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Obturador uno, una historia de selfies

En este relato, Sergio Sarmiento pone de presente el permanente cruce de miradas y situaciones que a diario inundan con el auge de las cámaras y las redes sociales. Una historia de selfies.

Por Sergio Sarmiento TámaraChacharero

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ObturadorLlega muy tranquila y se agacha en medio de la plaza, junto con las palomas. Si no llevara esos jeans cortos, yo diría que va a orinar; pero no. Sólo se agacha junto a las palomas, fuma con suavidad, mira fijamente hacía donde estamos nosotros. El café está un poco tibio, llevamos rato charlando, fumando cigarros rubios, risas por temas tontos y recuerdos de tragos pasados, quizás los de anoche. Le quito la cámara a Andrea, lleva rato haciéndose selfies, estoy cansado de borrar esas fotos, no me dicen nada. Andrea lucha con un argumento muy estúpido sobre el porqué no debo quitarle mi cámara, lo logro y dirijo el lente hacia la chica y las palomas. Tira una bocanada de humo con un estilo que logro captar.

Ella sigue allí mirando y nosotros aquí en el café. Pienso en una buena cita, una buena oportunidad de sexo, pienso en una rubia sexi como modelo, quizás ponerla en posiciones tentadoras y con disimulo tomarle fotos, usando un espejo de mi mesa de noche, pienso en tantas cosas. Quizás en la futura madre de mis hijos, pienso tantas cosas. Me decido y voy así ella. La plaza queda sola, las palomas extienden sus alas y huyen, ella se levanta y se va tranquila, sin ni siquiera mirarme, sin sentirse amenazada.

Obturador2Llego a casa, cansado de tanta charla y café, con la mente en la plaza y la chica con las palomas, mi cama me alberga, ni siquiera me quito la ropa, tan solo quedo mirando al techo, me siento viejo, cansado. Pienso en el humo saliendo de su boca, en la forma de estar allí agachada en la plaza, junto a las palomas, mirándonos… mirando, ¡eso es! Yo no miraba un paisaje, era ella la que mirada un cuadro urbano. Ella miraba lo banal de nuestra estadía en el café, quizás hasta pensó, mientras le tomaba una foto, que así nos comportamos los humanos, prestos a tomar una foto, una imagen de algo que es más libre que nosotros. Tonto de mí que fui a dañar su momento, que rompí la composición que ella apreciaba. ¿A dónde fuiste?

Quizás más lejos y libre que la imagen de un hombre gordo viendo por la ventana, mientras en la estufa, a fuego lento, se calienta el café. FIN

Basado en las fotografías de Johan Nieuwenburg

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