Los episodios transcurren en el barrio Arriba del río y sus zonas aledañas. Cenagosas, en la urbe incipiente de estrechos callejones de mediados del siglo XIX, en donde todos se reconocían dentro de sus escasos 7 mil habitantes.
Por Adlaí Stevenson Samper – Chacharero
El primer episodio relacionado sobre cómo surge el nombre de Tumbacuatro –actual carrera 35 o carrera Hospital- lo narra el cronista Andrés Revollo: “Se estableció en 1862 en esta ciudad el señor Antonio Sundheim, de nacionalidad alemana, quien tenía un hermoso caballo árabe que solo aceptaba en su lomo a su dueño. Varios sujetos, picados por la fama de indómito que el señor Sundheim le daba a su corcel, entre ellos el señor Cayetano Soto, insigne domador y el general venezolano José Luís Fernández, gran jinete, quisieron probar los resabios del consabido caballo, apostando al señor Sundheim que dominaban al animal”.
Revollo sostiene que “lo que es el callejón que vamos a tratar, era un camino por donde iba el ganado a beber a la ciénaga de La Caimanera. Ese camino fue el acordado para las maniobras de equitación con el potro árabe. Total, de primero tumbó a un tal Silvio Guete, después a Atilano Corcho, luego a Cayetano Soto y, finalmente, a José Luís Fernández. Después de este incidente el caballo fue exhibido en un circo y en varios espectáculos de la ciudad. Al pasar de camino a callejón urbano, la nueva vía donde sucedió el acontecimiento ecuestre tomó el nombre de Tumbacuatro. Más tarde se cambió por el de Hospital por haberse construido contiguo a él, el edificio del hospital de caridad”.
Antes de los sucesos que narra Revollo, el callejón era la vía hacia la ciénaga de la Caimanera. Con este nombre fue llamado hasta 1862, cuando ocurren los sucesos del indómito caballo y sus torpes jinetes, siendo reemplazada su denominación cuando entra en servicio en 1876 el Hospital de Barranquilla levantado por la sociedad masónica Hermanos de la Caridad, siendo su presidente Julián Ponce y bajo los auspicios del médico Eusebio De la Hoz y el sacerdote Carlos Valiente.
La plaza San Mateo y La Caimanera
La plaza San Mateo fue tomada estrepitosamente –por el bullicio de pitos y rugidos de los motores- por la línea de buses intermunicipal con destino a Sabanalarga. Ubicada entre las calles 39 y 40, abarca en su forma de precario bulevar dos manzanas de la carrera 36. Se encuentra ocupada en sus alrededores por vendedores de comida y refrescos asentados bajo la sombra protectora de un enorme árbol de caucho que se yergue victorioso entre el destruido pavimento.
En 1857 se levantó en este mismo sitio, por iniciativa de Abraham Senior, el Cementerio Judío. Fue financiada por la colonia a un costo de $800 en moneda de la época con una dimensión de 600 metros cuadrados. Fue clausurado en el año 1873, donando la congregación israelita los terrenos a Barranquilla promoviéndose allí una plaza pública con el nombre de San Mateo.
Parece, sin embargo, que el terreno estuvo abandonado durante un buen tiempo, pues Leonelo Marthe recuerda en un libro suyo que “Por el año 1911 vivíamos en un edificio conocido con el nombre de San Mateo, el cual quedaba ubicado en la calle del Camposanto, después Caldas y hoy carrera 38, con calle 36, esquina y de niño conocimos el cementerio judío en referencia; recordamos que en compañía de nuestro hermano mayor y de algunos amiguitos, escalábamos las tapias para penetrar en él, y coger las hermosas patillas que allí crecían completamente abandonadas, sin que nadie intentara hacer uso de ellas, eso sí, escondidos de nuestros padres, quienes nos habían prohibido hacerlo porque decían que eran hermosas y dulces porque absorbían la savia de los difuntos”.
La Plaza San Mateo fue escenario de fiestas populares con quema de castillos de fuegos artificiales, bandas de música tronando y de vez en cuando; en un ring improvisado, peleas de boxeo. En los años 40 las huestes gaitanistas partían desde este lugar en marchas nocturnas con antorchas encendidas.
A comienzos del siglo XX, A un costado de la Plaza San Mateo, Abraham Zacarías López- Penha, miembro de la colonia judía, construyó el Salón Universal para presentar allí los primeros clásicos del cine mudo y espectáculos de todo tipo. Era en realidad un terreno cercado con silletería donde se había dispuesto una precaria pantalla con su escenario. Todo al aire libre y a merced de los vientos alisios lo que motiva una protesta “cordial” del diario El Progreso en su edición del 8 de enero de 1913: “…Si los empresarios no pueden gastar 25 reales en una carga de agua para regarla en el piso evitando los polvorines de viento que afectan la visión que ordenen tomarla de la ciénaga de la Caimanera”.
Parece que esta recomendación era frecuente y que el camino expedito era a través del callejón de Tumbacuatro o carrera Hospital. La ciénaga La Caimanera se presenta en algunos planos de la ciudad hasta el año 1936, lo que hace suponer que fue desecada en la década del 40 pues en planos de esa época desaparece. Probablemente fue anulada dentro de los pedidos a través de los periódicos que se hacían a las autoridades para que exterminaran el barrio burdel de Takunga. En el diario El Día, escribe el periodista Serafín Paredes el 10 de octubre de 1918: “Takunga (la ciénaga La Caimanera) expide olores desagradables que se pegan al cuerpo durante varios días”. Tres años después, el 21 de julio de 1921, el mismo diario El Día señala: “Una vez más pedimos a las autoridades extirpar esa llaga gangrenosa que se llama Takunga”.
Lo que queda de Santa Mateo y Tumbacuatro
En igual situación de desconocimiento se encuentran los vecinos de la carrera Hospital, antes Tumbacuatro y Caimanera. En un carro arrastrado por una mula van dos jóvenes. Uno de ellos va encima de la pila de cachivaches fumando marihuana. Ante la pregunta si sabe dónde queda por ventura el callejón Tumbacuatro, señala la cercana zona Cachacal “donde tumban, no a cuatro, sino a veinte sí es el caso, y si usted no va disfrazado de puñal, mejor ni se acerque, my brother”.
Alguien remata que el cambio de nombre a callejón del Hospital es mejor. En cualquier percance el centro sanitario se encuentra a la mano para los problemas del cuerpo en improvisadas ambulancias que se desplazan entre griterías por el estrecho callejón. Lo cual lleva a otros razonamientos similares con los sonidos de la ciudad desde ese punto de Tumbacuatro y antigua ciénaga de La Caimanera: Para los procesos del tráfago de la ciudad, el potente bramido de los buques en el cercano terminal. Y para los asuntos de Dios, San Mateo con su plaza bendita olvidada y la presencia tutelar de las torres de San Roque con sus obras cercanas de redención. Mientras, la ciudad sigue creciendo y olvidando.