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Óscar Borrás, un ‘tiburón’ herido de muerte

Por  Francisco Figueroa Turcios

El 22 de mayo de 2008, Barranquilla vivía una verdadera fiesta deportiva: se jugaba en el estadio Metropolitano el súper clásico Junior-Millonarios, dos  archirrivales.

Y las ironías de la vida, esa  fecha se convertiría en  inolvidable para Óscar Borrás, en el  día  más amargo de su vida: el comisario de campo (Lucho Torres) no lo dejó ingresar a la cancha del estadio ‘Roberto Meléndez’ como mascota del Junior. Históricamente había entrado al estadio a animar el ambiente como parte del paisaje futbolero desde cuando inauguraron ese escenario, al igual que lo hacía en el estadio viejo ‘Romelio Martínez’, desde el año 1968.

Fue un golpe duro para ‘El Tiburón’ Borrás, como se le conoce en el ámbito futbolero. Ese momento lo recuerda como si hubiera sido hoy: «cuando escuché las palabras de Lucho Torres (‘Óscar, no puedes ingresar a la cancha. A partir de hoy lo hará el ‘Tiburón Willy’. ¡Hasta la vista baby!), no lo podía creer, pensé al principio que me estaba mamando gallo, como él es un humorista; pensé que era un chiste de mal gusto”.

No. Nada de chistecito. Borrás fue borrado de la lista. “Cuando vi que la vaina era en serio se me salieron las lágrimas, y no me quedó otra que agarrar mi ‘tiburón’ y llevarlo al cuarto donde lo guardaba. Tal sería la decepción, que decidí regresar a mi casa y no ver el partido. Y juré no volver al estadio».

Su esposa Mary, que no sabe nada de fútbol y, según ella, tampoco quiere entenderlo, fue a quien le tocó la dura tarea de hacer el papel de psicóloga para sacar a Óscar de la tremenda depresión que le dio la decisión de no ser más la mascota del Junior.

«Para Oscar el Junior es su pasión, su vida, su amor, yo lo he entendido así y lo he apoyado durante toda la vida que llevamos de estar  casados», añade.

Cuando Óscar se repuso del golpe de la noticia, de no ser más la mascota del Junior, decidió ir al estadio Metropolitano a buscar al ‘Tiburón’ para tenerlo en su casa como una reliquia, testigo mudo de triunfos y derrotas del Junior en el ‘Metro’.

«Cuando llegué a la puerta del estadio, el vigilante se comunicó con el administrador del ‘Metro’ y me envió el mensaje que no lo podía retirar porque no tenía ninguna orden para hacerlo. Volví a ir otro día y la respuesta fue la misma. Decidí dejarlo perder con el dolor de mi alma. Le había cogido mucho cariño, había sido el que me hizo conocer ante la  afición juniorista y del país», apunta Borrás.

Su esposa Mary me comenta que Óscar tiene diabetes y es hipertenso. Para remate, ahora padece de dolores en las piernas como consecuencia de varias caídas de los techos o postes cuando trabajaba en la desaparecida Empresa Municipal de Teléfonos (EDT). Recuerda que él es pensionado de esa empresa. El médico le dijo que tiene los tendones calcificados».

Réplica del ‘Tiburón’

 Óscar Borrás  continúa obsesionado con el ‘Tiburón’ que perdió. En cada conversación familiar o con amigos busca un motivo para nombrarlo.

Desde hace un mes, aprovechando que Óscar se va a la calle por momentos, Mary comenzó a construir una réplica del ‘Tiburón’. “Con mi hijo Jhonny empezamos a hacer uno nuevo para levantar el ánimo de Óscar. Pero se enteró y él mismo tomó las riendas del nuevo ‘Tiburón’. Eso sí, sabe muy bien que no puede utilizarlo como mascota del Junior en el estadio Metropolitano».

Óscar ha sido hermético sobre qué va a hacer con la réplica de la mascota. Mary lo ha dejado tranquilo haciéndola porque esa es su pasión: el Junior.

No se sabe qué le da vueltas en la cabeza de Óscar acerca de lo que hará con esta réplica. Al final confiesa en tono suave para que la mujer no lo escuche: «se lo voy a donar al Museo Romántico”.

Hace una pausa y suelta una risa: “¡qué va!, mi sueño es que el día que yo me muera sea mi compañía en el cementerio”. Así como Alejo Durán pidió que su  pedazo de acordeón estuviera en su ataúd, esa será la voluntad de Borrás. “Se que irá mucha gente a mi sepelio, por dos motivos: por ser un juniorista que he encarnado la mascota del ‘Tiburón’ y por ser actor del Carnaval.

La otra pasión de Óscar Borrás es el Carnaval, obviamente como buen barranquillero. Él es actor de las fiestas del Rey Momo, cada año se disfraza: encarna el personaje de la fundillo loco.

«Nosotros los hacedores del Carnaval tenemos unos códigos y uno de ellos es que cuando se muere uno de los integrantes lo enterramos con música y todos disfrazados».

Todo lo contrario opina Mary sobre el sepelio de Oscar. «No me gusta el gentío. Por eso nunca fui al estadio a acompañarlo. El día que se muera, estoy segura, irá mucha gente a la funeraria y al sepelio, tanto junioristas como la gente del Carnaval. Por mí, no le avisaría a nadie y lo enterraría sólo en compañía de su familia».

Oscar Borrás está encarnando una de las historias macondianas de nuestro Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, donde uno de sus personajes está preparando su propio sepelio. Y como en el mundo de Macondo no se sabe dónde empieza la realidad y dónde la ficción, aquí se nos antoja que puede suceder lo que le ocurrió a Alejo Durán cuando pidió que lo enterraran con su acordeón. De inmediato una de las tantas mujeres con las que tuvo 19 hijos salió a reclamar herencia. Entonces Alejo, con su socarronería de siempre, pidió que le consiguieran un serrucho para dividir el acordeón, que, según él, era su única fortuna. “Yo me llevo los bajos pal cementerio y ella que se lleve los pitos”, dijo Alejo.

Figueroaturcios@yahoo.es

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