Olga Regina Pérez Gómez hace en Corozal “los mejores pasteles del mundo”, decía el Cacique y el marido se puso celoso. La historia de Gustavo.
Por Juan Rincón Vanegas*
Ese mediodía a Corozal, Sucre, lo visitaba el sol que como de costumbre tenía toda su carga puesta. Además, la cita con Olga Regina Pérez Gómez, la mujer que hace los mejores pasteles de arroz con cerdo y pollo de la región no estaba concertada y la visita era para llegar a almorzar en su famoso negocio que a esa hora estaba bien concurrido.
De repente ella apareció vestida de luto, y dio a conocer la causa. Era por dos personas que amaba y que murieron. Su marido Hugo González, y su hijo Diomedes.
“A Diomedes lo quise tanto que me consideraba también su mamá como Elvira Maestre”. Lo dice tan convencida que hace un relato pormenorizado de su vida, de las cartas que le mandaba cuando estuvo preso, de las visitas que le hizo y de lo mucho que le gustaban sus pasteles que le enviaba donde él le dijera, “O sin decirme tenía su buena cantidad de pasteles”.
La primera carta
Esta mujer de 75 años y madre de seis hijos, quien ha vivido desde hace más de 20 años en el barrio Las Flores, lugar donde tiene su negocio ‘Pasteles Olga Piña de Colombia’, comienza diciendo que desde muy joven era seguidora de Diomedes, pero cuando cayó preso, y sin conocerlo personalmente, le mandó la primera carta que tiene fecha del martes enero 21 de 2003.
En uno de los apartes de ese documento que ella guarda con recelo dice: “Aunque es difícil para usted leer de una carta cuando se trata de una persona “desconocida”, para mi es una satisfacción que estas líneas lleguen a sus manos y conozca por medio de este escrito a una amiga o mejor una madre de 63 años de edad, que ha seguido muy de cerca su carrera musical y que sufre cada momento por su condena, pero que con la fe en Dios y la Virgen del Carmen muy pronto saldrás libre de culpa. Acá espero verte llegar y hacer realidad una ilusión de abrazarte y darte un beso hijo querido”.
Estas letras fueron el hilo conductor para que Diomedes Díaz, supiera de Olga Piña y naciera una sincera amistad que se interrumpió por su despedida de la vida.
La ilusión a Olga Piña, que no es su apellido, pero su esposo cuando niño vendía piñas por las calles del pueblo, y ella lo heredó por voluntad popular, se hizo realidad tres años después cuando Diomedes llegó a realizar una presentación a Sincelejo y pasó a conocerla.
“Me hizo llorar con sus palabras”
“A mi me habían dicho que él iba a venir y le guardé un pastel especial. Al llegar me abrazó, me besó y me dio las gracias por quererlo tanto. Me hizo llorar cuando me dijo que era su segunda mamá”.
Se queda pensativa porque el recuerdo la estaba atropellando y en esos casos es mejor dejar que el pensamiento tenga vía libre para que las penas y las alegrías ocupen el más amplio espacio en el corazón.
Después, ya más tranquila relata que Diomedes le regaló un rosario de oro y unas gafas enchapadas en el mismo metal, las que son su gran tesoro, y cuando se enfermaba le mandaba un millón o dos millones de pesos para que fuera al especialista y comprara los medicamentos. “Diomedes me quiso mucho, y yo quiero a su familia como si fuera la mía”.
Entonces, recuerda que dos días antes de morir Diomedes la llamó para decirle que le llevara un hierro con el nombre de ella porque le iba a regalar unas novillas. “Me quedé quieta con eso”. Y cerró el comentario.
Lo que si dijo fue como se enteró del deceso del gran artista. “El 22 de diciembre en horas de la tarde estaba machucando un ajo y ‘El Lachi’, uno de mis empleados me dijo que Diomedes se había muerto. Le reclamé, que eso no se hacía, que no fuera tan vergajo, pero me dijo que viera la televisión. Efectivamente, estaban dando la noticia. Me puse mal, me tocó ir al médico, y la gente seguía dándome el sentido pésame”.
