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Por infidelidad de mi pareja, vendo el sofá

Soledad Leal se pregunta si las Redes Sociales nos sirven para desahogarnos, o si están reflejando el país real.

Por: Soledad Leal – Chacharera

Entiéndase bien: no es un ataque. Es un desafortunado titular de “El Heraldo” en una nota realizada por una brillante estudiante de comunicación y periodismo de la Autónoma, en la que faltó un ángulo importante: “Quejitis, mal de las redes sociales”.

Creo que es producto de una joven que aún no ha llegado a su máximo nivel de reflexión, porque quizás la presión del tiempo y el espacio no le permiten esas libertades. La entrevista a una psicóloga y las consideraciones en el artículo del pasado 4 de junio, hablan de que la gente se siente más libre de expresarse en las redes Sociales y las han convertido en “válvulas de escape”.  Sin embargo, creo que va más allá, y es mucho más profundo: la gente se queja en las redes constantemente y se indigna «porque no hay otro lugar donde hacerlo».

Es un síntoma alarmante, real y preocupante, que va más allá de la expresión de desahogo. Las redes muestran que son el único camino existente para expresar un creciente malestar social en el que es evidente un país fallido: nadie acude a una institución porque sabe con total certeza que es inútil, que no va a ser escuchado; nadie pone una denuncia porque la justicia es inoperante; nadie cree una palabra dicha por un gobernante o dirigente, ni cree en sus promesas pasadas o presentes; nadie acude a una instancia a reivindicar sus derechos porque ni siquiera los conoce.

Y si es grave un malestar social que carece de canales para tramitar sus profundas quejas y dolores, es aún más grave dilucidar que los medios de comunicación, la prensa, la radio, la televisión, que se supone son los voceros legítimos de una comunidad, de los malestares de una sociedad, no son reconocidos como tal por la misma gente que los consume, y han pasado a ser sencillamente espectáculo, sensacionalismo, entretenimiento y fuente de inagotables ‘memes’.

Tenemos así una sin salida: una sociedad agotada, con profundo malestar que no tiene vías legitimadas para expresarlas y tramitarlas. Oscuro panorama que explica las polarizaciones y las burlas como sublimación de la violencia, que hoy caracteriza a nuestro país: Presidente vs. Expresidente, Fiscal vs. Procurador, Corte vs. Justicia, Congreso vs. Civiles, y Medios – espectáculo que cooptaron todos los anteriores espacios y hoy juzgan, manipulan, negocian, muestran y esconden, y encima entretienen, para falsear la imagen de un país descuadernado.

Creo que sería suficiente decir: la gente se queja en las redes sociales porque es el último resquicio de libertad que existe en este país. La gente se queja en las redes porque no hay otro lugar donde acudir. La gente se queja en las redes porque es la única posibilidad de lograr aunque sea una sanción social. Pero todo ello conduce a una pregunta inevitable: ¿qué pasa cuando toda esta desesperanza, rabia e impotencia, se desbocan? ¿quién regula las redes para que finalmente el remedio no sea peor que la enfermedad y las redes se vayan convirtiendo cada vez más en escenarios del sicariato moral y el linchamiento social? ¿hasta cuándo aguantaremos vivir simultáneamente en dos países distintos: el de los grandes medios masivos que nos venden un simulacro de “gobierno” y “democracia”, y, el de las redes que muestran el verdadero nivel de la violencia social que se padece y se ahonda día a día?

Basta recordar que el desarrollo y las expresiones tecnológicas, lo que vemos en las redes, no es más que el reflejo de lo que construimos y de lo que somos. La tecnología es un producto humano, no somos –hasta ahora- invención de ella.

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