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¿Para qué sirvió tu voto?

Por Jorge Guebely

Hoy, no sirve para nada bueno, nada humano. “El mismo que te sonríe en la foto, no busca tu opinión; solo tu voto”, afirma “Lírico”, rapero español.

Se equivoca Lincoln, tu voto no es más fuerte que una bala de fusil. El poder, según Mao, reside en el fusil. Lo confirma Israel sobre Palestina, Rusia sobre Ucrania, Estados Unidos sobre Colombia.

Debes saberlo, nuestra democracia, otro paquete chileno, otro placebo político. “Un mal presente / un soñado bien”, parodiando al poeta Quevedo sobre el amor.

Todavía gobierna la fuerza bruta, el chimpancé encorbatado, el primate uniformado. Los gobernantes aún no han superado la bestia, no han dado el salto al ser humano.

No le creas a Lyndon B. Johnson, tu voto no sirve para derribar grandes injusticias. Mas bien créele a Ambrose Bierce, el Gringo Viejo de Carlos Fuentes: “El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”. 

Tu voto solo sirve para lo peor: para multiplicar la subienda de promeseros electorales con promesas cascarones, seductores con discursos secos, mentiras desgastadas. Carretas sobre carretas, en política todo es carreta.

Tú lo sabes: los corruptos no acabarán con la corrupción, ni los delincuentes del Estado combatirán la delincuencia estatal, ni las sanguijuelas del erario cesarán de sanguijuelear el presupuesto nacional. Tampoco los gusanos combatirán la podredumbre de la herida, la usufructuarán.

Con tu voto perpetuas la democracia sin demócratas, la corruptocracia. Democracias de votos ensangrentados, votos hambreados, votos cautivos. Votos de mercaderes, delincuentes del voto.

Votos para elegir funcionarios corruptos, de un Estado corrupto, para una élite corrupta. Para ensanchar la injusticia, la desigualdad, la miseria material y humana, lodazal donde se perpetúa la podredumbre.

Votos corrompidos para convocar una dictadura, de derecha o izquierda, lo mismo da, ambas fascistas. Una corrupción como la nuestra engendró la dictadura venezolana, la salvadoreña, quizás la argentina.

Basta un instante de lucidez, dice Ciorán, para ver la red de lo vulgar… Sentir la fetidez del voto, digo yo, para votar en blanco, para no votar, para vomitar.

Pero el instante lúcido se torna incompatible con estómagos hambreados, cerebros embrutecidos, consciencias empañadas, corazones aterrorizados, frentes señaladas por la punta de un fusil.

Desde una perspectiva democrática, humana, no delincuencial: ¿Cuál de los dos males humilla peor al votante: votar con optimismo por una esperanza siempre fallida o con pesimismo por un fracaso desde ya anunciado?

No sueñes, en la corruptocracia tu voto no sirve para nada bueno. “Si votar sirviera para algo -bueno-, ya estaría prohibido”, afirma lúcidamente Eduardo Galeano.

jguebelyo@gmail.com

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