Desde hace tiempo me convertí en partidario apasionado de la causa humana.
Por: Óscar Flórez Támara
La sinonimia trae en sus entrañas posibles definiciones asertivas a la ternura, como delicadeza, sensibilidad, dulzura, agrado, afecto, cariño, amor, terneza, simpatía, bondad. Todo un mundo de propuestas que convergen de manera sencilla y audaz en la desembocadura real y definitiva de un río que entrega sus furias al mar turbulento de la vida. Allí nos hemos plantado como seres humanos que apuntan a valores superiores para lograr alcanzar por lo menos unos instantes de alegría. Y de esos instantes es que alimentamos la posibilidad de seguir luchando por la existencia misma. Pues ¿en qué se convertiría la vida del humano si no contara con los aditivos que la hacen posible para ser bella? Sería una máquina sin sentimientos y sin objetivos claros que la hagan sostenible como mejor posibilidad de mundo real y soñado.
Se equivocan de par en par los que creen que somos ciento por ciento raciocinio y reprimen sus sentimientos porque se sienten disminuidos. Razón tuvo aquél hombre aturdido por la lógica fría y calculada cuando en un acto de extrema liberalidad exclamó: “¡El corazón tiene razones que la razón no entiende!”. Y quién mejor que Cervantes Saavedra que enloqueció el personaje principal del Quijote para demostrarnos que las cosas nobles del hombre no están construidas por quienes consideran que el mundo camina descalzo sin sentimientos y sin sueños. Esos pragmáticos aturdidos de la realidad presente viven gracias a los hombres que han soñado y sentido al ser humano desde la dimensión cósmica de altos sentimientos que le conceden decencia y permanencia a la especie.
Allí se encuentra agazapada la ternura para demostrarle a esa criatura individual y delicada que no está sola y abandonada en este planeta. Que comparte todos sus fríos y calenturas, todas sus fuerzas y debilidades, todos sus triunfos y fracasos; todos sus llantos y sus sonrisas. Sus dolores, esperanzas y desesperanzas no le son ajenos como un sentido de solidaridad sumamente manifestado con el sentimiento de ternura. Ese es el hombre en su más grande sentido de dignidad: comprensivo y tierno, tolerante y tierno, justiciero y tierno, valeroso y tierno, honesto y tierno; amante de la verdad y tierno. Amante de la paz y tierno. El amor entregado como regalo en el más fino papel de la ternura.