Lo queramos ver o no, algo paradójico está sucediendo cada vez con más frecuencia en esta ciudad.
Por: Padre Rafael Castillo Torres
Los cartageneros estamos afanados por satisfacer todas nuestras necesidades excepto la más humana de todas, que es la necesidad de amar y ser amado. Aquí hay mucha gente sola que busca quien se interese por ellas, pero no lo, o la, encuentran. Necesitan amor y amistad pero no aciertan a experimentarlos.
Este déficit de amor se detecta tal vez de manera más trágica y paradójica precisamente allí donde más se habla de “amor”: en la experiencia de la sexualidad. La narración hecha por la periodista Ivis Martínez Pimienta en la sección de FACETAS, de El Universal del domingo anterior, es la evidencia más clara de que estamos viviendo una “inflación sexual” que, al igual que la inflación económica, trae consigo una devaluación y depreciación del mismo sexo.
La raíz más profunda de todo ello está, tal vez, en olvidar que, cuando la sexualidad no encarna ni expresa verdadero amor, deja de ser humana, y no puede satisfacer la necesidad más honda de la persona, que no es obtener placer, sino amar y ser amada. ¿Puede ser esto posible en el triángulo poliamoroso al que FACETAS le dedicó una página completa?
Esta es la razón por la cual se tiende al cambio de ese “objeto sexual”. Un objeto debe ser útil y, si no satisface debidamente, vendrá sustituido por otro mejor. Lo intercambiable y canjeable desembocará necesariamente en la promiscuidad. Se cambia fácilmente de pareja. Se pasa de una experiencia a otra. Y si no satisface ya ni la misma promiscuidad, se llega a la pornografía, que es la búsqueda del placer, sin seleccionar siquiera a una persona concreta como objeto sexual.
No sé qué pretendió la sección de FACETAS con esta publicación. ¿Exaltar más la libertad sexual en Cartagena, superando viejos tabúes? ¿Abanderar las campañas de orientación sexual que se ofrecen a los jóvenes y adultos de Cartagena? Dejo claro que todo esto es una regresión y quien estimula conductas regresivas nada tiene de progresista.
Lo que esta ciudad necesita, incluso para disfrutar del sexo, es aprender a amar. Un científico como Abraham Maslow, más conocido por su Pirámide de Necesidades que por la profundidad de su Psicología humanista dijo: “las personas que no saben amar, no obtienen del sexo la misma calidad de emoción que las que pueden amar”.
El mensaje de amor de Jesús sigue vigente. Sólo el amor vivido responsablemente puede humanizar de raíz el disfrute sano del sexo y limpiar nuestras relaciones de aquello que las degrada.