Dos grandes amores
Ella entra en ese relato triste y difícil de superar, pero en ese momento una vecina le dice que dijera que su marido Hugo, la celaba con Diomedes. Al principio no quería contar ese episodio, pero después lo hizo con pelos y señales.
“Era verdad, me decía que por todas partes de la casa tenía fotos y afiches de Diomedes, que a cada rato le mandaba pasteles a Valledupar y a otras partes, que mis conversaciones giraban alrededor de ‘El Cacique de La Junta’, que lo idolatraba, y él estaba un lado y para lo necesario”.
Sonríe y entra en el terreno de la explicación. “Le decía a mi marido quien murió hace tres años, que eran dos amores diferentes y que a Diomedes lo quería como si lo hubiera parido. Ahora, a los dos los visito en sus tumbas, les llevo flores y les rezo mucho. Ellos, significaron mucho para mi y los llevo en mi corazón y mi alma”.
No había lugar para más preguntas porque el sentimiento cubrió todo su ser y solo fue interrumpida cuando uno de sus empleados le llamó la atención para averiguar por un pedido de 50 pasteles.
Consultó en un cuaderno y le dio las respectivas indicaciones. Seguidamente hizo un repaso por su vida que ha estado sazonada de muchas cosas, pero especialmente por ser considerada la segunda mamá de Diomedes Díaz. Debido a eso algunos en el pueblo le dicen a Olga Piña, que debería ser parte de la telenovela que por estos días se emite por un canal de televisión.
Ella ríe e indica: “Con sus recuerdos tengo, y si me llaman estoy a la orden porque cuando se trata de Diomedes Díaz doy hasta la vida”.
Ese hombre sí supo de tristezas
[caption id="attachment_31571" align="alignright" width="374"]Gustavo Gutiérrez Maestre, el famoso ‘Arquitecto de moda’, quien estuvo desde su niñez al lado de Diomedes Díaz, y lo conoció como la palma de su mano, vivió de cerca sus tristezas y sus alegrías que caminaron a su lado como hermanas gemelas.
Cuando se mete en el laberinto donde aparece de frente La Junta, La Guajira, tierra de ambos, casi no sabe porque lado empezar debido a que las historias se le cruzan en su memoria. Entonces, después de meditar, dice que va a anotar en unas hojas todo lo que se acuerde de su paisano, amigo y compadre. Es padrino de Martín Elías.
Lo primero que anota es que su compadre lo bautizó como ‘El arquitecto de moda’ y lo saludó 15 veces en sus discos. Esas menciones las guarda como el mayor tesoro del hombre que para componer solamente necesitaba tener la inspiración de frente y el amor dando vueltas a su alrededor. Ese mismo que cuando niño llegaba a su casa a ver televisión.
“El inicio de Diomedes no fue nada fácil porque era muy pobre, que no es deshonra, pero nunca se daba por vencido. Era terco y hasta que no conseguía su objetivo no se quedaba quieto. Por eso llegó a la cumbre musical, cosa que fue buena para su vida artística, pero no para su vida personal porque siempre estuvo preso en su entorno y no tuvo vida social”, dice al mirar en el lente de la vida de ‘El Cacique de La Junta’.
“Tuvo que luchar mucho para triunfar”
Efectivamente, sacó a relucir todas esas batallas que tuvo que librar, primero como compositor y después como cantante hasta alcanzar los lugares de honor y ser indiscutiblemente el de mayor fanaticada.
“Por cualquier rincón suena una canción interpretada por Diomedes y eso no es gratuito. Se debe primero a su talento, y a los hermanos López, que con su humildad y sinceridad lo acogieron en su conjunto, así fuera como recogedor de cables y después le daban uno que otro chance para cantar”, dice muy convencido Gustavo Gutiérrez Maestre.
Historias de vida
Son tantos los detalles que tiene Gustavo Gutiérrez Maestre que contar de su compadre Diomedes Díaz, que se tomó más de una hora anotando y anotando y al final pide lo deje leer el texto. La grabadora comienza a realizar su oficio y al final este es el relato que dejó en su camino una que otra lágrima y un par de sonrisas. “Ese era Diomedes que hacía llorar y reír sin casi uno darse cuenta”, anota.
