Porque los unos no saben de ventas ni gastos, y los otros no saben el significado de los contenidos y la credibilidad de un medio.
Por Rafael Sarmiento Coley, Director
Excelente plato han servido en estos días los medios de comunicación con la polémica a raíz de que Hollman Morris, periodista de reconocidas capacidades, ahora cuando ejerce un cargo administrativo (gerente) en el Canal capital (estatal), haya roto todos los esquemas y pretenda ser juez y parte.
Durante 44 años de vida periodística he contado con la suerte de trabajar al lado de directores como Álvaro Cepeda Samudio, Francisco Posada De la Peña, Hernando Santos Castillo y Enrique Santos Castillo (en la misma época en que su hijo, el hoy Presidente Juan Manuel Santos Calderón, era subdirector de El Tiempo). E igualmente, para no ser infiel a la realidad, con Eduardo Posada Carbó y con el cascarrabias de Armando Benedetti, con quien peleaba todos los días, hasta que un día le dí dos patadas a su escritorio y me hizo botar. (Historia del pasado. Hoy somos buenos amigos).
De todos ellos, sin duda, de quien más aprendí fue del hoy director consejero de El Heraldo Juan B. Fernández Renowitzky, por la sencilla razón de que durante 20 años fui el editor político de ese diario y en Colombia a lo que más atención prestan los directores de medios es a los temas políticos. Y, además que, por esa cercanía, cuando fue candidato a la Asamblea Nacional Constituyente, me designó como su jefe de prensa para trabajar en llave con su secretario privado, el entonces joven barranquillero Eduardo Fuenmayor Plazas.
Como águilas y búhos
En todos los medios se escuchaba siempre ese ambiente tenso que existe entre redacción y administración. Era como juntar un águila y un búho en una jaula. No hay un gerente que no quiera que el periodista publique un publirreportaje de “un gran amigo que tiene una exitosa empresa”. Pero a su vez, son de lo más tacaños a la hora de dar los viáticos a los periodistas para ir a cubrir las noticias.
El gerente siempre quiere meter las marices en redacción. Es una atracción extraña. Cuando estuve en El Tiempo (10 añitos), escuchaba la anécdota de don Eduardo Santos Montejo director-propietario el diario. Siendo presidente de la República se le presentó un viejo amigo para pedir el favor que autorizara publicar un aviso de media página en sociales. El doctor Santos le dijo: “escuche, querido amigo: el Eduardo Santos que cruza esa puerta y se sienta en esta silla es totalmente distinto al Eduardo Santos que se sienta en la dirección de El Tiempo. Yo no tengo nada qué ver con la parte comercial. Hable con el gerente”.
Los directores siempre han sido celosos de mantener esas líneas inamovibles. Es parte fundamental para que el medio jamás pierda su principal valor, su más importante patrimonio: la credibilidad. Juan B. nos decía: “no se metan en eso del marketing de redacción, ustedes manténganse al margen”.
El día que el gerente, como lamentablemente lo hizo Morris, pretenda vender, cobrar, conseguir clientes, botar y enganchar empleados, y de paso definir contenidos y orientación política, ideológica y económica, se prostituye el oficio. A no ser que sea en un sistema de política y economía centralizadas como en Cuba, en donde en Gramma se dice lo que digan Raúl y Fidel. Y punto.
Tras esta larga introducción –con perdón de los lectores-, a continuación la magnífica columna de un colega a quien aprecio y leo mucho.
Gerentes y Directores*
Por Daniel Coronell
El gerente de un periódico puede despedir al director pero no puede cambiarle la primera página. En otras palabras -en un medio serio- los gerentes son los jefes de los periodistas en lo administrativo pero no en lo editorial. Los gerentes establecen la ruta estratégica de las empresas, manejan el día a día financiero, promueven las ventas, controlan gastos y costos, establecen las reglas de comportamiento interno de los empleados, pero no pueden manejar los contenidos periodísticos que se entregan al público.
En un medio democrático la frontera funcional entre gerente y director, debe ser tan clara como la separación entre Iglesia y Estado.
Ese incumplimiento de unas empresas de medios no releva a las demás de su deber. Los periodistas, a veces al precio de quedarnos desempleados, debemos abogar por el cumplimiento del deber de autonomía.
Ni los departamentos de ventas, ni los políticos cercanos a los compañías de medios, pueden determinar cuáles son las noticias que pueden llegar a la gente, ni cómo deben ser presentadas.
Cualquier intromisión administrativa en las noticias lesiona el derecho de los ciudadanos a recibir información independiente. Es un atentado contra los lectores, televidentes, oyentes o usuarios, más que contra los periodistas.
El gerente es el gerente y el director es el director, sin importar cuál sea la profesión del gerente.
El hecho de que el gerente haya sido periodista en el pasado no lo autoriza para tomar decisiones periodísticas desde la gerencia. Sería como si un médico se convirtiera en gerente de un hospital y pretendiera –por haber sido esa su profesión– determinar cuál es el tratamiento que deben recibir los pacientes atendidos por los médicos que siguen ejerciendo su oficio en la institución. Pasar al área de administración de los medios da unas ventajas pero también impone unas limitaciones y unos deberes nuevos. Quizás el más importante sea el del respeto por la independencia editorial y la autonomía periodística. Hago estas reflexiones para hablar de Hollman Morris.
Lo conozco hace años, he tenido afecto por él y por su familia, tuve el privilegio de ser su director en RCN y me consta lo buen periodista que es. Por esas razones lo he defendido públicamente cuando han querido enlodarlo injustamente y también –con mucha pena– me he atrevido a llamar su atención cuando creo que se ha equivocado.
Una mañana de sábado, hace un poco más de dos años, recibí una llamada de Hollman. Quería contarme que le habían ofrecido la gerencia del Canal Capital y que estaba tentado a aceptarla.
Dentro de las cosas que hablamos, recuerdo haberle dado tres consejos: El primero que tuviera un buen asesor legal porque muchos iban a querer enredarlo. El segundo que tuviera un asesor financiero porque esa no era su especialidad. Y el último –quizás el más importante– que buscara un director de noticias fuerte porque él no iba a ser el director sino el gerente.
La salida del periodista Mauricio Arroyave, director de El Primer Café del Canal Capital, evidenció –tristemente– que Hollman no está respetando la separación entre la administración y el contenido periodístico.
Como gerente, Hollman Morris no debe guiar el rumbo informativo de los programas periodísticos del Canal Capital. Tampoco puede indicar quiénes deben ser los invitados y quiénes tienen vetada la aparición en el canal público.
La explicación de Hollman publicada en La Silla Vacía ratifica que esa necesaria frontera se perdió en el canal de Bogotá. Cuando le preguntaron si sugería invitados y ángulos para el programa, respondió “Ese es un derecho que tiene cualquier director”. El asunto es que Hollman no es el director, sino el gerente. *Tomado de Semana