Ellos no pidieron venir al mundo, de nosotros depende que sientan que vale la pena quedarse.
Por Mariangela Mercado Salas
Leí hace poco un artículo sobre el suicidio juvenil, se refería especialmente a una línea de ayuda para los jóvenes con pensamientos suicidas creada por una organización Británica sin ánimo de lucro: “childline”, según leí, se quedaron sin capacidad para atender todas las llamadas.
Por aquello de las causalidades, el mismo día me tropecé en FB con la publicación de una jovencita muy simpática, decía lo siguiente: “Nosotros nos queremos morir y ustedes no lo saben, gracias padres”. No pude negarle a mi alma la necesidad de escribir mi concepto sobre el tema.
A pesar de las mil y un batallas que he librado desde muy joven, jamás se me ha cruzado por la mente la idea de acabar con mi vida, todo lo contrario, me he aferrado a ella como náufrago a salvavidas y por eso mismo he podido ganarlas todas.
Es un tema complejo y no soy profesional en el asunto, mis conclusiones las extraigo de mi entorno ya que, por alguna extraña razón, suelo ser oído receptor del desahogo de niños, jóvenes y adultos. A la chica de FB le pregunte las causas de su publicación y después de conversar un poco, accedió a contestarme.
No me sorprende que en un país como Colombia el número de suicidios en niños y jóvenes se haya triplicado de 2011 a 2017, aquí manejamos la “filosofía de la negación”: no aceptar la posibilidad de que los demonios se nos cuelen en la casa y que uno de nuestros hijos pueda llegar a ser sujeto de depresión, autolesiones, ideas suicidas y todos estos desajustes que en nuestros tiempos casi no existían.
Es hora de que nos pellizquemos padres y madres, el capitalismo, el consumismo, la competencia académica y el feminismo extremo, entre otras, ha creado una ola de padres ausentes, esta ausencia genera un abismo infinito entre padres e hijos y como en toda relación en la que alguno se ausenta, terminan desconociéndose los unos a los otros. El desconocimiento conduce a la incomprensión por parte de los padres ¿Cómo comprendes a alguien que no conoces?, la incomprensión conduce al choque y el choque al escape (drogas) o a la depresión junto con sus ideas de suicidio. Sin excluir las enfermedades psiquiátricas, que en algunos casos son la causa y cuya prevención y manejo ya no depende de nosotros. Por otro lado, el nivel de exigencia y expectativa que tenemos sobre ellos, si es muy alto, los induce al estrés y al mismo camino. No les exijamos tanto, no somos una fábrica de profesionales, somos padres de seres humanos.
Detengamos el ritmo para acompañarlos, comprenderlos y darles lo mejor de nosotros mismos, no las sobras. Ellos no pidieron venir al mundo, de nosotros depende que sientan que vale la pena quedarse.