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Psicología del sufragio: motivaciones inconscientes que influyen en la decisión de votar

Más allá de las ideologías, la psicología política sostiene que las emociones, la historia personal y los rasgos de personalidad influyen de manera decisiva en la forma en que los ciudadanos eligen a sus gobernantes.

Por Roque Herrera Michel, psicólogo

Está comprobado que la forma en que votamos dice mucho de nuestra personalidad y manera de afrontar la realidad y el mundo.

Según los escudriñadores de la conducta humana, el acto de elegir a un gobernante es, en el fondo, un reflejo de nuestra personalidad, nuestros anhelos, nuestros miedos y nuestros valores más profundos.

Así mismo, se considera que el voto es la expresión de la identidad individual, en la que el elector anhela que la visión política que posee se vea reflejada en la sociedad. Es un acto de autoafirmación en el que el votante le dice al mundo: “Este soy yo y esto es lo que valoro”.

¿La decisión de voto es un acto racional o emocional?

Existe un consenso en que muchos votantes no son plenamente objetivos, presentando inconscientemente un sesgo emocional en la percepción de la realidad política y social.

Es visible que la decisión de por quién votar la mayoría de las personas la toman influenciadas en alto grado por factores emocionales, sin sopesar con lógica los pros y los contras de las alternativas existentes.

Esto lo confirma la psicología aplicada a la política, la cual se pregunta insistentemente si acaso votamos racionalmente o más bien movidos por el optimismo, la rabia o los miedos existentes en nuestro interior.

Es por esto que muchas veces se analiza y hasta se pone en duda el peso de la madurez intelectual, emocional y de personalidad de los sufragantes. Cuando votamos sin información, solemos actuar de una manera no adulta y con alto riesgo de equivocación en la decisión tomada. En estas circunstancias es observable la falta de análisis crítico en el sufragante y su voto resulta ser puramente emocional o impulsivo.

Todo lo antes mencionado conlleva consecuencias negativas, tal como lo aseguró en cierta ocasión el reconocido lingüista y politólogo Noam Chomsky al decir que: “Los ciudadanos que no se informan y votan a ciegas están entregando voluntariamente su mente en las manos de otros”.

Motivos inconscientes que llevan a la decisión de por quién votar

Algo importante de agregar es que no solo votamos por aspectos afectivos, sino también, en alto grado, por las vicisitudes de nuestra historia personal y la actitud vital que asumimos, condenando o perdonando estos hechos. En este sentido surgen dos principales motivaciones de votación:

1. Personas que votan para condenar o castigar hechos dolorosos del pasado

Son personas cuya vida está altamente influenciada por el pasado. Suelen votar pensando en los recuerdos negativos de su historia personal o familiar, los cuales no han podido ser superados o perdonados por parte del votante. En este caso se vota aún con la rabia producida por vivencias dolorosas de sus primeros años (niñez o adolescencia) o en su adultez joven.

Estas personas de seguro presenciaron o fueron víctimas de fuertes situaciones de violencia, peligro o muerte de familiares o conocidos muy queridos, las cuales, por su angustiante intensidad, nunca han podido borrar de su memoria. Ellos castigarán toda su vida a quienes causaron su dolor.

2. Personas que votan para superar un pasado difícil

Esta otra tipología de votantes está enfocada hacia el futuro. Su pasado suele estar exento de vivencias de violencia política y, si las experimentaron, logran evolucionar hacia sentimientos de perdón, reparación, reconciliación y reconstrucción del daño vivido.

Suelen ser personas extrovertidas y optimistas. Su interés predominante es buscar soluciones en el presente y el futuro, en vez de revolcarse en los conflictos del pasado y en sus causas.

Tipos de personalidades de los votantes

Para clasificar a los votantes según su personalidad, se han adelantado estudios de la conducta de los sufragantes a partir del “Modelo de los Cinco Grandes” (The Big Five), acuñado oficialmente por el psicólogo norteamericano Lewis Goldberg en 1981.

Este enfoque deja de lado las típicas etiquetas ideológicas (izquierda o derecha) y se enfoca en cómo la estructura mental y los rasgos de personalidad de un individuo moldean su comportamiento, sus miedos, sus expectativas ante el liderazgo y, en última instancia, su voto.

A continuación, se detalla la clasificación de los votantes basada en la mencionada teoría psicológica del “The Big Five”:

1. El votante tradicionalista: Son personas con alto sentido de responsabilidad que valoran el orden, la estructura, la previsibilidad y las normas morales claras. Sienten un rechazo natural hacia el cambio abrupto o la incertidumbre. Su voto suele ser leal y conservador (preservar el statu quo). Buscan líderes que proyecten autoridad, estabilidad, respeto por las instituciones y el pasado. Son muy sensibles a discursos enfocados en la seguridad y la ley.

2. El votante reformador: Alta apertura a la experiencia. Muestran una gran curiosidad intelectual, tolerancia a la ambigüedad, imaginación y gusto por la innovación. Les motivan los conceptos abstractos y la justicia social global. Tienden a apoyar opciones políticas que proponen reformas profundas, agendas multiculturales, políticas medioambientales y derechos civiles de vanguardia. Se aburren o desconfían de los discursos excesivamente tradicionales o rígidos.

