Un miembro de la Guardia Nacional de Venezuela, compañero sentimental, la mató porque no quiso regresar con él. En otro caso en Sucre marido furioso la mata con un destornillador frente a un juzgado.
Por Chachareros sucreños
Ruby Esther Navarro Castro estaba decepcionada de su unión libre con José Luis Pirela, con quien tuvo dos hijos, porque, tal como se lo contó a una de sus compañeras de trabajo como vendedora de una marca de artículos de belleza, “ese tipo, como es de la Guardia Venezolana desde hace 18 años, cree que a todo el mundo tiene que tratar a las patadas, se acostumbran a matones”.
“Ruby Esther estuvo locamente enamorada de él, cuando se conocieron en Venezuela. ¿Sabe una cosa? Ella un día me contó derramando chorros de lágrimas. Ella se enamora de José Luis porque tenía el mismo apellido del cantante de boleros que le daba por donde es. Cada vez que quería pegarse una pea, ponía cuanto disco encontraba de Felipe Pirela. Y, para qué, José Luis se daba un aire a Felipe. Es así de maluco y presumido como era el cantante, a quien mataron en Puerto Rico por andar en negocios de coca”, dice la compañera de la tercera víctima por celos en menos de cuatro días en Sucre.
El uxoricida, de 42 años de edad, fue capturado y puesto a órdenes de las autoridades competentes. Su caso es especial por cuanto se trata de un ciudadano extranjero (venezolano) y miembro de una institución militar de mucha jerarquía en el vecino país. Tuvieron dos niños, que ahora quedan a cargo de sus abuelos. Vivían en el corregimiento Los Córdobas.
Se repite una tragedia cantada
En el municipio de Sucre, en la Mojana sucreña, a Ruby Cárcamo le avisaron que se marchara del pueblo y dejara al amante con quien estaba saliendo. “Porque cada vez que se emborrachaba decía, llorando como un maricón, ´yo sé que Ruby me la hace con un chofer de Ayapel´. Y juraba que se vengaría.
Ayer cumplió el juramento.- Delante del Juzgado Civil Municipal de Sucre la mató enterrándole cuatro veces un destornillador de paleta en la barriga. El tipo era un pobre mecánico que se le conoce con el alias de “Pedro Picapiedra”, porque, según los compañeros de labores en el taller en donde prestaba sus servicios, “era más corroncho que cachaco en playa”. Así se vive la realidad en estos pueblos. En donde la ficción supera a la realidad, como decía Oscar Wilde, a lo que replica el escritor colombiana William Ospina: “lo que sucede es que la realidad está ahí, pero se convierte en paisaje, en dichos comunes, y la gente tiene las cosas delante de sus narices y no las ve. Llega un pintor, un fotógrafo o un escritor de los inmensos kilates de Gabo y muestra en forma diamantina “Crónica de una muerte anunciada”.
Agresión a periodistas
Un reportero gráfico que fue a cubrir uno de los múltiples casos de violencia en distintos sectores de Sincelejo fue agredido, sin justificación alguna, por los familiares de la víctima. El joven reportero gráfico está al servicio del tabloide popular AlDía.
Como lo registramos en estas últimas horas, la joven estudiante de psicología fue ultimada a balazos en Sampués, cuando entró a defender a su padre, que había sido herido en un brazo para atracarlo. Es un vendedor de leche en Sincelejo.
El domingo a las once de la noche, cuando regresaba con su esposo en una moto luego de una amena cena familiar, seis sujetos a bordo de tres motos se les atravesaron en la vía en las goteras de Sincelejo. Arney Acosta Blanco venía de parrillera con su esposo, luego de la cena en Tolú. Cuando salieron al paso los asaltantes, el marido de Arney aceleró la marcha haciendo zigzag para esquivar a los hampones, con tan mala suerte que uno de los desalmados hampones le disparó en dos ocasiones por la espalda a Arney. La mató miserablemente. A una mujer indefensa.
Y en la Avenida Argelia, dos asaltantes en una moto, luego de robar las pertenencias a Alejandro Ricardo Sánchez Erazo, un anciano de 84 años, los miserables lo empujaron y, al caer contra el piso, se dio un fuerte golpe en la cabeza y horas después murió.
Las cosas están tan graves que en la urbanización La Selva amanecieron numerosas casas con el letrero “se vende” luego de que la familia dueña del restaurante ´Las Camelias´ tuvo que marcharse porque no pudieron seguir pagando la extorsión de las llamadas bandas criminales (Bacrim), que operan en Sincelejo como si fuera un territorio propio.