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Profesor Carlos Espinosa, educador por excelencia

Por Ricardo Bustamante

EL ENCUENTRO

Si lo hubiera encontrado en el camino, no lo hubiera reconocido. A él también le sucedería lo mismo conmigo, es más, me lo confesó. Las razones son simples, notorias y lógicas: 20 kilos de peso corporal, restados y sumados durante 48 años que teníamos de no vernos. A él se le evaporaron de su cuerpo, gracias a su férrea voluntad, y a mí se me sumaron por desjuiciado. Otro motivo es que a él lo recuerdo con el cabello abundante de color negro intenso y engominado, echado hacia atrás, y lo que estoy viendo se aleja de mi añoranza: cabellos peinados unos hacia la derecha y otros a la izquierda, divididos por una raya recta. Ahora, camina lento; tengo grabadas las imágenes de sus desplazamientos rápidos y la conocida expresión dura en la cara que transmiten los prefectos de disciplina de todos los planteles educativos del mundo. Bueno, en este caso, es el Colegio San José de Barranquilla, regentado por sacerdotes jesuitas.

Lo llamé por teléfono varias veces. Está reponiéndose de un intenso dolor por la temprana partida hacia la eternidad de una hija. Aceptó mi invitación a tomarnos un café. Le dije que iba a pasar por él a su casa del barrio Olaya a las 3 de la tarde. Llegué y ahí estaba en la puerta de su residencia, acicalado de pies a cabeza y calzando zapatos de cordones Tres Coronas.

Antes de bajarme del carro para recibirlo, pienso que el hecho de estar esperándome en la terraza refleja lo que es él: Disciplinado y caballeroso. Sonrío y pasa por mi mente la frase: ¡Ahí está pintado mi profesor! Salgo del carro para saludarlo con un abrazo y abrirle la puerta del vehículo. La voz es la misma. Lo miro a través del retrovisor interno del carro, sin que él lo note, buscando ver en su humanidad al profesor Carlos Ernesto Espinosa Torres de mi juventud. Sé que está muy contento que un ex alumno se haya acordado de él y quiera verlo. Es parco en su expresión pero por dentro lo siento feliz.

SUS ESTUDIOS Y LABORES

Carlos Espinosa es pedagogo de la Normal de Barranquilla, a sus 85 años recuerda de memoria la lista de nombres de sus compañeros que se graduaron con él. Luego el profesor partió para Bogotá, allí fue docente en él área de Sociales en el Instituto La Salle. Gracias a su amistad entrañable con el profesor Hermes Visbal, este lo invitó a ingresar como educador en el Colegio San José, y luego, por sus méritos los sacerdotes lo designaron como prefecto de disciplina.
Recuerda con cariño a cada uno de sus colegas. Tulio Zuluaga, prefecto de estudios, le ofreció, posteriormente, la gerencia de Casa Británica zonal Barranquilla y estuvo con esa responsabilidad por espacio de 4 años .

El profesor Espinosa estudió Derecho en la Universidad Simon Bolívar y cualquier día se sometió a un concurso de méritos en la Contraloría General de la República y lo ganó. En ese organismo de control se desempeñó en él área de Investigaciones Disciplinarias. Después de años de trabajo obtuvo la pensión y en la actualidad pasa los días leyendo, viendo series de televisión y pendiente a su esposa Enalbis Álvarez, a sus hijas Liliana Patricia y Alexandra Patricia y nietos .

SUS ALUMNOS

Carlos Espinosa resalta el hecho que todos sus alumnos en el Colegio San José fueron académicamente buenos pero enaltece a cuatro de ellos: Armando Luis Caro Castellar, Rodrigo Plata, Jesús Valderruten y Gustavo Bell. Hace énfasis en Caro Castellar: fue, es y será una estrella.

LOS RECUERDOS

Muy grato haber compartido con el Profesor Carlos Espinosa, lo dejo en su casa, espero que camine hasta la puerta de su casa, saca de un bolsillo del pantalón las llaves, abre la puerta y desaparece. Estas imágenes son calcadas a mi recuerdo: hace 48 años vi muchas veces al profesor Espinosa caminando rápido, el gel o brillantina en sus cabellos, en el camino le llama la atención a un alumno que tiene la suela de un zapato pegada a la pared, a otro le dice que ya es hora de visitar a la peluquería. Ahora, está al frente de su oficina ubicada en el tercer piso del colegio, busca la llave y abre la puerta. Una madre de un alumno desaplicado lo espera porque él la ha llamado. Ese es mi profesor.

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