3. El votante escéptico/pragmático: Baja amabilidad, crítico, analítico y con alta conciencia. Son individuos racionales, calculadores y un tanto desconfiados. No se dejan llevar por la emotividad de las campañas ni por discursos puramente inspiracionales. Es el típico “votante útil” o transaccional. Evalúa la política bajo una lógica de costo-beneficio: “¿Qué me ofrece este candidato en términos económicos o fiscales concretos?”. Priorizan la apariencia de competencia técnica, la gestión de datos y los resultados medibles por encima de la empatía del líder.

4. El votante conectado/comunitario: Alta amabilidad y extraversión. Personas empáticas, sociables, cooperativas y orientadas al bienestar del grupo. Buscan la armonía social y les afecta profundamente el sufrimiento ajeno o la polarización violenta. Su voto se moviliza a través de la conexión humana. Responden muy bien a líderes carismáticos que demuestran empatía real, cercanía física con las comunidades y discursos de unión o reconciliación. Suelen priorizar las políticas de salud, educación y asistencia social.

5. El votante reactivo/ansioso: Alto neuroticismo (inestabilidad emocional o alta sensibilidad al estrés). Tienen una percepción del entorno como un lugar amenazante, inestable o peligroso. Experimentan niveles más altos de ansiedad ante las crisis económicas, de seguridad o sanitarias. Son los votantes más volátiles y reactivos. Su comportamiento se mueve fuertemente por el miedo o el descontento (“voto castigo”). Son el blanco principal de las campañas de desinformación o del populismo que ofrece soluciones drásticas, ya que son altamente sugestionables. Buscan desesperadamente un líder fuerte que les prometa protección absoluta y calme los miedos y ansiedades producidos por lo que consideran “amenazas externas”, sin importar los datos reales.

Es importante resaltar que ningún votante pertenece al 100 % a una sola categoría, pero la combinación de estos rasgos de personalidad explica por qué un mismo mensaje político puede fascinar a un ciudadano y generar un rechazo inmediato en su vecino, independientemente de la clase social de ambos.

Estrategias políticas usadas para impactar a cada personalidad de votantes

Los estrategas políticos diseñan campañas específicas para activar e impactar a su favor a cada uno de estos perfiles de personalidad:

A. Para el votante tradicionalista

La estrategia está basada en el deber, la ley, el orden y el castigo al infractor. La publicidad se centra en imágenes limpias, banderas, policías uniformados y encuadres simétricos, utilizando palabras clave como: justicia, orden, firmeza, respeto, ley y protección de nuestras familias.

El mensaje principal de la campaña suele ser: “Restauraremos el orden y la ley. Quien cometa un delito pagará por ello. Devolveremos la tranquilidad a nuestros hogares”.

B. Para el votante de apertura (reformador)

La estrategia se enfoca en soluciones inteligentes, reformas estructurales y causas raíz (educación, cultura). La publicidad está llena de colores vivos, música moderna y autóctona, encuentros multiculturales, gráficos de tecnología o entornos comunitarios urbanos.

Palabras clave: innovación, inteligencia, prevención, reforma, futuro y enfoques modernos.

Su lema central es: “Combatiremos el crimen con tecnología de punta e inversión en cultura y educación para los jóvenes. Una ciudad inteligente es una ciudad segura”.

C. Para el votante alto en amabilidad (comunitario)

La campaña política se basa en la restauración del tejido social, la ayuda mutua y la compasión por las víctimas. En cuanto a imágenes usadas en campaña se encuentran tomas del candidato abrazando personas, mesas redondas y luz cálida y natural.

Se usan como lemas las palabras: juntos, comunidad, cuidado, apoyo, reconciliación y bienestar.

El mensaje que transmite es: “Cuidaremos de los nuestros. Recuperaremos los parques para nuestros niños y apoyaremos a las comunidades afectadas para que vuelvan a caminar juntas sin miedo”.

D. Para el votante alto en neuroticismo (reactivo/ansioso)

La estrategia de la campaña política se centra en enfatizar el peligro actual (activar la alerta) y ofrecer de inmediato al candidato como el escudo protector definitivo.

Las imágenes publicitarias predominantes son la iluminación contrastada o sombría, música de tensión que luego se resuelve y planos cerrados.

Palabras utilizadas: peligro, amenaza, protección, inmediato, blindar y defender.

El mensaje transmitido suele ser: “Las calles ya no son seguras y el peligro acecha en cada esquina. No podemos seguir viviendo con miedo. Voy a blindar su ciudad y el país de inmediato”.

En síntesis, en estas campañas electorales el candidato puede mostrar su faceta más “dura y protectora” al votante ansioso, mientras que al mismo tiempo muestra su faceta más “compasiva y social” al votante comunitario.

El peligro, cuando se abusa de esta técnica sin un eje ético, puede fragmentar el debate público, ya que cada grupo termina viviendo en una realidad política completamente diferente.

Colofón

En síntesis, queda demostrado que la forma en que votamos dice mucho más de nuestra personalidad e ideología política de lo que imaginamos.

Una sugerencia principal ante la proximidad de las elecciones actuales es tratar de tomar la decisión de por quién votar de la manera más racional posible, evitando ser influenciados por impulsos o por recuerdos que despierten emociones irracionales que le quitan objetividad al acto democrático de sufragar en las urnas.

Correo del autor: roquehmichel@htmail.com

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