponía a consumir el primer tabaco de marihuana del día. Eran las 7 y 49 de la mañana. No se inmutó por nuestra presencia. Fumaba plácidamente. Cuando terminó de fumar el primer sorbo me dijo sin tapujos: «Aquí en este tabaco que yo fabrico hay marihuana, bazuco y ladrillo molido». Se siente orgulloso de esa hazaña.
Toma nuevamente el tabaco y se fuma el segundo sorbo. Se mantiene en silencio. A los pocos minutos dice en voz alta: «Quiero salir de este infierno. Muchos me han hecho la misma pregunta: ‘¿quieres que te internemos en un centro de rehabilitación?’, y la respuesta que he dado es la misma: sí. Recuerdo que René Pantoja me hizo esa pregunta. Hasta el mismo Pepe Molina».
Hay que tocar nuevas puertas para ayudar a salir del infierno de la droga a «Mañongo» Valdés, porque la Oficina de capital social de la Gobernación no actuó con sensibilidad frente al caso de este ex-boxeador que no puede salir de las cuerdas donde lo arrinconó el vicio.
En el mundo de la droga
«Mañongo’ Valdés se quedó pensativo un momento. Estaba retrocediendo en la memoria de su vida. Luego comenzó su relato de cómo ingresó al mundo de la droga: ”En el año 1994 en Estados Unidos, en el estadero del ex campeón Mundial Roberto ‘Mano e’ Piedra’ Durán, denominado ‘El bohío’. Fui invitado por unos amigos a una rumba. Nos tomábamos unos tragos. Uno de los que departía en la mesa con nosotros me llamó. Fuimos al baño y allí me ofreció marihuana. Yo estaba a tono con los trago y decidí recibirla para saber qué se sentía. Allí comenzó para mí el infierno, porque hasta hoy no he podido salir de este mundo”.
Manuel se ha convertido en un habitante de la calle en los últimos nueve años y deambula por el sector del Centro porque le queda fácil llegar a la zona de Barlovento. Allí compra la droga de acuerdo a lo que pueda obtener con las personas que lo reconocen y le regalan algo de dinero.
Comenzó con marihuana, ahora la mezcla con bazuco, que es lo peor de los alucinógenos. Por algo lo denominan ‘El campeón’, porque acaba con todos los que lo enfrentan, (como se sabe, el bazuco es el estiércol de las cocinas de la cocaína, es el extracto de la mezcla más dañina para el organismo humano: acetona, ácido sulfúrico, gasolina, cal, ácido clorhídrico, y otras tres o cuatro porquerías). Manuel refleja en sus dientes un color marrón. Los tiene astillados como consecuencia del consumo de la droga. Él espera que ojalá una entidad del Estado asuma su caso, pues al fin y al cabo se trata de un boxeador que en su momento fue brillante y merece la pena salvarlo del infierno de las drogas. Y lo otro sería enfrentarlo para establecer sí de verdad quiere recuperarse. Porque sería una lástima que Luis Tapia lo meta a un centro de tratamiento, y a los tres días esté por las calles pidiendo para el vicio. Ahí sí, como dice con Chelo de Castro, no queda más que darle una limpia con pringamoza a nalga pelada.