1.- “A Diomedes no lo conocí, nos criamos en La Junta, ya que su papá Rafael María, trabajaba en una de las fincas de mi papá Gabriel Gutiérrez Lacouture. A Diomedes le daba mucha alegría cuando llegaba de vacaciones. Yo estudiaba en Bogotá, en la Universidad Javeriana.
En el pueblo, teníamos un conjunto que integraban mi hermano Luis Gabriel Gutiérrez, Martín Maestre, Luis Alfredo Sierra, ‘El Cate’ Martínez y ‘Piyayo’ Hinojosa. Ahí fue donde Diomedes hizo sus pininos como cantante y lo bautizaron como ‘El chivatico’ y así se quedó por mucho tiempo”.
2.- “En esa época en La Junta, no había luz, y mi casa era la única donde había motor de energía. Los niños y jóvenes llegaban a ver televisión. Diomedes se asomaba y veía distintos programas y una vez vio a un actor vestido con chaqueta y pantalón de jean. En una ocasión le pidió a mi hermano que le regalara un vestido de esos, y efectivamente se lo trajo. Un 19 de marzo, fiesta de San José, se lo puso para una parranda y era tanto el calor que le dio la pálida y tocó ayudarlo”.
3.- “Con el gobernador de La Guajira, Jorge Ballesteros Bernier, en el año 1993, conseguí que le dieran a Diomedes el titulo de Bachiller Honoris Causa. Él, al principio no lo quería aceptar y tocó convencerlo de que era un guajiro sobresaliente: De esa manera se logró darle el titulo que se había ganado por su gran gesta cultural y musical”.
La historia con Gabo
4.- “Gabriel García Márquez supo que Diomedes estaba en Cartagena, y en el mismo hotel, y quiso saludarlo. Le mandó un recado para que llegara al comedor y Diomedes no quiso bajar porque Gabo era un soberano personaje. “Yo, qué puedo hablar con él, ese hombre es de una altura intelectual inigualable” fue su argumento”.
[caption id="attachment_31572" align="alignnone" width="682"]5.- Una vez en Bogotá le sugirieron a Diomedes que se fuera para Estados Unidos y desde allá se proyectara internacionalmente. No muy bien le dijeron contestó: “Prefiero presentarme en los pueblos, con mi gente, porque siento el calor de los míos, y allá no es lo mismo”. Ese era Diomedes”.
6.- Diomedes un día me llamó para que le construyera una casa de dos pisos en Carrizal, y de ahí no lo sacó nadie. Se hizo tal como él la quiso. Eso fue una maravilla, la única casa de dos pisos en ese entonces, y todavía están viviendo allá algunos de sus familiares. Diomedes estuvo allá por temporadas”.
7.- Diomedes cuando estuvo detenido en la Escuela de Guardianes del Inpec en Funza, Cundinamarca, no quería la comida de allá porque pensaba que lo iban a envenenar. Solo compraba papas en bolsa y gaseosa. Por eso su amigo, el periodista, Jaime Araújo Cuello, durante el tiempo que estuvo recluido se encargó de llevarle la comida, preferencialmente, arroz con fideo, carne molida y plátano”.
8.- La última vez que vi a mi compadre fue en la finca ‘Las nubes’. Recordamos viejos tiempos, y aclaramos algunas cosas porque ciertas personas nos alejaron de él, especialmente a los que conformamos el famoso Comité de Amigos, que nos encargábamos de organizar en Valledupar los lanzamientos de sus discos y de acompañarlo en todas sus presentaciones”.
Gustavo Gutiérrez Maestre, ‘El arquitecto de moda’, guardó sus hojas, y se quedó con su carga de recuerdos, y exaltando al compadre, al amigo y al artista que vio surgir hasta verlo convertido en inmortal.
Ese mismo que salió de su amada tierra La Junta, La Guajira, y que se enamoró perdidamente de la auténtica música vallenata hasta el punto de exaltarla y venerarla con sus cantos.
Me voy, pero ten presente/ que muy dentro llevo tu imagen grabada./ Eso fue lo que le dije aquel momento antes de partir/ no olvides que el amor cuando es del alma/ aquel que se encuentra lejos, de allá se quiere venir.
@juanrinconv
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